ENTREVISTA

Desirée de Fez: "El chiquipark es un lugar terrorífico"

La periodista y crítica de cine repasa en 'Reina del grito' la ambivalente relación entre sus profundos miedos cotidianos y las películas de terror

Desirée de Fez, en su salsa en la sección de terror de la tienda de cine El Setanta-Nou, de Barcelona

Desirée de Fez, en su salsa en la sección de terror de la tienda de cine El Setanta-Nou, de Barcelona / FERRAN NADEU

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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En la película de David Cronenberg 'Cromosoma 3' ('The Brood', 1979), Oliver Reed interpreta a un psiquiatra que desarrolla un dudoso método terapéutico llamado psicoplasma para transformar los traumas y los miedos de los pacientes en mutaciones corporales. La periodista y crítica de cine Desirée de Fez (Barcelona, 1977), voz de absoluta referencia en el muy masculino ámbito del cine fantástico y de terror y columnista de EL PERIÓDICO, también ha buscado la manera de otorgar a sus miedos una existencia material, pero ha hallado un modo bastante más razonable de hacerlo al darles forma de libro. El resultado es 'Reina del grito' (Blackie Books), un recorrido por algunos de los temores más arraigados de la autora, muchos de ellos inseparables de su condición de mujer y madre, que establece un revelador juego de espejos con una veintena de películas clave del género. Un viaje al corazón de los horrores cotidianos que De Fez emprende manteniendo un equilibrio bastante prodigioso entre la confesión lacerante, el análisis perspicaz y la anécdota tronchante.

En su primer día en el instituto hizo un esquema con el orden en el que morirían sus nuevos compañeros si se colaba un psicópata asesino en el edificio.

(Ríe) Ya, ¿qué clase de persona enferma hace eso? Bueno, era una cuestión de supervivencia. Para mí el colegio fue bastante duro: era una niña con sobrepeso, muy insegura, muy protegida por mi familia, y arrastraba un miedo grande a no ser aceptada, a no adaptarme. Así que desarrollé ese tipo de estrategias. "Como he visto muchos 'slashers', sé cuáles son los perfiles a los que me tengo que agarrar para hacer que esto funcione". Y me hacía mi lista.

El libro aborda temas muy complejos, incluso dolorosos, pero está lleno de episodios hilarantes como ese.

Yo soy muy autocrítica y tengo tendencia a castigarme, a veces con una dureza que no me merezco, y mi forma de escapar a eso es a través del humor. Me pareció necesario introducir en el libro ese elemento de contraste. Es posible acercarte a tus miedos desde la risa. Y, al final, de lo que hablo es de mi vida, y mi vida está llena de situaciones absurdas. Todas las mujeres de mi familia somos un poco Chus Lampreave: ante los grandes conflictos, las soluciones más zumbadas.

Como desconectar el teléfono para que no llamen del videoclub reclamando la devolución de una película que se ha quedado atascada en el reproductor.

¡Lo desconectamos de la pared! En aquel tiempo corría la leyenda urbana de que las cintas costaban 500.000 pesetas. ¿Qué íbamos a hacer?

"Hemos pasado del conjunto de rituales casi mágicos asociados al videoclub al visionado de series escogidas al azar en una plataforma"

Pertenece a una generación que llegó al cine a través del vídeo doméstico.

Totalmente. A mí me gusta mucho una cosa del libro, que quizá pasa un poco desapercibida, que es cómo ese conjunto de rituales casi mágicos asociados al alquiler de una película en el videoclub se va empobreciendo hasta acabar con el visionado de un capítulo de una serie elegida al azar en una plataforma. Me interesa mucho incluir ese arco, que ha marcado mi relación con el cine; reflejar cómo se ha perdido toda esa magia.

Esas cintas paternas de VHS con la etiqueta de 'No Tocar'…

(Ríe) ¡Era un llamamiento irresistible! Como cuando te decían que te fueras a dormir porque la peli era de mayores. ¿Qué hacías? Pues te quedabas a cotillear desde el pasillo. Además, en mi casa, las películas con la etiqueta de 'No Tocar' estaban detrás de las botellas de Baileys y licor de manzana. O sea, un planazo.

En esos años, la persona que le hace de guía en el mundo de las películas es su primo Ángel.

Angelito, sí. No sé si le va a gustar su aparición en el libro, aunque todo el mundo me dice que es el mejor personaje. Es la persona a quien yo debo mi amor por el cine. Pero, además, a la hora de escribir esto me servía mucho, porque en él ya está la semilla de algo que me voy a encontrar en los años posteriores, que es que mis modelos, la gente que me rodea, van a ser hombres, hasta que llega un momento de cuestionamiento. Él es el primero que me dice que si no me ha gustado una película es porque no la he entendido, y eso es algo que voy a tener que escuchar luego muchas veces.

"Veía que el del cine de terror era un entorno muy masculino, pero no sería honesta si dijera que ya entonces era consciente de que algo fallaba"

Una chica en un mundo abrumadoramente masculino como el del cine de terror. ¿Era consciente de la anomalía?

Veía que era un entorno muy masculino y detectaba cosas que no acababa de entender, sobre todo a la hora de valorar algunas películas que generaban quórum entre mis colegas y en las que yo veía elementos que no me cuadraban, como el modo de representar la violencia ejercida sobre las mujeres. Pero sería deshonesta si dijera que entonces ya sabía que algo fallaba. Yo me dejaba llevar, por inercia o por miedo a llevar la contraria sin saber si tenía las herramientas necesarias para discutir según qué cosas. Me he vuelto mucho más consciente en los últimos 10 años y creo que eso tiene que ver con un cambio de coyuntura, con la aparición del #MeToo, los nuevos feminismos… Y, claro, con la llegada de una nueva generación de directoras que empiezan a hacer cine de terror.

