27 sep 2020

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ENTREVISTA

Lluís Llach: "La pandemia democrática es más extensa que el covid-19"

El cantautor publica su cuarta novela, 'Escac al destí', un 'thriller' ambientado en la edad media que refleja la pugna histórica entre el poder político y la Iglesia

Jordi Bianciotto

Lluís Llach, la pasada semana, a punto para presentar su nueva novela. 

Lluís Llach, la pasada semana, a punto para presentar su nueva novela.  / JORDI COTRINA

La nueva novela de Lluís Llach, ‘Escac al destí’ (editada por Univers, Grup Enciclopèdia), transcurre en el imaginario reino de Magens y en una época lejana, pero el autor ve en su relato de intrigas y luchas por el poder algunas claves proyectables al mundo actual. 

Este es su libro situado más lejos en el tiempo, la edad media, y en un país imaginario que hace pensar en Occitania. 
Hay una serie de pistas escondidas, como los nombres, que son casi todos occitanos. Me apetecía rendir un homenaje a Robèrt Lafont, escritor y activista cultural occitano, y lanzar un guiño a la valentía y la naturalidad de Mireia Boya, que en el Parlament nos hacía aquellos discursos en aranés.

Occitania representa un mito romántico en el imaginario catalán: evoca el país transpirenaico que pudo haber sido y que se frustró tras la batalla de Muret, en el 1213.
En el libro hay un homenaje a ese país que obtuvo un premio Nobel de literatura hace más de cien años, en un Estado como el francés, tan republicano y tan demócrata que ha aniquilado una de las culturas más potentes de Europa.

¡El país de los trovadores!
Sí, sí, hay infinidad de conexiones. Pero dicho todo esto, el libro no lo hice por esos motivos, y esas claves no inciden en la novela.

Lo que la vertebra es un relato en torno al poder, con sus tramas, sus intrigas y sus conspiraciones. ¿Reflejo de sus andanzas como diputado en el Parlament?
Hombre, intrigas allí viví muchas, pero no es eso. Sí que acercarte al poder ayuda a entender algunas cosas, pero vamos, aquí tanto en las intrigas como en el ‘thriller’ que hay detrás, lo que yo buscaba era una explicar una cosa que me atrae de la edad media. Hablamos de un período muy oscuro y sin orden, que viene después de la inestabilidad estable del Imperio romano, y en el que pasan algunas cosas interesantes. Una, que el imperio se hunde, pero no la Iglesia, que ocupa ese espacio de poder. Y luego, que la Iglesia se obsesiona por poseer la cultura y la información. Los humanos vivían atemorizados entre el poder de la espada y el de la cruz. Cuando los valores caen, la Iglesia intenta establecer un fanatismo muy estricto y ordenado a través del miedo y la represión. Se idea el sigilo sacramental, a través del cual las confesiones de los pecados ya no son públicas, sino privadas, lo cual convierte a la Iglesia en fuente de información a través de la conciencia de la gente y del remordimiento. Así adquiere un poder enorme, y lo utiliza en su relación con el poder de la espada. Yo utilizo el ‘thriller’ para contar esto.

"Hoy el poder de la espada en la edad media serían los estados, y el de la cruz, los oligopolios económicos"

Le habrá llevado trabajo ponerse en situación.
Mis tres novelas anteriores empezaban más o menos en el año 1920, en todas había la guerra en medio, todas pasaban por Argelers y por Sète... Me pareció que ahí había una zona de confort para mí, y como ya me ocurrió en la música, las zonas de confort me dan pánico. Yo crecí en los años 50 y 60, y las películas de más éxito entonces eran las de caballeros, las de Tyrone Power. Ahí, y en las pinturas, y en la novela de Umberto Eco, tengo referentes.

