27 sep 2020

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Colson Whitehead: "Un gato muerto sería mejor presidente que Trump"

El escritor afroamericano publica 'Los chicos de la Nickel', una dolorosa historia que prueba el racismo endémico de la sociedad estadounidense

Elena Hevia

El escritor estadounidense Colson Whitehead. 

El escritor estadounidense Colson Whitehead.  / PENGUIN RANDOM HOUSE

Cuando Colson Whitehead (Nueva York, 1969) se enteró en plena pandemia que había ganado su segundo Pulitzer,  una hazaña que solo gigantes como Faulkner o Updike habían logrado, le entró la risa floja. Hace cuatro años que este afroamericano vio distinguida su sexta novela, 'El ferrocarril subterráneo', una dura crónica con ecos fantásticos sobre las vías de huida de los negros del Sur durante la esclavitud. Con la siguiente, en la misma línea reivindicativa de los derechos civiles que la anterior, vuelve a hacer pleno. 'Los chicos de la Nickel' (Random House / Periscopi) convierte en ficción un caso dolorosamente real, el de la escuela Dozier de Florida, aquí llamada Nickel, un reformatorio de 100 años de antigüedad al que iban a parar adolescentes de todas las razas, pero mayoritariamente negros de los que se sacaba un rendimiento económico como mano de obra, se torturaba y en ocasiones se acababa asesinando a los alumnos, caso de que estos se rebelaran, como prueba un cementerio clandestino que solo se descubrió en el 2014, tres años después de que la escuela cerrara.

El protagonista, Elwood Curtis, ve truncadas sus aspiraciones de llegar a la universidad en 1963, tres años antes de que se derogaran las leyes de segregación racial, cuando un error judicial -estaba en el momento y el sitio equivocado- le lleva a aquella casa de los horrores. No es de extrañar que Barack Obama se haya convertido en uno de los devotos lectores de Whitehead, que atiende a la prensa vía zoom desde su minimalista casa de los Hamptons. 

Dar voz a los que no tienen

Que en Dozier (o la Nickel de la ficción) pudieran cometerse tantas atrocidades era un asunto del que los periódicos de Florida hablaban intermitentemente, pero  que no llegaba ni a los grandes medios ni al interés de las autoridades en descubrirlo. “Me atrajo esta historia porque llegué tarde a ella y porque apenas nadie se había hecho eco. Sentí que todos aquellos chicos habían sido abandonados por la Historia y yo quería dar voz a su experiencia” ¿Cómo pudo ser posible tanta incuria? “Los chicos tenían una imprenta, iban a trabajar a granjas de la zona, fabricaban ladrillos y las ganancias iban a parar al estado. Nadie tenía un interés real por descubrir qué se hacía allí”, dice el autor convencido de que una novela no cambiará el estado de las cosas “porque la mayoría de los políticos y de los legisladores no suelen leer libros”. 
Esboza una sonrisa amarga cuando se le comenta que su libro aporta combustible al candente tema del 'Black lifes matter' porque según él la violencia policial es algo que aparece una y otra vez a lo largo de la historia pero que no culminan en una verdadera reforma. “La poli sigue siendo racista. Puede ocurrir que se logre unas ciertas reformas pero luego vienen los republicanos y se las cargan, así que no hay garantías permanentes. Me temo que siempre será un tema actual”. Y para refrendar esa idea recuerda que los responsables de la escuela “se fueron de rositas”. No hay cargos contra ellos y “ahora están cobrando tranquilamente sus pensiones”. 

Siempre sospechoso

La experiencia de Elwood, alguien acaba en el reformatorio solo porque las circunstancias le acusan, no es algo excepcional para Whitehead, en realidad un chico bien de Manhattan que sí pudo ir a la universidad, en concreto a Harvard. “A mí me han detenido y me han esposado solo por ser negro y creo que esto le ha pasado a todos los chicos de color que se alejaban un poco de casa. En Nueva York que te cacheen forma parte de la rutina policial para ver si llevas drogas, eso viola los derechos más básicos”. 

Naturalmente, con las elecciones estadounidenses a la vuelta de la esquina, Whitehead se muestra preocupado por el futuro de su país. “Esa reelección sería trágica para todo el mundo, porque exacerbaría la violencia. Y es que hoy por hoy un gato muerto sería mejor presidente que Trump".