19 sep 2020

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Jimi Hendrix.

50 años sin Jimi Hendrix, el guitarrista sideral

Jordi Bianciotto | 16 septiembre 2020

El músico de Seattle, fallecido hace medio siglo, conserva su aura revolucionaria y proyecta un influjo transversal por encima de los géneros musicales

Pocos ases de la guitarra en el campo del rock suscitan el consenso admirativo de Jimi Hendrix, el aventurero que llevó el instrumento a un estadio sideral, el ‘showman’ pirotécnico y ‘sexy’, el compositor con ángel y el buceador del estudio de grabación. El viernes hará 50 años que nos dejó, víctima de un tonto accidente con los barbitúricos, y aunque quizá las guitarras ya no reinen como solían hacerlo, su obra sigue ocupando un altar de culto transversal, ante el que se postran metaleros, ‘bluesmen’, improvisadores del jazz, arietes de las vanguardias y hasta raperos asiduos del ‘sampler’.

No llegará el día en que se haya dicho la última palabra sobre Jimi Hendrix, de quien existen docenas de libros que recogen su peripecia (sobre todo, el cuatrienio supersónico: 1966-70), bibliografía a la que se suman otros dos sabrosos volúmenes ahora traducidos al castellano. ‘Stone free’, del que fuera director de la revista ‘Guitar Player’, Jas Obrecht (Libros Cúpula), pone el foco en los nueve meses en que Hendrix esculpió su mito desde Londres, aguando la fiesta a los ‘guitar heroes’ del lugar y armando su arrolladora Experience con Noel Redding y Mitch Mitchell. ‘Vida y muerte de Jimi Hendrix’, de Mick Wall (Alianza Editorial; este no verá la luz hasta el 29 de octubre), orquesta un retrato completo a partir de fogonazos impresionistas y testimonios con miga. Wall es autor de notables volúmenes en torno a bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath y Guns n’Roses.

Salvado por el blues

Ambas obras acercan la lupa al tipo de infancia desnortada (madre muerta de cirrosis, padre semiausente) y de primera juventud tarambana, al que, tras ser pillado por segunda vez yendo en un coche robado con los amigotes, se le dio a elegir entre cárcel o ejército. Vestido de caqui en Fort Ord (California), paladeó el cruce de terror y subidón de adrenalina de los saltos en paracaídas, pero también otra clase de emociones, las que compartió, guitarra en mano, con el recluta Billy Cox, futuro bajista de su banda, en ‘jams’ alborotadas y en los seminales The King Kasuals.

El efecto de aquel músico negro con sangre india que tocaba el rock de los blancos fue devastador

Hendrix hizo luego otra mili como instrumentista a sueldo, junto al saxofonista Lonnie Youngblood, con los Isley Brothers o acompañando a Little Richard, que le terminó echando porque amenazaba con robarle el foco a base de tocar con los dientes y vestir a su aire. Tiempos de ‘British invasion’ y del joven oráculo Dylan, motivo de intriga para este guitarrista que fue siempre más que un guitarrista, atraído por la poesía y el arte sin pautas. Dio que hablar en los círculos del Village neoyorkino, fogueándose en locales como el Café Wha?, pero el punto crucial del relato es el salto a Londres de la mano de Chas Chandler, el bajista de The Animals, en el vuelo de la extinta Pan Am del 23 de septiembre de 1966, en el transcurso del cual Jimmy Hendricks se transformó en Jimi Hendrix.

Directo desde Marte

En el ‘swinging London’, el efecto de aquel músico negro con sangre india que tocaba el rock de los blancos fue devastador. Cejas alzadas ante sus digitaciones zurdas llenas de ‘gags’ orgásmicos: un escándalo, oigan, "pero nadie apartaba la vista", desliza Mick Wall. Los guitarristas ingleses adaptaban al pop una gramática afroamericana distinguible, mientras que Hendrix... "¿De dónde demonios venía lo suyo? ¿de Marte?". Ambos libros retratan la perplejidad reinante. Para Jeff Beck fue "una bomba estallando en el lugar adecuado". Eric Clapton, la primera vez que le vio en acción, nervioso, fue a fumarse un pitillo entre reproches a Chandler. "¿Por qué no me dijiste que era tan bueno?". Pete Townshend fue tajante: "Ver a Jimi tocar me destrozó".

Impresionó su espectacularidad con alma: Hendrix era intuitivo y poético, creaba sus propias armonías improvisadas, sacaba un partido inédito de la electricidad (distorsiones, acoples, pedal wah-wah) y dominaba el viejo blues. Y el nuevo. Obrecht cuenta cómo pilló a Clapton desprevenido con su reinvención de ‘Killing floor’, de Howlin’ Wolf, con un enfoque tan rompedor como el de los adalides del bebop respecto al clásico swing. No es que tocara notas, sino que era amo y señor del sonido, en entendimiento íntimo con el amplificador Marshall, que graduaba al volumen máximo para poder modularlo desde el botón de la guitarra. Y brilló como autor, con trofeos como ‘Purple haze’, ‘Foxy lady’, ‘Fire, ‘Voodoo child’ o la delicada ‘Little wing’.

Postal de Hawai

El crudo debut discográfico, ‘Are you experienced?’ (1967), y los psicodélicos y exploradores ‘Axis: bold as love’ (1967) y el doble ‘Electric ladyland’ (1968), con la señal final de ‘Band of gypsys’ (1970), más cerca del funk y el rhythm’n’blues, representan el grueso de su legado, ampliado a lo largo de los años con innumerables antologías y discos en directo y de rarezas. El último, este ‘Live in Maui’ (doble CD, triple vinilo y documental), que saldrá el 20 de noviembre y que captura los conciertos que dio en Hawai un par de meses antes de morir.

El trayecto de Jimi Hendrix colapsó aquel 18 de septiembre de 1970, a los 27 años, en el londinense hotel Samarkand, y dos semanas más tarde se oficiaba el funeral en su Seattle natal, al que acudió Miles Davis, otro revolucionario de la música del siglo XX. Es más grato quedarnos con sus imágenes de poder, como la del Festival de Monterey, California, en junio de 1967, que culmina el libro de Obrecht. Ahí está Hendrix, manejando la Fender Stratocaster como un fetiche sexual, rociándola con gasolina, besándola y prendiéndole fuego, "como en una escena del Antiguo Testamento".

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