28 oct 2020

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LO QUE NO SABÍAS DE...

La directora Pilar Palomero nos explica las anécdotas del rodaje de 'Las niñas'

Para escoger a la pequeña protagonista hicieron un 'casting' en el que vieron a más de mil niñas

La realizadora y la responsable de vestuario crearon una bolsa similar a la que deseban en su adolescencia

Eduardo de Vicente

Pilar Palomero, con la cámara, durante el rodaje de la película ’Las niñas’

Pilar Palomero, con la cámara, durante el rodaje de la película ’Las niñas’ / BTEAM PICTURES

Acaba de estrenarse la que, probablemente, va a ser la película española sorpresa del año. Se trata de Las niñas, que supone el debut en el largometraje de la cortometrajista Pilar Palomero y tiene aires autobiográficos. Se paseó con éxito por el Festival de Berlín y arrasó en Málaga donde obtuvo cuatro premios, entre ellos el de mejor película. El protagonismo recae en un grupo de chicas adolescentes que, en su mayoría, también aparecen por primera vez en la pantalla. El único nombre conocido es el de Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados, Techo y comida).

La acción transcurre en los años 90 que son vistos desde la perspectiva de Celia (Andrea Fandos, el gran descubrimiento del filme), una niña que estudia en un colegio religioso de Zaragoza y comparte experiencias con sus compañeras. Su nueva amiga, Brisa, ha llegado de Barcelona, se siente muy próxima a ella y la hace replantearse el mundo en el que vive. A veces debe quedarse sola en casa porque es huérfana de padre y su madre tiene que ir a trabajar. Pero también tiene muchas dudas sobre su familia que su progenitora no le ha aclarado. La película sigue sus primeros contactos con el sexo en los tiempos del sida, la campaña del "Póntelo, pónselo" y las películas porno que emitía Canal+ codificadas y el extraño efecto que esas rayas producían. Una serie de detalles que quienes vivieron esa época seguro que recordarán. La directora, Pilar Palomero, nos explica otras anécdotas del rodaje.


  

-El inicio de todo. “De los 4 a los 14 años fui educada en un colegio de monjas solo para niñas. Llevábamos uniforme, nos confesábamos al menos una vez por semana y asistíamos a misa todos los miércoles. La mayoría de mis profesoras eran monjas y nos hablaban del cielo y el infierno, del pecado, de la castidad… Y cuando salíamos del colegio, nos encontrábamos con una realidad bien diferente: la de la España de principios de los 90”.

-Entre dos mundos. “Recibí una educación que estaba a medio camino entre dos mundos: uno más tradicional y conservador, herencia directa de la sociedad anterior a la transición; y el otro mundo, el de un país que miraba al futuro con ansias de progreso y modernidad. Y creo que mi educación consistió en una mezcla mal digerida de esos dos mundos porque crecimos teniendo como ejemplo un modelo anticuado de mujer (ama de casa, sumisa, abnegada, solícita) y otro más moderno pero tremendamente sexualizado con el que nos bombardearon a diario”.

Para escoger a las protagonistas vieron a más de mil niñas. / JORGE FUENBUENA

-Buscando a “las niñas”. “Con la responsable del reparto, Gisela Krenn, vimos a casi mil niñas y llegamos a ver hasta 60 en un solo día. La mayoría de Zaragoza, porque en Barcelona buscábamos solo a Brisa. Aquí buscábamos a las otras cinco y a las 18 de la clase”.

-Descubriendo a un pequeña estrella. “A Andrea la vi por primera vez en el cortometraje La comulgante, del director Ignacio Lasierra (también ayudante de dirección en Las niñas). Me fascinó, pero era muy pequeña para el papel la primera vez que la vi. Tres meses más tarde la invitamos a un segundo casting , había crecido bastante y, aunque seguía siendo más joven de lo que yo había imaginado para el papel de Celia, me impactó tanto su mirada, su sensibilidad y lo parecida que es ella a Celia, que decidí rebajarle la edad al personaje para que lo pudiera interpretar, con los cambios de la trama que eso implicaba. Ella y Natalia de Molina tuvieron una conexión excepcional, mágica”. 

Natalia y Andrea llegaron a estar muy compenetradas. / JORGE FUENBUENA

-Zaragoza, la otra protagonista. “La ciudad estuvo muy implicada en el rodaje. Grabamos una escena muy representativa de las tribus urbanas de la ciudad en la que aparecía Manolo Cabeza Bolo y en la que veíamos como era la noche zaragozana nocturna de principios de los 90 con: punkies, heavys, rockeros… Las encargadas del maquillaje (Carmen Arbués) y del vestuario (Arantxa Esquerro) hicieron una ambientación magnífica y mucha de la figuración era gente del equipo. Queremos hacer un corto ahora con eso y lo pondremos en los extras del DVD o del Blu-Ray”.

