HOTEL CADOGAN (28)

Regreso a Manderley

Netflix estrena al fin, el 21 de octubre, la nueva versión de 'Rebeca', al parecer más fiel a la novela de Daphne du Maurier

Una escena de ’Rebeca’ de Alfred Hitchcock con Judith Anderson (señora Danvers) y Joan Fontaine (la segunda señora de Winter).

Una escena de ’Rebeca’ de Alfred Hitchcock con Judith Anderson (señora Danvers) y Joan Fontaine (la segunda señora de Winter).

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Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

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En los días del confinamiento, nuestra ama de llaves, la señora Danvers, adquirió el hábito de echarse unas gotitas de láudano en el té. «Es por los nervios», dice, porque la devora la ansiedad —no hay más que verla— desde que supo que Netflix se dispone a estrenar una versión nueva de 'Rebeca', justo en este año fatídico en que la película de Hitchcock ha cumplido 80 primaveras… Permita aquí el improbable lector un paréntesis: a estas alturas, habrá percibido ya que en el Hotel Cadogan se nos ha cobijado lo mejor de cada casa, de manera que, en cuanto Daphne du Maurier terminó la novela, en 1938, la señora Danvers, «vestida de negro de pies a cabeza, de pómulos salientes y grandes ojos hundidos», hizo su hatillo y vino a dar con su espectral presencia a este noble establecimiento para hacerse cargo del cuerpo de casa.

Solo por fastidiarla, el resto del servicio, que la sufrimos tanto o más que la segunda 'missis' De Winter (Joan Fontaine), estamos deseando que llegue la fecha del estreno, el 21 de octubre, para acomodarnos en el cuarto de la plancha con las palomitas y escuchar de nuevo la frase talismán, la llave que abre la verja de la imponente mansión: «Anoche soñé que volvía a Manderley». ¡Ah, qué atmósfera logró Du Maurier! La lluvia, los senderos flanqueados de azaleas y rododendros, el bosque espeso y el rugido del mar contra los acantilados de Cornualles. Nos intriga sobremanera si Kristin Scott Thomas estará a la altura de la primera actriz en encarnar a la señora Danvers (Judith Anderson). Y sobre todo, por nuestro natural novelero, constatar la supuesta fidelidad al texto de la segunda versión, que Hitchcock, forzado por los censores de Hollywood, tuvo que vadear un poco; digamos que 'suavizó' el original, haciendo buena a Rebeca, difuminando su ardor sexual.

En la eternidad, durante las tardes de otoño, nos hemos hecho muy fans de Du Maurier. Los señores del mentón enhiesto la menospreciaron por escribir «historias para mujeres», de color rosa intenso, pero tras los collares de perlas, tras esa carita de porcelana inglesa, se oculta un mundo muy gótico, repleto de pliegues, y un profundo conocimiento de la psicología y los recovecos oscuros del deseo. En los últimos años, la editorial Alba ha recuperado las imprescindibles 'La posada Jamaica' y 'Mi prima Rachel'. No cabemos de contento.

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