Y que lo hacen desde unos postulados que cuestionan, o desafían, a un sector de los fans tradicionales del género.

Exacto. Yo entiendo que haya un perfil de fan del cine de terror que defienda un cine de género puro y duro, sin coartadas. Pero en los últimos años se está extendiendo ese sambenito de que películas como 'Babadook' [Jennifer Kent, 2014], 'La invitación' [Karyn Kusama, 2015] o 'Relic' [Natalie Erika James, 2020], dirigidas por mujeres, son dramas que utilizan elementos de cine de terror y son menos válidas por eso. También 'La semilla del diablo' [Roman Polanski, 1968], 'El exorcista' [William Friedkin, 1973] o 'Amenaza en la sombra' [Nicolas Roeg, 1973] juegan a lo metafórico de una forma brutal y tienen una gran carga emocional detrás y han pasado a la historia como clásicos del cine de terror. Son películas que apelan a miedos muy profundos y muy personales. La muerte de mi padre, por ejemplo, es 'Amenaza en la sombra'. El dolor que yo sentí, que aún siento, es el que transmite esa película. A mí me resulta difícil explicarlo pero puedo decir: "Mira 'Amenaza en la sombra', porque eso es lo que yo sentí".

Esa irrupción de nuevas voces femeninas en el cine de terror, ¿ha cambiado su manera de relacionarse con el género?

Sí, sí, para mí ha sido importantísima, y 'Reina del grito' es producto de todo eso. El libro empieza siendo un canon muy masculino, hablando de películas dirigidas por hombres (aunque casi siempre con unas protagonistas femeninas brutales) y acaba destacando el trabajo de estas mujeres [Jennifer Kent, Karyn Kusama, Alice Lowe, Ana Lily Amirpour, Claire Denis, Ana Biller…] no porque sean mujeres sino porque me doy cuenta de que yo viajo en paralelo a ellas. Las suyas son películas contadas desde la experiencia, desde lo que han vivido. Y ver que hay otras mujeres que cuentan lo que les pasa de una forma tan honesta me anima a mí también a contar mi historia.

"Ver que otras mujeres han utilizado el cine de terror para contar lo que les pasa me ha animado a contar mi historia"

¿El miedo es el eje central de su historia?

Es una parte muy importante. El miedo ha sido una constante en mi vida. A veces me ha paralizado, he dejado de hacer cosas por miedo, y me ha hecho sufrir mucho. Yo, por ejemplo, cuando tengo que hacer un viaje, aunque sea a Zaragoza, me paso el día antes con una angustia terrible. Tener miedo a la muerte o a la oscuridad es normal, pero tener miedo a llegar al hotel y que no funcione la llave de la habitación…

O miedo a las fiestas de cumpleaños infantiles.

Buf, es que el chiquipark es un lugar terrorífico. Ahí sí he pasado miedo. En el libro lo he rebajado un poco, pero yo he llegado a pasar tres noches sin dormir antes de un cumpleaños infantil. En el chiquipark se me disparan todos los miedos respecto a mis hijos: a que se caigan y se hagan daño, a perderlos de vista, a que los rapten… Y al mismo tiempo ves a la mayoría de padres que están ahí tranquilos mientras tú estás haciendo el numerazo. Lo paso mal de verdad.

"Soy una mujer miedosa que se dedica profesionalmente al terror. El terror puede ser un refugio contra el miedo"

Y, sin embargo, para publicar un libro confesional como este hace falta una valentía considerable.

Para mí ha sido como una necesidad. Los últimos años de mi vida han sido muy complicados, porque me han pasado cosas muy buenas, como la maternidad, pero también cosas muy duras, y todo ello ha potenciado una serie de nuevos miedos relacionados con la edad, con hacerse mayor. Sentía que o convertía todo eso en algo creativo y lo compartía o lo acababa proyectando contra mí. Y pensé que una forma útil de compartir estos miedos era hablar de cómo el cine de terror me ha dado instrumentos para entenderlos y manejarlos. Me parecía una idea bonita decir que soy una mujer miedosa que lleva toda la vida dedicándose profesionalmente al terror y explicar que el terror puede ser un refugio contra el miedo.

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Una vez publicado el libro, ¿diría que el exorcismo ha funcionado?

De entrada ha sido bastante liberador. Yo tengo tendencia a obsesionarme con la recepción de las cosas que escribo y creo que esta vez he conseguido romper eso. Seguramente a los críticos rigurosos esto no les va a gustar, porque se escapa del acercamiento analítico convencional, pero tampoco importa mucho. Yo quiero que este libro lo lea mi madre y vea que la comprendo, que sé que si no me explicó determinadas cosas es porque no tenía las herramientas para hacerlo. Y también me gustaría que lo leyeran chicas más jóvenes y entendieran que, pese al momento de confusión brutal que les ha tocado vivir, el camino que están tomando es el correcto. Y en cuanto a mí, el libro me ha servido, si no para tener menos miedos, sí para saber relativizarlos. Así que podría decir que ha cumplido su función. Hay miedos que me van a acompañar siempre, pero ahora sé que tener miedo no me hace una persona débil.