29 nov 2020

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La partida decisiva

Nevada, el epicentro de la diversión extraterrestre donde se la juegan Trump y Biden

En la imaginación popular, el estado que puede decantar las elecciones es sinónimo de juego, alcohol, espectáculo decadente y teorías de la conspiración

Rafael Tapounet

Partidarios de Trump siguen el recuento electoral desde el Hotel Casino South Point de Las Vegas.

Partidarios de Trump siguen el recuento electoral desde el Hotel Casino South Point de Las Vegas. / DAVID BECKER / EFE

Lo primero que hay que decir sobre el inminente anuncio de los resultados electorales en Nevada que puede dar la llave de la Casa Blanca a Joe Biden es que de un lugar que tiene probablemente la mayor concentración de crupieres del mundo uno hubiera esperado más diligencia a la hora de contar. Puede parecer un cliché y, de hecho, lo es, pero también es una realidad incontestable. El 'Estado Nacido de la Batalla' (Nevada alcanzó su actual estatus durante la Guerra de Secesión gracias a una maniobra de trilero de Abraham Lincoln, que necesitaba más votos favorables a la Unión en la Cámara de Representantes y en el Senado) es desde hace ocho décadas largas sinónimo de juegos de azar. Con todo lo que estos conllevan.

La fama, nacida de la decisión de las autoridades estatales de legalizar el juego en 1931 para paliar las terribles consecuencias económicas de la Gran Depresión, se concentra en Las Vegas, de largo la ciudad más grande y más poblada de Nevada. Un espejismo surgido de la nada en medio del desierto de Mojave que, con sus arquitecturas de fantasía, sus luces de neón y su baja densidad de población configura, especialmente de noche, una suerte de espacio urbano de ficción. La Capital del Entretenimiento Mundial. La Ciudad del Pecado.

El gánster fundador

Suele atribuirse la invención del Las Vegas moderno a la visión de Benjamin Siegelbaum, un gánster neoyorquino tan seductor como despiadado que hizo carrera en el hampa con el nombre de Bugsy Siegel a la sombra del capo judío Meyer Lansky. El megalómano Siegel fue el primero que imaginó la existencia de un oasis para ricos con pocos escrúpulos en aquel páramo del Mojave; un lugar que con su generosa oferta de juego, alcohol, sexo de pago y lujosos espectáculos de las estrellas más cotizadas del momento apelara a los apetitos más básicos del hombre de mundo con dólares en el bolsillo. Su sueño se materializó con la construcción del Hotel Flamingo, así llamado en homenaje a la longitud de las piernas de una novia que Siegel tenía por entonces. La inauguración tuvo lugar el 26 de diciembre de 1946, en medio de una tempestad de proporciones bíblicas. La existencia de Las Vegas era un desafío al orden natural de las cosas que no podía quedar sin castigo.

El Hotel Flamingo fue el lugar elegido por el director Lewis Milestone para rodar en 1960 'La cuadrilla de los once', una película sobre un grupo de amigos que trazan un plan para robar cinco casinos de Las Vegas en una sola noche (si el argumento les suena pero no acaban de encajar las fechas sepan que el título original de la película de Milestone era 'Ocean’s Eleven', como el del 'remake' que Steven Soderbergh dirigió en el 2001 con George Clooney, Brad Pitt y Matt Damon). Los cinco nombres que encabezaban el reparto de 'La cuadrilla de los once' eran Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford y Joey BishopEl Rat Pack al completo. La pandilla de bebedores sobre la que Las Vegas edificó su reputación como la gran meca del espectáculo estadounidense.

Con su carisma imbatible, su camaradería impostada, su desmesurada afición al alcohol y sus conexiones con la alta política y la mafia, los miembros del Rat Pack constituían una rotunda personificación de la esencia de Las Vegas y, desde su cuartel general en el Copa Room del Hotel Sands, se erigieron en los grandes embajadores de la ciudad y en un poderoso polo de atracción para otros grandes nombres de la industria del entretenimiento.

Decadencia lucrativa

A rebufo de Sinatra y compañía fueron llegando a la Ciudad del Pecado estrellas como Jerry Lewis, Perry Como, Elvis Presley (que en 1964 había protagonizado junto a Ann-Margret la notable comedia musical 'Viva Las Vegas'), Tony Bennet, Tom Jones, Cher, Rod Stewart, Céline Dion, el mago David Copperfield y los domadores de tigres Sigfried y Roy, por citar solo a algunas de las muchas figuras que decidieron instalarse en Las Vegas a fin de convertir su decadencia artística en un negocio bien remunerado lejos del fatigoso trajín de las giras.

Mientras todo eso ocurría, otra zona de Nevada generaba su propia mitología e ingresaba por derecho en la cultura pop. Situada a unos 135 kilómetros al nordeste de los casinos del Strip, el Área 51, una extensa base militar creada en 1942 como aeródromo para hacer prácticas de artillería e incursiones de bombardeo, acogía, bajo control de la CIA, pruebas ultrasecretas de nuevos tipos de armamento y otros misteriosos proyectos de investigación. El hermetismo que rodeó desde el principio la actividad de la instalación (cuya existencia no fue reconocida por el Gobierno de EEUU hasta el 2003) no tardó en disparar las teorías más extraordinarias y hoy el Área 51 es un elemento indispensable del folclore que rodea al fenómeno ovni: ahí es donde supuestamente trabajan los Hombres de Negro y donde se le habría practicado la vivisección a ET si Elliott y sus amigos no lo hubieran impedido.

Miedo y asco

Diversión de cartón piedra, exceso báquico, delincuencia de altos vuelos, pruebas nucleares y vida extraterrestre. El escenario que suscita en la imaginación popular el nombre de Nevada es en verdad cualquier cosa menos ordinario. Y nadie ha sabido retratar esa mezcla de estímulos, delirios e imposturas con tanta vividez como el reportero kamikaze Hunter S. Thompson, cuyo fundamental 'Miedo y asco en Las Vegas' (1971), una crónica alucinada y paranoica de la búsqueda del sueño americano en un entorno de pesadilla 'drogota', convierte a los protagonistas de 'Resacón en Las Vegas' (Todd Phillips, 2009) en una pandilla de adolescentes achispados en un Bar Mitzvah.

"Las Vegas es la ciudad más siniestra del mundo para un perdedor", asegura Thompson en un pasaje del libro. Donald Trump, que posee un colosal edificio de hotel y apartamentos con su nombre muy cerca del Strip, puede tener ahora la ocasión de comprobar si en efecto lo es.