'A land imagined': retrato del Singapur de la emigracion al estilo Lynch

La recién estrenada película de Siew Hua Yeo, ganadora en Locarno, es una fábula sobre el país de sudeste asiático

Un momento de la película ’A land imagined’.

Un momento de la película ’A land imagined’.

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Con tan solo 33 años Siew Hua Yeo ganó con su ópera prima 'A land imagined' el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno, convirtiéndose en una de las jóvenes promesas de la cinematografía más emergente del sudeste asiático, la de Singapur. 

En' A land imagined', estrenada este viernes en salas, el debutante mezcla el cine negro, la reflexión social acerca de los inmigrantes en su país y, quizás lo más sorprendente, la atmósfera onírica al estilo David Lynch. Tampoco faltan los neones y la decadencia nocturna de una zona marginal herencia de la nueva ola hongkonesa. Un cóctel tan extraño como absorbente que nos adentra en una realidad sórdida y opresiva dominada por las mafias y la corrupción. 

«Uno de los grandes retos a los que se enfrenta Singapur es el flujo de inmigrantes y de qué manera se puede estructurar la sociedad a su alrededor», cuenta Siew Hua Yeo. «Es un problema que ha generado abusos, desigualdades y explotación. Y por supuesto, marginación social. Pero nadie quiere hablar de esas miserias que se intentan tapar». 

La película narra la desaparición de un trabajador ilegal en una zona periférica que intenta quitarle terreno al mar (con arena procedente de diversos países, una metáfora sobre la ausencia de identidad). Un inspector con insomnio será el encargado de resolver el caso. 

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El director utiliza una forma muy original de contar esta historia y de conectar a estos dos personajes: como si uno soñara con el otro. «Pertenecen a esferas muy diferentes, pero ambos entran en una especie de sueño colectivo, lo que nos conduce a un estado de perpetua alucinación. Ni siquiera ellos diferenciarán la realidad de la fantasía que genera su subconsciente, pero están unidos por la necesidad de descubrir la verdad». 

El realizador pasó dos años investigando, introduciéndose en las comunidades de inmigrantes. Necesitaba saber en qué condiciones vivían, cuáles eran sus aspiraciones, sus mayores hándicaps dentro de una tierra extraña en la que sistemáticamente eran excluidos y estafados. «Fue una experiencia muy dura de aprendizaje, hice buenos amigos, quería contar su realidad y a partir de ahí crear una obra de carácter experimental». 

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