-Buscando en el baúl de los recuerdos. “El proceso de documentación fue muy curioso, tuve que abrir mi caja de recuerdos que tenía en casa de mi madre, debajo de la cama y en la que tengo guardadas las entradas de los conciertos, las notas que compartía con mis amigas, las cintas de casette dedicadas o carpetas con dedicatorias. Pero para mí había dos elementos fundamentales: la carta que Celia lee a Dios, que en la peli es una redacción y que la escribió mi hermana tal cual y, luego, el dictado de clase de Religión que está sacado de mi cuaderno de 6º y escrito por mí, en puño y letra. En la caja de recuerdos también había fotos con dedicatorias que saldrán en una creatividad muy chula, un corcho de la pared, que hemos preparado para las redes sociales”.

Brisa (izquierda) fue la protagonista de una curiosa anécdota.

-Las dos brisas. “Hacía mucho calor en Zaragoza, porque rodamos el verano pasado. Entonces, el director de producción Uriel Wisnia dijo, en una escena del pasillo en la que Andrea (Celia), tenía que correr: “Abre la puerta, que corra brisa”. La directora y la script se ofuscaron en plan “Que noooo, que no es Brisa la que tiene que correr!! Es Andrea (Celia)”. Brisa es el nombre de la niña que viene de Barcelona y Andrea (Celia), el de la principal”.

-La vida de los personajes. “Como no había ensayos, hicimos varias sesiones con las 18 niñas de la clase de 6ºB, las seis protas y la clase. Trabajé codo a codo con Rubén Martínez como coach, que también es actor e interpretó a Teo en la serie de Élite. Hacíamos una ficha a cada una en las que venía el nombre de sus padres ficticios, la profesión que tenían y el barrio donde vivían y ellas tenían que añadir cómo creían que eran sus personajes”.

La pequeña Andrea Fandos es el gran descubrimiento del filme. / JORGE FUENBUENA

-Reviviendo los 90. “Hacíamos sesiones de trabajo sobre los personajes o sobre cómo era el año 92. Veíamos Sensación de vivirescuchábamos grupos de música de entonces, anuncios de la época, videoclips (Madonna, Heroes del Silencio, Las Mama Chicho). Les pasaba todos esos videos para que los viesen. Otra sesión era la de la disciplina: las poníamos a coser, a rezar el padre nuestro o las enseñábamos a hacer una fila. Muchas se sabían el padre nuestro pero no tenían ni idea de cómo hacer una fila, por ejemplo”.

-La bolsa más deseada. “Arantxa Ezquerro, la directora de vestuario, tiene la misma edad que yo y hemos vivido en barrios vecinos de la ciudad. Nos reuníamos para hablar de la estética de la peli y nos partíamos de la risa porque recordamos cómo íbamos vestidas en esos momentos. Hubo una anécdota muy graciosa que es que cuando teníamos esa edad era muy guay llevar una bolsa de tela de una tienda de Zaragoza, que en la película llevan las dos hermanas, Julia y Ainara. La bolsa en cuestión costaba 5.000 pesetas y la tienda se llamaba G.E. Como nosotras no la habíamos tenido a esa edad y ahora ya no existen, las fabricamos para el rodaje. ¡Fue genial! Otra cosa muy 90’s que coincidió es que todo el mundo cumplió años en el rodaje y era muy, como en el cole, cada día una tarta con velas”.

Pilar Palomero recogiendo su premio en Málaga.  / JORGE ZAPATA / EFE

-Un formato inusual. “El formato cuadrado fue una propuesta de la directora de fotografía de Daniela Cajías por una cuestión nostálgica (por cómo veíamos el mundo a través de la “ventana cuadrada “ de todos los salones en los 90) pero también por una cuestión narrativa: aislar a Celia y centrarnos en ella, en su viaje”.

-Identificado con su personaje. “Carlos, el niño de rizos que pide rollo a las chicas en la discoteca lo interpreta Andrés, el hijo de la maquilladora, Carmen Arbués. Vino un día a las oficinas de producción a ver a su madre y me encantó. Él no quería, pero lo convencimos para que hiciese el casting y lo hizo genial. Su madre le preguntó que qué tal y él le contestó: “Bien mamá, para mí este papel no es difícil; me han dado tantas calabazas."

-Regreso al pasado.” La campaña de “póntelo, pónselo” fue real. La pusieron en la parada del autobús enfrente del colegio y a las monjas y los padres casi les da algo. Fue muy gracioso y me acordé de aquello a través del Facebook del colegio. Duró del año 91 al 93”.