26 oct 2020

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EXPOSICIÓN EN BARCELONA

La década en que Tàpies se convirtió en Tàpies

La Fundació Tàpies celebra su 30º aniversario con una muestra que explora los años 30 del artista barcelonés, cuando encontró su lenguaje, se hizo famoso y rompió con Franco

Mauricio Bernal

Antoni Tàpies, en la Sagrada Família, en 1954.

Antoni Tàpies, en la Sagrada Família, en 1954. / EL PERIÓDICO

El 13 de diciembre de 1953, Antoni Tàpies cumple 30 años. Es un artista en ciernes. Hace solo siete años que hizo a un lado el derecho para dedicarse plenamente a la pintura. Ha expuesto en Barcelona, ha participado en la Bienal Hispanoamericana en Madrid y ha figurado en la lista de invitados a la Bienal de Venecia, pero en términos estrictamente artísticos su lenguaje aún no está consolidado. Nadie sabe realmente hacia dónde irá, puede que ni él mismo. La pintura matérica, si acaso, es un esbozo en los secretos pliegues de su alma artística. Pero todo eso está a punto de cambiar. Tàpies acaba de entrar en la treintena, y la siguiente década lo va a cambiar todo. Serán 10 años emocionantes, transformadores. Saldrá convertido en otro.

Una cuarentena de obras y valioso material documental sirven de vehículo para explicar la transformación

La Fundació Tàpies cumple 30 años y lo celebra con una exposición que mira a los 30 del artista barcelonés, a esa década de su vida comprendida entre 1953 y 1963 en la que todo cambió. La década en que Tàpies se convirtió en Tàpies. “Fue un periodo rico y decisivo”, dice la comisaria de la muestra, Núria Homs. “Tres asuntos fundamentales tienen lugar: encuentra el lenguaje de su madurez, su obra se internacionaliza y políticamente se desmarca de Franco, negándose a participar en exposiciones organizadas por el régimen”. Una cuarentena de obras y valioso material documental sirven de vehículo para explicar esa evolución. Veintiséis de ellas son préstamos, de otros museos y colecciones privadas, señal del sino ambicioso de la muestra. La Tàpies está de fiesta.

'Pintura en azul', una de las primeras obras matéricas de Tàpies. / FUNDACIÓ TÀPIES

El descubrimiento de la textura

“Tàpies entra en esta década como un artista joven, sin lenguaje definido, y sale convertido en un artista consolidado”, dice Homs. Abierta al público a partir de este sábado, ‘Tàpies als 30’ es una oportunidad única de asistir a la maduración de su arte, de ver, por ejemplo, aquellas obras que materializaron el descubrimiento de la textura, paso capital hacia las inconfundibles pinturas matéricas. “El hallazgo de las texturas es fundamental”, explica la comisaria. Ahí están, del año 53, obras como ‘Meditación epicúrea’ y ‘El grito amarillo y violeta', en las que el joven Tàpies empieza a recorrer el camino. Homs llama la atención sobre el hecho de que en estos albores el formato de sus pinturas es pequeño, y habrá que esperar unos años para ver sus grandes cuadros. “Entonces ya tendrá el control de la materia, y además, seguirá el ejemplo de los expresionistas americanos que trabajan en gran formato”.

En el capital año 58, Tàpies gana dos premios en la Bienal de Venecia y el primer premio del Carnegie Institute de Pittsburgh

En el año 53, Tàpies lleva a cabo sus dos primeras exposiciones individuales en EEUU, una en la Marshall Field & Company de Chicago y otra en la prestigiosa Martha Jackson Gallery de Nueva York. Dos años después conoce al crítico de arte francés Michel Tapié, defensor del tipo de pintura que Tàpies empieza a perfilar y a la sazón comprador de ‘Pintura-collage con trapos e hilos’ (1955), también expuesta en las paredes de la fundación. Tàpies se vuelve conocido a nivel internacional, y en este sentido, el año 58 es capital. “Es el año del éxito”, dice Homs. Tàpies gana dos premios en la Bienal de Venecia y el primer premio del Carnegie Institute de Pittsburgh. “Entonces, museos y coleccionistas privados se empiezan a disputar su obra”. Concluyente prueba de su éxito internacional, en el año 62 tienen lugar las primeras retrospectivas dedicadas a su obra, una de ellas en el Museo Guggenheim de Nueva York.

'Ocre-Gris', una de las obras expuestas. / FUNDACIÓ TÀPIES

Manipulados por el régimen

Políticamente también es una década interesante. La misma Venecia que en el 58 lo vio triunfar fue el escenario de su divorcio con el régimen franquista. “Tàpies expuso 15 obras y el pabellón español fue un éxito, pero la prensa internacional, al mismo tiempo que se deshizo en elogios con el arte español, no ahorró las críticas al régimen”. Algunos artistas, entre ellos Tàpies, se dieron cuenta de que estaban siendo manipulados por la dictadura, que intentaba mostrarse bella y moderna a través de ellos. “Entonces fue cuando decidió no participar en nada que organizara el régimen”. Tàpies llevó su decisión hasta las últimas consecuencias: en 1962, un coleccionista privado prestó tres obras suyas para una exposición en la Tate Gallery auspiciada por la dictadura, y Tàpies interpuso una demanda que ganó al año siguiente.

Fue, además, la década en que se casó y nacieron sus hijos

Fue una década de cambio y lo fue en todos los sentidos. “Fue la década en que se casó y nacieron sus hijos”, recuerda Homs. La década, además, en que “se instaló en un estudio de verdad” (en Barcelona) “para trabajar con tranquilidad y espacio en los formatos grandes”. La década en que compró la casa de Campins, tan ligada después a su obra. Entró por los 30 un dubitativo Tàpies. Salió un titán.

La guerra según Aziz Hazara

Junto a este plato fuerte de inicio de temporada, la Fundació Tàpies abrirá simultáneamente al público la exposición del artista afgano Aziz Hazara ‘The Restless Echo of Tomorrow’, compuesta por tres vídeo instalaciones que reflexionan sobre el papel de los menores en la guerra. Nacido en la provincia de Wardak, cerca de Kabul, Hazara, de 28 años, ha vivido los sucesivos conflictos que se han cebado con el país (“nací en una zona de guerra”) y a través de sus obras expresa su preocupación “por el futuro de las nuevas generaciones”. “Entre las primeras víctima de la guerra están los niños”, dice. “Simplemente están ahí, no toman partido. Es doloroso verlos desaparecer. Hay niños de mi barrio que han desaparecido en medio de la guerra”. Las piezas expuestas son ‘Rehearsal’, ‘Eyes in the sky’ y ‘Bow Echo’, presentada en la Bienal de Sydney de este año.