28 oct 2020

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LO QUE NO SABÍAS DE...

Achero Mañas nos cuenta las anécdotas del rodaje de 'Un mundo normal'

El filme está protagonizado por su hija, Gala Amyach, que fue acribillada en el hotel por dos chinches

La homosexualidad del personaje de Pau Durà fue decidida durante una cena casual

Eduardo de Vicente

Achero Mañas da instrucciones a Magüi Mira durante el rodaje.

Achero Mañas da instrucciones a Magüi Mira durante el rodaje. / MANU TRILLO

Tras permanecer una década alejado de las cámaras, el realizador Achero Mañas (El Bola) vuelve a las pantallas con una interesante combinación entre comedia y drama titulada Un mundo normal. El protagonista es un director de cine que interpreta Ernesto Alterio acompañado por Gala Amyach (hija de Mañas) y varios secundarios de lujo como Ruth Díaz (Tarde para la ira, Adiós), el catalán Pau Durà (Tots volem el millor per a ella, Formentera Lady) y la veterana Magüi Mira (El rey del mambo).

La trama gira alrededor de Ernesto, un artista que sueña con hacer un musical y se resiste a trabajar en televisión porque piensa que las series son “plastilina argumental estirada”. Acaba de separarse y cuida de su hija adolescente. En las últimas semanas ha tenido que acudir con su madre a un entierro y ella le ha hecho prometer que, cuando fallezca, no dejará que la incineren y lanzará su cuerpo al mar. Llegado el momento, el hijo tiene que cumplir lo establecido pese a la oposición de su hermano, un pianista homosexual, e infringiendo las leyes por lo que decide pedir prestada una furgoneta y hacer el viaje al que se apunta su hija en el último momento y les acompaña la perrita que cuidaba su madre. Como era de esperar, el trayecto estará repleto de sorpresas e inconvenientes convirtiendo el filme en una tragicomedia. Lo mismo que le ocurrió al propio Achero Mañas, que nos explica las curiosidades de esta película.


  

-Un rodaje anormal. “Nos pasó casi todo lo que nos podía pasar. Nació con un productor, acabó en otro, esperábamos las ayudas económicas pero el cambio de gobierno provocó que se retrasaran, lo que provocó que tuviéramos que parar el rodaje hasta que llegaran. Rodamos en verano y en el invierno, tras la ayuda del ICAA, y luego la pandemia, que nos pilló en parte durante la postproducción. Suspendieron los festivales a los que íbamos a asistir, pasamos el confinamiento y ahora ya esperamos estrenar, nada menos que en una fecha tan señalada como un 11-S. Lo tenemos todo. Nos han crecido los enanos. Ha sido como el libro La conquista de lo inútil de Werner Herzog, donde cuenta el catastrófico rodaje de Fitzcarraldo. Y encima se llama Un mundo normal, es irónico...”

-Dirigiendo a una hija debutante. “Gala, mi hija, viene en el paquete desde el principio porque la escribí para ella. Tuvimos una pérdida y fue la razón de hacer un exorcismo del dolor. De ahí el tono de la película, todos pensaban que iba a hacer un dramón, pero hay luces y sombras y Gala tenía que estar porque era para ella y para mi madre. Pero en el último momento me encariñé con el guion, tuve dudas y le dije que le iba a hacer una prueba porque no me iba a joder la peli. Estuvimos trabajando tres días en Los Angeles, y descubrí que podía hacerlo. Tiene una gran naturalidad y una dulzura muy especial. Estaba preocupado por si ella no aguantaba la presión, pero todo lo contrario, nos ha servido para un trabajo personal que teníamos que hacer y ha enriquecido nuestra relación”.   

La película la escribió para Gala, que es la protagonista. / MANU TRILLO

-Unos visitantes inoportunos. “En el hotel en el que estábamos hospedados, dos chinches acribillaron a Gala. Estuvimos a punto de suspender el rodaje porque tenía unos picores, inyecciones y pastillas que se moría de dolor, pero pudo rodar. Nos tuvo en vilo durante dos o tres días y no sabíamos si iba a poder continuar”.

-Las consecuencias de una cena. “Para mí, los guiones son una herramienta de trabajo pero voy reescribiéndolos en función de los ensayos y viendo lo que mejor funciona. Una noche fuimos a cenar Ernesto, Gala y yo y empezamos a especular sobre el futuro de la peli, sus primeros pases, el estreno, etcétera. Pensamos que esta combinación tragicómica no interesaría a los festivales, que suelen buscar algo más experimental o dramático. Entonces Ernesto tuvo la idea de que incorporáramos un personaje gay y que sería el de su hermano (Pau Durà). Empezamos a darle vueltas y vimos que no era ninguna tontería, ya que hablábamos de una familia muy singular, no era un tópico y me encajaba por la sensibilidad del personaje. Llamé a Pau para decírselo y no me contestaba. Se lo expliqué por whatsapp y me llamó en dos minutos. Le conté las razones, que enriquecía el personaje, que no lo quería no muy amanerado y nos centraríamos en otros aspectos. No se trastocó mucho su relación con su pareja, pero tenía una actriz pensada y tuve que cambiarla por Óscar Pastor”.

