30 nov 2020

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ENTREVISTA

Tito Ramoneda: "La música cura, ¡somos la resistencia!"

El presidente de The Project y vicepresidente de la ACP (Asociación de Promotores Musicales) valora la nueva línea de 17,2 millones para la cultura, pero advierte de que es "un parche" que deberá venir acompañado de un "plan de recuperación a medio plazo"

Jordi Bianciotto

Tito Ramoneda, presidente de The Project.

Tito Ramoneda, presidente de The Project. / JORDI OTIX

El Voll-damm Festival de Jazz de Barcelona, organizado por The Project, ha debido suspender actividades durante dos semanas después de sendos conciertos con todo el papel vendido, los de María José Llergo y Sílvia Pérez Cruz con Javier Colina. "Llevo 35 años en este negocio con la ilusión de construir, no de deconstruir", suspira Tito Ramoneda, presidente de la promotora y vicepresidente de la APM (Asociación de Promotores Musicales).

¿Se esperaba este nuevo cierre de la cultura?

Un poco sí, viendo la situación epidemiológica. Se puede entender la medida, aunque es verdad que, con los datos en la mano, la cultura no ha generado rebrotes, y creemos que hace un bien al corazón y al alma. Y no hay nada seguro en esta vida. Tampoco antes de la pandemia.

Hace poco más de un mes, la cultura se declaró un bien esencial en Catalunya, protegiéndola en teoría ante escaladas víricas como la de estos días. ¿Cómo interpreta ahora aquella declaración?

Creo que ha habido una voluntad firme de Cultura en esa línea, que se volvió a demostrar el pasado domingo cuando se aplicó la excepción de cerrar actividades una hora más tarde. Pero imagino que por encima de Cultura están Salut, el Procicat... Han llegado hasta donde han podido. Aunque no es fácil de entender que, mientras, en Madrid, se puedan hacer espectáculos con el 75% de aforo. Pero el hecho de que Cultura nos informara, antes de la rueda de prensa, para que no nos enterásemos del nuevo cierre por la prensa, ya es un gesto. Y hay una buena noticia, la línea nueva de 17,2 millones de euros cada mes para la cultura. Pero esto será para sobrevivir.

¿Confía en que será suficiente?

No es fácil, porque venimos de seis meses de cierres. Es un parche que puede ayudar, pero lo que necesita el sector es un plan de recuperación a medio plazo, porque no podemos pensar que cuando salgamos de esto en seguida tendremos de nuevo aforos del 100% y las salas llenas. La recuperación será paulatina. Hay que pensar en las economías familiares, el ánimo de la gente... Hay personas que necesitan cultura, pero otras que pueden sentir angustia o miedo. Las administraciones, todas, deberán acompañar a la industria y hará falta un plan de salvamento, de choque.  

Fernando Simón sitúa los riesgos en los conciertos más en las colas y los accesos que en el interior de los auditorios.

Ahí es importante la conciencia de cada uno. El respeto a los demás. Es esencial. Esta pandemia la ganaremos si somos responsables y respetuosos con los demás. En una cola en Barts como la del jueves, con la gente manteniendo distancias, al aire libre, y con mascarillas, el contagio es prácticamente insignificante. Otra cosa es el efecto que produce el cierre a nivel de imagen.

Reforzar el mensaje de que esto va en serio.

Pero al mismo tiempo se pone a centenares de personas en un AVE.

Se puede alegar que ahí sí hay un carácter esencial.

Hay un debate ahí. Pero debemos considerar otros aspectos: el bienestar, la emoción, la actitud positiva que transmite un concierto. Hay estudios científicos que relacionan el estado de ánimo con el sistema inmunológico y el metabolismo.

Ahora que las depresiones van en aumento...

La tristeza repercute en un metabolismo más débil. Una sociedad que consume cultura es más próspera, rica, tolerante, evolucionada, consciente... Entiendo que la declaración de bien esencial es por eso, no tanto porque haya unas empresas a proteger, que también.

En junio se abrió la música en directo, y en septiembre se pasó del 50% al 70% de aforo. Ahora tenemos esta marcha atrás. ¿Qué cree que ocurrirá más allá de estas dos semanas? 