Alguna vez ha dicho que ya no siente la necesidad de hacer música. ¿La literatura satisface ahora sus apetitos creativos?
Supongo que sí. Me divierto incluso más escribiendo que antes cantando, porque cantando, sufría, y escribiendo, sufro poco, supongo porque no pretendo ser un escritor, ni me considero preparado. He escrito como lo siento, sin ningún tipo de técnica, pero divirtiéndome y aprendiendo. Y me sirve para desfogar mis fantasmas.

Siendo una novela histórica, ¿le dio muchas vueltas al registro de lenguaje?
No he hecho ninguna teorización lingüística, pero he utilizado, por ejemplo, el pasado simple, que en el País Valencià es normalísimo: “'aní a buscar orxata i era boníssima'”. Sí que hay una cuestión que me interesa: para los que cantamos, la fonética es importantísima. El catalán, si quieres, puede sonar a alemán o bien a la lengua más dulce.

¿Que conecta aquella sociedad de espada y de cruz que aparece en la novela con el mundo actual?
A medida que fui escribiendo me di cuenta de aquel predominio de la Iglesia es como el de ahora con Facebook, Twitter y los oligopolios que dominan la información, y que quien pretende el poder siempre trata de manipular la información y el conocimiento. Diría que hoy, no sé mañana, el poder de la espada serían los estados, y el de la cruz, los oligopolios económicos, que normalmente dominan a los oligopolios informativos. Hoy en día, la espada no puede contra todos ellos. Y los que parecen mejor situados son los parafascistas tipo Trump, Putin o Xi Jinping, mientras que Europa va perdida.  

El poder no se desbanca solo pensando que la razón o la justicia poética están contigo.
Puedes tener la razón y no tener el poder. Y debes intentar poder carcomerlo desde tus razones. Lo que no puedes hacer es pensar que es tan difícil que mejor lo dejamos correr. Es una lucha constante en la historia de la Humanidad. Hoy, tal como veo las cosas, en el siglo XXI, la democracia es la manera que tiene el poder de perpetuarse, al que le interesa una democracia manipulable y perfectible. El poder sigue en las manos de siempre, acumulándose, y a veces parece que el ciudadano está a punto de ganar, pero cuesta mucho. Se ha pasado del derecho de pernada a poder votar cada cuatro años, pero la democracia es la excusa para ostentar el poder de una manera más estética.

"Puedes tener la razón y no tener el poder. Y debes intentar poder carcomerlo desde tus razones. Lo que no puedes hacer es pensar que es tan difícil que mejor lo dejamos correr"

¿Tiene la sensación de que, a causa de su trayectoria política de estos últimos años, personas que habían seguido su carrera musical y que no comparten su posición ideológica pueden sentirse desinteresados por sus libros?
No lo sé. Eso es muy difícil de valorar. Al final, se trata de ser coherente contigo mismo y santas pascuas. Por el hecho de haberme metido en política, ¿significa que lo que pueda escribir ya no interesa a la mitad de la población? Pues, mira, lo siento mucho, pero yo seguiré haciendo lo que creo que debo hacer y asumiendo las consecuencias.

La política marca mucho hoy en día la percepción de las personas. Se puede despreciar su obra por eso, igual que se insulta a Serrat por no estar en una casilla determinada.
Puede pasar. Pero, oye, tenemos a Wagner, y ‘Tristán e Isolda’ sigue siendo ‘Tristán e Isolda’. En todo caso, no me preocupa. Debo decir, aunque quede feo, que cuando yo componía canciones, el público me importaba un pito. Y ahora, con los libros... Creo, honestamente, que con ninguno me he preguntado “ay, ¿de este venderé o no venderé?”. Claro que deseo vender, pero en el momento de escribirlo ni te lo planteas. Sueltas lo que tengas que decir. Si hay gente que porque no es independentista no le gustan mis libros, pues oye, que compre los libros de Reverte o de otro.

