01 dic 2020

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GALARDÓN OFICIAL

Francisco Brines, el último de la generación de los 50, gana el Cervantes

Miembro de la generación de los 50, el poeta es uno de los grandes de las letras en castellano

Elena Hevia

El poeta valenciano Francisco Brines, premio Cervantes 2020

El poeta valenciano Francisco Brines, premio Cervantes 2020 / LEVANTE-EMV

El anuncio del Premio Cervantes al poeta valenciano de expresión castellana Francisco Brines, se ha hecho esperar y en la tardanza muchos querrán ver un cierto desacuerdo respecto al ganador que finalmente ha sido elegido por mayoría. Sea esto así o no. Lo cierto es que el galardón a Brines, 88 años y casi todos sus sentidos mermados, pero con una de las obras poéticas más reconocidas del panorama en español, es un acto de justicia. El jurado del premio, dotado con 125.000 euros  ha destacado “su obra poética que va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico, lo espiritual, hacia una aspiración de belleza e inmortalidad”.

El  nombre de Brines ha sonado insistentemente todos estos años. Por suerte el anuncio ha coincidió con la mejora de salud del autor que hasta hace muy poco permanecía encamado.  Hablar con Brines es complicado porque, delicado de salud, está sordo y apenas ve. Pero eso no le ha impedido alegrarse de la distinción desde su casa de Oliva, una finca rodeada de naranjos, donde se trasladó desde Madrid en los últimos años.

Sucesor natural del gran poeta Luis Cernuda con el que comparte elegancia expresiva, la obsesión por el paso del tiempo y la mirada profunda e íntima.  Brines fue hijo de un comerciante de  cítricos  que no llegó a comprender del todo su vocación, pero que jamás se opuso a ella.  No hubo reproches cuando el autor, después de estudiar en los jesuitas de  Valencia, se trasladó a Deusto, Salamanca y Madrid para cursar Derecho y Filosofía y Letras, decidió no ocuparse del negocio familiar y sí de la creación poética.

Juan Ramón y Cernuda 

La lectura de Juan Ramón Jiménez y más tarde de Cernuda le abrieron los ojos a la poesía. Y al igual que el poeta sevillano, al que siempre admiró, gran parte de la existencia de Brines se desarrolló en las universidades de Oxford y Cambridge donde impartió clases. Cuando en el 2000 entró a formar parte de la Real Academia Española dijo en su discurso de aceptación: “Nadie como Cernuda, en mi experiencia lectora, había sabido incorporar con tanta verdad y completud al hombre que él era en las palabras escritas. Era una experiencia que me conmocionaba y una posible lección de proyección personal en el poema”.

Brines se dio a conocer en 1959 con su poemario ‘Las brasas’ con el que ganó el premio Adonais y pronto se situó como compañero de filas de los grandes de la generación de los 50 como José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y los narradores Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Rafael Sánchez Ferlosio. Hoy, con el permiso de José Manuel Caballero Bonald, es el último superviviente de esa generación y uno de los pocos que no se dejó arrastrar por la poesía política y social del momento.

En 1987 recibió el Premio Nacional de Literatura por su poemario ‘El otoño de las rosas’, uno de sus libros que ha tenido mayor repercusión, en el que se incluye el poema que el ministro José Manuel Rodríguez Uribes leyó al notificar el acta.  En el 99 recibió el Nacional de las Letras por el conjunto de su obra, un año antes había publicado una de sus antologías poéticas. Ya en el siglo XXI recibió el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2010). En el 2019,  el autor impulsó la creación de la Fundación que lleva su nombre, con sede en la masía familiar de Elca, donde instaló su importante biblioteca de 30.000 volúmenes. La fundación prevé otorgar en el futuro dos premios literarios, uno en castellano y otro en catalán.

El ministro también anunció que cuando las condiciones sanitarias lo permitan se celebrarán dos ceremonias distintas ya que el Cervantes a Joan Margarit no se pudo hacer efectivo por culpa de la pandemia.