MIRADOR

Formados por Quino

Hizo que nos replanteásemos el mundo, al menos a una o dos generaciones. Nos reímos con él, pero en el fondo sabíamos que nos estaba planteando cosas muy serias

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Quino, con Mafalda, en Buenos Aires en el 2014

Quino, con Mafalda, en Buenos Aires en el 2014 / AP / NATACHA PISARENKO

Quino ha muerto. No, no del todo. Su espíritu y su obra seguirán vivos. Su espíritu, porque transmitió unos valores cívicos y sociales transmutados en sus viñetas. Sus a veces aceradas críticas a la sociedad llegaban de forma suave, pero llegaban. Bien por medio de las tiras de Mafalda, bien por sus chistes e historietas sin personajes fijos. Su dibujo era suave, casi podríamos decir que amable, pero sus personajes concentraban situaciones a veces terribles. Quino nos descubrió a muchos las lacras de nuestro entorno, nos hizo revisarlas y, quizá, denunciarlas e incluso intentar superarlas.

Sin quererlo, nos educó en una tradición humanista que, hoy por hoy, parece pasada de moda. Pero no lo está. Es más, Quino hizo mucho por la historieta. Cuando preguntas a cualquier persona (mayor de, pongamos 50 años, eso sí) si ha leído cómics y que cite alguno, la Mafalda de Quino casi siempre aparece. Porque Quino era humorista gráfico, sí, pero sobre todo historietista. Sus tiras de Mafalda son historietas. Muchas de las páginas de humor que realizó en su vida están planteadas como una historieta. Por tanto, Quino, al menos en España y Latinoamérica, es uno de los historietistas de referencia.

Digamos que Quino hizo que nos replanteásemos el mundo, al menos a una o dos generaciones. Nos reímos con él, pero en el fondo sabíamos que nos estaba planteando cosas muy serias. Sus personajes asistían a veces atónitos a los vaivenes de la vida; sabíamos reconocernos en ellos. Creo que Quino nos ayudó a desarrollar un espíritu crítico que se me antoja básico para la supervivencia. Sin él, sin su espíritu, no seríamos como somos ahora. Y a pesar de sus puyas a cuantos desmanes nos asaltan, es precisamente ese espíritu crítico el que nos permite afrontarlos. Quino forma parte de nuestra cultura. No ya de la del mundo occidental, que también, sino de la personal, de la intransferible de millones de personas.

Su obra sigue siendo actual, porque en realidad la humanidad no ha cambiado en nada. Podemos seguir leyéndola reconociendo todas sus pautas

La frase de Mafalda "¡paren el mundo, que me quiero bajar!" la hemos hecho nuestra en más de una ocasión. Pero, en realidad, ni ella ni Quino ni nosotros podemos ni queremos bajarnos de este mundo. Lo que queremos es seguir disfrutando de su obra, sabiendo que con Quino tenemos herramientas para afrontarlo. Y eso es incidir en la vida. La obra de Quino sigue siendo actual, porque en realidad la humanidad no ha cambiado en nada. Podemos seguir leyéndola reconociendo todas sus pautas.

Quino nos ha dejado, pero no su espíritu ni su obra. Mientras sigamos leyéndolo y asumiendo su crítica visión del mundo, seguirá vivo. Y no importa la edad del lector. Convengamos en que a los niños les llega una parte de su mensaje y, sobre todo, la ductilidad y riqueza de los personajes de Mafalda. Pero a los adultos todas las señales que emite nos llegan altas y bien claras. De hecho, la obra de Quino debería ser de obligada lectura para todas las edades y generaciones. Porque, quizá, a partir de ella podamos construir un mundo mejor o, al menos, podremos seguir cuestionándonos este mundo. Que era lo que querían Quino y Mafalda.

Al menos podemos intentarlo.


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