Por prudencia, nosotros con el Festival de Jazz de Barcelona estamos trabajando en la reubicación de las fechas a partir de diciembre, enero, febrero... Más allá de estas dos semanas. Es probable que la semana que viene anunciemos nuevas fechas para conciertos de los siguientes quince días. Para que la gente esté tranquila, y porque, en estos momentos, ¿quién compra una entrada? Hasta ahora se han ido vendiendo: el fin de semana pasado, el festival aún vendió 400 entradas y pico, y el lunes, casi 200, aun con las nuevas restricciones anunciadas. Pero ahora es más prudente retrasar fechas y no pretender forzar a la gente a acudir a un concierto en la segunda quincena de noviembre.

El público es naturalmente receptivo a los mensajes desmovilizadores, al “quédense en casa”, pero, al mismo tiempo, ¿hay asistentes militantes?

Nosotros lanzamos el mensaje de que este año hay más razones que nunca de ir al festival, porque la cultura cura y porque se lo merece. No imponemos militancia, ¡somos la resistencia! La militancia la practica la propia gente, que no quiere que le extirpen la música de sus vidas. 

¿Ve un horizonte de remontada?

Cultura ha pactado con Sanidad que cuando el índice de contagio sea de 0,9, podremos volver al escenario en el que estábamos hasta este viernes. ¿Cuándo será? No lo sabemos ¿Cuándo podremos hacer conciertos con el público de pie? Es la gran incógnita. Si me preguntas si el año que viene veremos festivales masivos como en el 2019, lo veo complicado. Porque hay también una dependencia de los artistas internacionales, de los estadounidenses en particular. ¿Estará un artista dispuesto a arriesgarse y a preparar una gira, con su escenografía, sus ensayos...? ¿Y qué aseguradora lo cubre?

¿Y un Palau Sant Jordi con un artista de aquí?

Me consta que el Sant Jordi está trabajando para obtener una licencia que le permita poder trabajar con unos porcentajes de ocupación más altos que los actuales. Un Sant Jordi con mil personas es inviable. Pero, ¿podemos verlo con 7.000 u 8.000 la primavera que viene? Yo confío en que sí. Incluso antes, porque al 50% de capacidad, si es un equipamiento grande, donde se puede ordenar el acceso por franjas horarias, incluso haciendo tests rápidos si es que son efectivos... Otra cosa es si la gente responderá y asistirá masivamente a conciertos.

La prueba del test rápido en Apolo se ha aplazado hasta nuevo aviso. ¿Ve un camino ahí?

Es complicado, pero hay que trabajarlo. Una cosa es test para 800 personas y otra para 18.000 en un Sant Jordi. En logística, en coste... Los científicos saben más que nosotros y están trabajando. Nosotros tenemos a Estopa en mayo el Parc del Fòrum y llevamos 8.000 o 9.000 entradas vendidas. ¿Podremos hacerlo? No lo sé. Tengo esperanza de que podamos. Confío en la comunidad científica. No tanto en que tengamos la vacuna a tan corto plazo, sino en tratamientos que consigan que este virus tan agresivo y letal pase a ser dominable.

Antes del virus vivíamos a mayor velocidad. Esta ralentización, ¿le ha servido para tomar distancia y ver hacia dónde va la música en directo más allá del covid-19?

Sí, la experiencia del concierto en vivo es insustituible, pero veo que las tecnologías avanzan de forma exponencial y la digitalización puede complementar el directo. Siempre que sea de pago, y con una puesta en escena potente, donde la gente pueda interactuar. Podremos comprar un palco virtual con cuatro amigos y ver el concierto moviéndonos en el mismo espacio, y de ahí a la realidad virtual. ¿Es lo mismo que el directo? No. Al menos, para nuestras generaciones. Pero estos meses ha habido experiencias muy fuertes: BTS, recaudando 20 millones de dólares con un solo concierto. Pero, ¿quién dominará esto? Las plataformas tecnológicas. ¿Quedará fuera el promotor de conciertos? Creo que sí.

Pues vaya.

Estoy haciendo ciencia ficción, porque debemos defender la música en directo tal y como la hemos vivido y sentido. Y experimentar la música y la puesta en escena con la vibración que nos llega a través del aire. En eso estamos.