El personaje de Pau Durà (derecha) acabó siendo homosexual. / JULIO VERGNE

-¿El pianista? “No, Pau no toca el piano, hay truco. Le dije que me tenía que convencer o no haría el papel. Es curioso porque el protagonista, Ernesto Alterio, lo toca perfectamente pero no iba a hacer un cambio de roles. Le comenté que me gustaría que lo tocara en directo y no tener que resolverlo en montaje. Que se pusiera las pilas porque quería que me convenciera. Me contestó que confiara en él, que lo iba a dar todo. Estudió mucho y no tuve que hacer mucho en montaje porque da el pego totalmente”.

-El muñeco de la abuela. “El cadáver de la abuela es un dummy, un muñeco que nos dio muchas problemas, sobre todo, en las escenas finales. Tenía mucho reparo en utilizarlo porque se parecía a Magüi pero había cambiado. De todos modos, he visto varios muertos y, a veces, cambian. Tenía miedo y quería ver las reacciones del público en los preestrenos porque estábamos convencidos de que se iba a notar. Pero nadie nos dijo nada y todos creían que era ella”.

Mañas decidió quedarse con la perrita que no estaba adiestrada. / MANU TRILLO

-La perrita sin experiencia. “Me ofrecieron tres perras diferentes advirtiéndome que las dos primeras estaban entrenadas en varios niveles y la tercera, no, pero fue la que me gustó. Las entrenadoras tuvieron que trabajar a tope y le dediqué casi más tiempo que a los actores. Lo que no conseguí fue que ladrara dentro de la furgoneta. Fuera, lo que quieras. Era imposible y nos pasamos una hora de rodaje luchando para ello. También nos dejó una frase para la historia de la película, ya que la entrenadora cuando acababa la toma, le decía que lo había hecho superbiennnnn (remarcando el final) y se quedó como un latiguillo entre el equipo”.

-La furgoneta. “Utilizamos la que se ve en la película por una cuestión de presupuesto, yo quería una más antigua. En un primer momento era de un empleado de atrezzo de un teatro y no de un mago, lo decidí el día anterior. Si se me hubiera ocurrido antes le hubiera sacado más partido, por ejemplo poniendo una chistera arriba, pero añadirlo en digital costaba una pasta y optamos por dejarlo en un cartelito de mago que era algo cutre. En la escena en la que Gala arranca las flores de la furgoneta nos las vimos y nos las deseamos. Tenían que caerse en el momento justo y debía poder arrancarlas, probamos con unas de verdad y otras ficticias. Al final nos quedamos con las falsas, Fue la secuencia más difícil y solo teníamos medía jornada, por lo que solo pudimos hacer tres tomas”.

El cartel cutre del mago fue añadido en el último momento. / MANU TRILLO

-Mintiendo en Ikea. “Para conseguir que nos dieran permiso para rodar en la tienda tuvimos que mentir un poco. El guion era distinto de lo que les habíamos explicado porque a lo mejor no nos hubieran dejado. Tampoco es que salga mal parada, pero simboliza esa universalización, que todos acabamos con los mismos muebles. Les transformamos un poco la secuencia para hacer ver que hablábamos de que los productos eran muy buenos. Allí también pasó algo que nunca olvidaré. Tengo un amigo rumano, Juan, que siempre me hace chapuzas y le pedí que hiciera el papel de un tipo que habla con el protagonista y accedió. Se lo pasó en grande, era como si alguien descubriera el cine, como algo nuevo, esa cosa mágica que se va perdiendo con los años, y estaba fascinado por cada cosa que veía. Uno de los momentos más emocionantes de mi carrera”.

-El gramófono. “En el filme aparece un gramófono. Es un sueño particular mío y siempre he querido tenerlo. En mi casa no hay hueco, pero tenía una obsesión por él, es un artilugio que siempre me ha llamado la atención y por eso lo metí en el guion. Pero se lo quedó el productor. Le tengo que pillar en un día que estemos de buenas y ponerle cara de cordero degollado para explicarle que lo quiero”.

Mañas siempre ha querido tener un gramófono como el del filme. / JULIO VERGNE