¿No ve crispación?
Hombre, por lo que se ha intentado crispar, aún es poca. Viendo todas las técnicas, tácticas y estrategias que Ciudadanos y el PP han utilizado en el Parlament... Pero todo esto coge ahora otra dimensión, porque estamos ante cuatro pandemias: la sanitaria, la económica, la climática, y si conseguimos superarlas, hay otra más peligrosa, la pandemia democrática, que en estos momentos tiene una extensión mucho peor que el covid-19. Y referido a este país, aunque mucha gente dirá que eso es un maximalismo, el termómetro de si acabamos en democracia o no es si Catalunya puede, o no puede, ser independiente.

Se le replicará que España es una democracia homologada.
Quien se lo crea, que España es una democracia de verdad, le acompaño en el sentimiento democrático.

Ha sido diputado del Parlament de Catalunya, institución que ahora cumple 40 años. ¿Es ‘Matrix’, como apuntó David Fernàndez?
Es un instrumento envejecido que habría que repensar para adaptar al siglo XXI. Yo tuve la suerte de que iba con un programa muy sencillo y como independiente y, por tanto, tenía todas las libertades, y me sentí muy acompañado. Pero en la praxis política, el poder ejecutivo acaba convirtiendo al parlamento en una correa de transmisión. En lugar de que el parlamento genere las políticas, el ejecutivo las transmite al parlamento. Por eso habría que repensar toda la sociedad, la economía, la comunicación... ¿Se puede manipular informativamente sin que eso tenga consecuencias? Si tú ves todos los días Tele 5, es normal que al final suba Vox.

La crítica al parlamentarismo entraña peligros: la antipolítica.
Pero es un problema de los políticos, que cuando llegan al poder tienden al inmovilismo. Pongamos la España de 1978 como proyecto de futuro: de repente había unas posibilidades de realización colectiva. Pero eso, si no lo acompañas de un proyecto social, cultural... Para mí, la Transición se demostró fracasada cuando vi a Felipe González acompañando a la cárcel a José Barrionuevo, con sentencia firme. Ese día empezó la destrucción. Y lo que peor me sabe, como persona de izquierdas, es que todo eso lo causaron los socialistas: Felipe González, Alfonso Guerra... Los que seguramente no tendrían que haber ganado en Suresnes. Y cuando Aznar llegó al poder, ya le habían hecho el trabajo. Gente que yo confiaba que iba a transformar el país. El encargo de transformar el Estado, era de los socialistas. Son demócratas, llegan al poder y no mueven ni un dedo para cambiar las cosas; al revés, van hacia atrás. Y te preguntas si en otros países, como Francia, ocurre lo mismo, solo que sin la herencia franquista. Porque la democracia francesa tiene también un problema gravísimo: después de la segunda guerra mundial, cada intento de renovarla se para.

"Si hay gente que porque no es independentista no le gustan mis libros, pues oye, que compre los libros de Reverte o de otro"

Hace más de 50 años que comenzó a cantar con Els Setze Jutges. ¿Cómo imaginaba entonces una futura Catalunya?
Había un anhelo de libertad primaria, de romper cadenas, y no solo con el franquismo. Se ha dicho que ‘L’estaca’ era contra Franco, y no, era contra un sistema sociopolítico y económico que permitía que hubiera ‘francos’. Las expectativas de cambio eran maravillosas, pero ignorábamos hasta qué punto el Estado español estaba carcomido, y que esa carcoma acabaría dominando a la misma democracia. Fastidia ver que todo eso se fue a pique, y que era posible: por eso yo pude votar a Felipe González. Pero luego desapareció la esperanza de futuro, la posible convivencia entre los países que conforman el Estado desde siempre. Y dices que no, que esto es una colonización de la península, de la que se escapó Portugal, entre otras cosas gracias a nosotros, con la mentalidad de una nación que es la castellana. Y ya está. Ha triunfado. ‘Chapeau’. Pero que esto se mantenga en el siglo XXI es bestial. Ahora, en Escocia irán a un nuevo referéndum, y nosotros aquí, pidiendo una mesa de diálogo, cuando lo que hay que hacer es abrir una negociación.

