27 sep 2020

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Las mil respuestas a un '¿y sí...'

Tanto los diversos géneros fantásticos como algunos historiadores han explorado los pasados alternativos

Ernest Alós

Una escena de ’The man in the high castle’.

Una escena de ’The man in the high castle’.

El poeta puede limitarse a plantear la pregunta. Como hizo Borges en 'Things that might have been': «Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron. / El tratado de mitología sajona que Beda no escribió. (...)  La historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta (...) En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur (...) El dilatado imperio que los Vikings no quisieron fundar...» Pero muchos historiadores y novelistas no han podido resistir la tentación de responder a algunos de esos ¿que hubiese pasado si...? En su clásica formulación anglosajona, 'What if...?'

Ya Tito Livio utilizó este recurso (qué hubiese sucedido si Alejandro se hubiese lanzado sobre los romanos en lugar, o después, de los persas) como recurso argumental a favor de la invencibilidad de Roma. E incluso Joanot Martorell en el 'Tirant lo Blanc' si nos ponemos imaginativos. La historia virtual, alternativa o contrafactual ha sido una herramienta especulativa o didáctica vista con antipatía por tendencias historiográficas como la marxista (E. P Thompson encontró que solo en la lengua alemana podía ser denostada con la sonoridad que requería; 'geschichtwissenschlopp', o mierda antihistórica) y ejercitada desde aquellas que quieren enfatizar el papel del individuo. O incluso, como dice Nial Ferguson en la antología de episodios alternativos 'Historia virtual ¿Qué hubiese pasado si?', por quienes prefieren aproximarse a una «teoria caótica del pasado» y consideran que «el mundo no está ordenado por la divinidad, ni gobernado por la Razón, la lucha de clases o cualquier otra ley determinista». Esa sería, si pasamos de la historia a la ficción, la visión de Ray Bradbury, que en un relato describe como el hecho de que un viajero al pasado pisara una mariposa ha modificado toda la línea del tiempo.

Ficción especulativa es uno de los términos (como el de 'géneros no realistas' u otros) que intenta agrupar a las diversas ramas de la ciencia ficción y la fantasía. Y como no hay nada tan especulativo como un buen 'what if', en todos sus subgéneros podemos encontrar ejemplos de ucronías, ficciones que se desarrollan en entorno donde el pasado ha sido distinto del que conocemos.

Si todo va mal, en cualquier viaje en el tiempo surge la posibilidad de un pasado alternativo (Stephen King, '11/22/63', o cómo puede no ser una decisión muy acertada impedir el asesinato de Kennedy). Y la idea de los universos paralelos, por ejemplo, incluye necesariamento el planteamiento de la existencia de mundos alternativos donde los sucesos se han desarrollado de forma distinta. Un ejemplo sería la magnífica serie de novelas 'El paralaje neandertal', de Robert J. Sawyer, en que entra en contacto nuestro universo con otro en que ha sido el neandertal la especie humana que ha dominado la Tierra (y resulta que lo ha hecho mejor que nosotros).

Pero un campo especialmente fértil es el de la, llamémosle, ucronía (término creado por Charles Renouvier)  historiográfica, la especulación sobre cursos distintos de sucesos y personajes históricos, un filón abierto en 1832 por Louis Geoffroy, que imaginaba la conquista del mundo por Napoleón. 

La hipótesis de una derrota de los aliados frente a nazis y el imperio japonés ha sido una de las más explotadas

Ningún tema ha sido tan explotado en este sentido como la hipótesis de una victoria nazi. Lo hizo Robert Harris en 'Patria' (pensamiento inquietante; ¿hubiésemos digerido tan tranquilamente el Holocausto como hemos normalizado genocidios cometidos por otros imperios victoriosos?), Noël Coward en 'Paz en nuestro tiempo', 'La conjura contra América' de Philip Roth o Philip K. Dick en 'El hombre en el castillo'. En el mundo anglosajón especular con qué hubiese sucedido tras una victoria de la Confederación en la guerra civil es otro tema común: es el que eligió Winston Churchill cuando participó en una obra colectiva de relatos ucrónicos (con un giro rebuscado: en su texto un historiador planteaba qué hubiese pasado si Lee hubiese perdido en Gettysburg, que es lo que sucedió, desde el punto de vista de un mundo en el que había vencido) que tuvo participantes insignes como G. K. Chesterton (¿Y si Juan de Austria se hubiese casado con María, reina de los escoceses?) o André Maurois (¿Y si Luis XVI hubiese tenido un solo átomo de firmeza?) 

Si viajamos a un pasado más lejano que altere la relación completa de fuerzas entre grandes civilizaciones como hace en su última novela Laurent Binet, el escritor de ciencia ficción Kim Stanley Robinson planteó un mundo absolutamente alternativo en 'Tiempos de arroz y sal', estimulante pero detestada por sus habituales lectores: islam, China y los pueblos amerindios se hacen con el globo después de que la peste negra exterminase a la cristiandad europea en el siglo XIV.

También la II República y la guerra civil han tenido finales alternativos ('En el día de hoy', de Jesús Torbado, o 'Els ambaixadors', de Albert Vilaró). No ha habido episodio histórico que no haya sido sometido a la prueba del 'what if'. Incluso Binet ha tenido un precedente. Avel.lí Artís Gener, Tísner, que en sus 'Paraules d’Opòton el vell' reconstruía la crónica de un azteca tras el viaje exploratorio en que descubre asombrado a los exóticos indígenas del norte de España. 

 

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