30 oct 2020

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crítica

'Vitalina Varela': belleza en la penumbra

El director Pedro Costa ofrece un nuevo jalón de su estilo de ficción dramático-documental en el que se habla de la tristeza de la migración, de la inadaptación y de la desigualdad

Quim Casas

Estrenos de la semana. Tráiler de ’Vitalina Varela’.

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Vitalina Varela ★★★★

Dirección: Pedro Costa

Reparto: Vitalina Varela, Ventura, Manuel Tavares Almeida, Francisco Brito, Nilsa Fortes, Marina Alves Domingues

País: Portugal

Duración: 124 minutos

Año: 2019

Género: Drama

Estreno: 16 de octubre del 2020 

En ‘Juventud en marcha’, realizada en el 2006, el cineasta portugués Pedro Costa capturó el día a día de Ventura, un obrero procedente de Cabo Verde que se había instalado en el extrarradio de Lisboa. Ocho años después, en ‘Caballo dinero’, Costa regresó a Ventura y al barrio lisboeta de Fontainhas, su territorio particular, su escenario cinematográfico más preciso. Y ahora, con ‘Vitalina Varela’, el director ofrece un nuevo jalón de su estilo de ficción dramático-documental encontrando una vez más a Ventura y recuperando a la coprotagonista femenina del anterior filme, a la que además le ofrece el título de la película.

Vitalina Varela y Ventura se interpretan a sí mismos, o al menos eso se desprende de los nombres, aunque el trabajo de Costa está más cerca del neorrealismo italiano puro, el de ‘Ladrón de bicicletas’, que empleaba no actores para que encarnaran personajes de ficción. Vitalina realiza el mismo viaje que hizo Ventura hace una década y media, llegando de Cabo Verde a Lisboa. Lo realiza pocos días después de la muerte de su esposo. Nadie la espera, casi todos la rechazan: no tiene nada que hacer en la tierra que ya no es su tierra.

Lo que sigue son dos horas de ritmo sosegado y atención a todo lo verdaderamente relevante que pueda acontecer dentro del encuadre. Dos horas en las que se habla de la tristeza de la migración, de la inadaptación y de la desigualdad, con una cualidad fotográfica que realza la belleza severa de los rostros cansados y escondidos en la penumbra