En el gobierno catalán, ¿pesa más la pugna entre partidos que el objetivo de la independencia?
Cuando hay elecciones, eso aumenta, y si eres seguidor de Twitter, que yo lo soy, pues también lo ves. Hay que pensar que lo que ocurrió aquí en octubre del 2017 fue muy bestia, y que después no se ha sabido gestionar bien. Pero cada una de las fuerzas independentistas expresará su posición, y podremos votar al que nos parezca mejor. Tenemos tres fuerzas independentistas, de momento.

O quizá cuatro.
¿Cuatro?

Con el PDECat.
¡Ah! A ver qué pasa. Pero al final, más allá del ‘contra tú’, ‘contra mí’, etcétera, ¿qué le conviene a este país? Un centro poderoso, que está ahí; una izquierda poderosa, que también está ahí, y una izquierda radical que también está. Hay todo un abanico. Si también hace falta que haya una derecha-derecha, porque yo hoy a Junts per Catalunya no los acabo de ver ahí, si el PDECat hace este papel, y es independentista, alabado sea Dios. No estoy contra el PDECat, de ninguna manera.

Hablar al independentismo de la “batalla final”, como un objetivo cercano, ¿es procedente?
Al Estado lo que más le conviene es el estatus actual. Imaginar que se sienta incómodo ahí es absurdo. No me gusta utilizar palabras que ahora se emplean mucho, pero el enfrentamiento con el Estado es absolutamente necesario. Porque ellos han de sentir que aquí tienen un problema grave. Y Europa también. Ahora bien, “batalla final”... Será cuando se pueda. Pero no habrá diálogo si no hay enfrentamiento. Y si se quiere una negociación, el Estado debe sentarse, y eso se hace creando un conflicto.

Conflicto.
Situacional, en la calle, en Europa... El Estado, desde octubre del 2017, no ha dejado de utilizar sus herramientas. Esquerra se pensó en cierto momento que tenía la llave. Fantástico, pero resulta que no la tiene. Por tanto, lo que estaba justificado por su parte hace seis o siete meses, porque tenía un cuerpo argumental importante, ahora se deshace entre los dedos. Desde Madrid se hace ‘trilería’ pura y si algún día se ha de sustituir a Rufián por Arrimadas, se hará. Al Estado, si no lo confrontas, estará muy tranquilo, y tendrá muchas excusas.

Todo esto suena más cercano a Puigdemont que a Junqueras.
No, yo estoy en el Consell per la República y estoy más cerca de Guillem Fuster que de nadie, si hablamos claro. Pero entiendo que cuando digo esto la gente diga que pienso como Puigdemont. Lo cual me gusta. A ver, mi partido referencial es Esquerra, pero no puedo estar de acuerdo con la idea de que la confrontación nos lleva a perder.

Por ahora, ¿no ha sido así?
No quisiera entrar en esto, pero no sé a qué nos ha llevado no confrontarnos. ¿Qué ha pasado desde octubre del 2017 en adelante? ¿Qué nos ha aportado todo esto? Represión, prisión, juicios y multas. ¿Algún favor económico? ¿Alguna partida presupuestaria como la del País Vasco, que no esperáramos y que nos solucione problemas con las escuelas o la salud? Ni una. Al revés. ¿A qué jugamos?

Tenemos encima este 11-S de la era covid-19. ¿Cómo lo conmemorará?
Haré lo que diga la ANC, porque siguen siendo los encargados sociales de hacerlo. Parece que ha habido alguna discordancia, pero si me dicen que tengo que salir al balcón, pues saldré al balcón.

Publicado el libro, ¿qué le espera ahora?
Estamos preparando la llegada de canciones del premio Terra i Cultura, y luego estoy esperando a ver si en noviembre puedo ir a Senegal. Hay proyectos que deben continuar, sobre todo la biblioteca, que ahora está cerrada, y el aula informática. Allí tengo vida, amigos, intereses... Eso me ocupará dos meses. Y luego..., las conspiraciones que hagan falta.