CULTURA EN APUROS

Las escuelas de danza se manifiestan ante la Generalitat

Unos 500 bailarines y profesores reclaman la reapertura de sus centros con una 'performance' que combinó momentos de silencio con explosiones de movimiento

En un momento de la manifestación, los bailarines mostraron su disconformidad con la Generalitat en la plaza Sant Jaume utilizando sus zapatos de baile.  

En un momento de la manifestación, los bailarines mostraron su disconformidad con la Generalitat en la plaza Sant Jaume utilizando sus zapatos de baile.   / FERRAN NADEU

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Unos 500 bailarines y profesores de danza de diversos estilos -clásica, contemporánea, tango, claqué, urbana...- representantes de las escuelas de danza de Catalunya llenaron esta mañana de lunes la plaza de Sant Jaume para protestar por el cierre decretado por la Generalitat el pasado 30 de octubre. Esta medida destinada a luchar contra la segunda ola del covid-19 también llevó a cerrar gimnasios, teatros y auditorios, entre otros.

La protesta incluyó una combinación de momentos de silencio con explosiones de movimiento y consignas como "la dansa és segura, no la tancarem", "la dansa és educació" y "queremos abrir las escuelas". Saïd Ramos, ganador en el 2019 del concurso televisivo 'Prodigios' fue el encargado de leer el manifiesto de un colectivo que hasta ahora nunca se había mostrado tan unido. Ramos, estudiante de último curso en el Centre de Dansa de Catalunya de Hospitalet ha tenido que quedarse en casa estos días. "Yo no puedo seguir ensayando en el centro y me toca hacerlo desde casa online con el riesgo que supone de lesiones. En cambio, los conservatorios y las escuelas regladas sí pueden abrir. No podemos permitirlo. Todo el mundo tiene derecho a la educación." Las escuelas privadas han estado trabajando con un 30% de alumnos y mascarilla, reclaman a la administración el mismo trato que los centros públicos donde no ha cesado la actividad: la Escola Oriol Martorell, la sección de danza del Institut del Teatre y el Programa d'Alt Rendiment puesto en marcha este año en el Centre Cultural Terrassa. 

Cada uno de los asistentes había acudido con sus zapatos de baile. En un momento de la protesta cada uno cogió sus zapatillas de trabajo. Algunos levantaron los brazos mostrando sus desgastadas zapatillas de punta, otros sus zapatos de flamenco, de tango, de claqué o las zapatillas de deporte como las de las danzas urbanas y empezaron a aplaudir con ellos con fuerza para mostrar la unión y diversidad de su colectivo.  Aunque la mayor parte del tiempo estuvieron sentados en el suelo con distancia de seguridad entre ellos, también hubo algunos que no pudieron evitar levantarse y tras gritar fuerte y claro "¡Déjennos bailar!", arrancarse a bailar. Pronto otros compañeros próximos se unieron a su explosión de energía, una manera sana de canalizar la rabia y la impotencia ante una situación que consideran injusta.

300 escuelas unidas

"Nunca había existido tanta unión entre nosotros. Lo vivido hoy es histórico", decía emocionada y con lágrimas en los ojos Laura Bataller, directora de la Escola de Ballet Olga Roig de Manresa, una de las coordinadoras del acto. La protesta pacífica y performática ha contado con la adhesión de 300 escuelas de toda Catalunya y el apoyo de la Associació de Professionals de la Dansa de Catalunya, entre otros.  "Todos los alumnos que acceden a estudios profesionales de danza en el conservatorio, previamente se forman en escuelas privadas", recordó. Tampoco podrán presentarse a competiciones o audiciones en plena forma si no pueden entrenarse con normalidad, con clases presenciales, algo imposible mientras se mantengan las últimas restricciones decretadas por la Generalitat el pasado día 30 y prorrogadas 15 días más. La formación de los alumnos peligra tanto como la subsistencia del sector. No es lo mismo bailar con espacio adecuado que en casa, bailar sobre un suelo de madera o linóleo que sobre baldosas, con alguien que te corrija la postura 'in situ' que a distancia a través de una pantalla. 

Sandra Renau y Moisés Rojo, directores de los dos centros de La Casa Urbana, en la Plaza Sant Jaume / FERRAN NADEU

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La Casa Urbana, con un centro en Molins de Rei y Balaguer especializados en danzas urbanas, acudieron a la manifestación para reclamar un cambio. "En nuestro centro ha habido cero positivos y en todo el sector menos del 1%. Nosotros, como el resto, nos mantenemos abiertos pese a trabajar con un número de alumnos muy inferior al habitual, solo el 30%. Eso sí, se nos exige pagar los mismos impuestos pese a tener menos ingresos", destacan sus directores, Sandra Renau y Moisés Rojo.  "Nos piden que sigamos pagando cuando no tenemos ni para sobrevivir", critican.

Hace un año, antes de la irrupción de la pandemia, tenían un 40% más de alumnos, también más profesores colaborando. Están desanimados ante la falta de sensibilidad hacia las necesidades de los bailarines, gente que trabaja con su cuerpo y que necesita un entrenamiento constante y en condiciones.  "Nosotros tenemos grupos de competición, a nivel nacional e internacional. Esta cantera, que no está federada porque la danza no funciona como el mundo del deporte, ha tenido que dejar de entrenar".