01 dic 2020

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CRÍTICA DE DANZA

Bailarines ante el confinamiento, un infierno más ardiente

El Ballet de Barcelona estrena en el Versus 'AturRa', una pieza sobre cómo el primer parón por la pandemia afectó a sus intérpretes

Valèria Gaillard

Anibal CAballero y Giuliana Restivo, en ’Atura’.

Anibal CAballero y Giuliana Restivo, en ’Atura’.

Casi por los pelos el Ballet de Barcelona pudo presentar el pasado miércoles en la Sala Versus Glòries su cuarta producción 'AtuRA', de Carlos Renedo, hoy más que nunca -y tristemente- de plena actualidad. La pieza trata de cómo el confinamiento ha afectado a los bailarines a través de tres casos y recuerda que, si bien el encierro ha sido un infierno para todos, para los bailarines -artistas que exploran el espacio con su cuerpo- ese infierno ha resultado aún más ardiente. Como pájaros encerrados en una jaula, los bailarines han continuado trabajando su cuerpo en balcones y terrazas, adaptando tablas de planchar y sillas como barras improvisadas. Ante ellos, no sólo el abismo de
la pérdida de musculatura y elasticidad, sino -peor aún- el temor a una lesión, la incertidumbre ante un futuro con los teatros cerrados. ¿Quién les da respuesta?, es la frase que resuena entre las paredes del escenario.

El argentino Anibal Caballero, la catalana Estela Coll y la italiana Giuliana Restivo ponen rostro a este grito y abren su corazón al público, les exponen sus recorridos, sus esperanzas y sueños, sus miedos que -hoy- son de nuevo muy reales. En común tienen un profundo anhelo de danza, "yo no podría hacer otra cosa que bailar", dice Caballero. Los solos alternan fragmentos de pasajes del gran repertorio clásico que han bailado -'El corsario' para Caballero o la danza china de 'El Cascanueces' en el caso de Restivo-, con una coreografía del sufrimiento más auténtica, al otro lado de la máscara. Su expresión se metamorfosea por momentos, ahora brillante, ahora angustiada.

Deconstrucción de 'Giselle'

En una segunda parte, los intérpretes siguen indagando su relación con la danza, la solidaridad y la lucha. Una de las piezas más impactantes es el dúo que enfrenta a las dos bailarinas, que emanan rabia y nervio. De filo cortante e implacable al más puro estilo Forsythe, los movimientos son definitivos, inapelables. O bien el trio final, una deconstrucción de 'Giselle' en la que los tres cuerpos evolucionan y se entremezclan, sucumben y se alzan en una coreografía de aires duatianos interpretada con talento y precisión. 

A pesar de su juventud y la falta de apoyo institucional, el Ballet de Barcelona, dirigido por Chase Johnsey, Carlos Renedo y Carolina Masjuan, no tira la toalla y esto es un gran mérito que cabe aplaudir. Con esta producción ya tenían la prórroga firmada en el Versus para noviembre, y este domingo 1 de noviembre presentaban en Vilafranca 'Mixed Bill'. Parece que, de nuevo, se tendrá que posponer.