20 sep 2020

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Abierto por vacaciones

Una locura justificada

Cecilia Picún nutre en Sabadell una librería dedicada (o casi) a los autores latinoamericanos

Olga Merino

Cecilia Picún, la librera de LibreRío de la Plata, con su recomendación: ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ (Impedimenta), de Tatiana Tibuleac.

Cecilia Picún, la librera de LibreRío de la Plata, con su recomendación: ‘El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes’ (Impedimenta), de Tatiana Tibuleac. / ANNA MAS

Con el amor sucede lo del melón. Se enamora uno y la pifia o, mira por dónde, corta la primera raja y suena la flauta mágica de la complicidad. De eso va esta historia, del amor en sus múltiples facetas y a la misma vida, que sorprende con unos volantazos de aúpa, como le sucedió a la uruguaya Cecilia Picún. Se enamoró de un viudo catalán y, tras una larga relación epistolar, se lio la manta a la cabeza, y aquí está. En Sabadell, al mando del LibreRío de la Plata, un santuario de papel que inauguró hace siete años, el 14 de febrero, día de los enamorados, no por elección premeditada -habría sido una cursilería impropia-, sino por carambola, porque coincidió con la fecha en que acabaron de instalar las estanterías y, ya puestos, aprovechó la sincronía para dedicar el escaparate a la fiebre libresca. Y a la otra; la que arde.

Después de atravesar geografías, aún hubo otro golpe de timón. Rebobinemos. Cecilia, que estudió Medicina, se ganó el pan en la industria farmacéutica, también a su llegada, hasta que, con la crisis de la burbuja inmobiliaria, la despidieron del laboratorio. ¿Iba a seguir haciendo lo mismo? ¿A esperar el "hasta aquí llegó la vida"? ¿Y en un sector que le daba cierto repelús? Pues, no. Cedió a su pasión lectora y montó la librería en el 2013 ante el pasmo de los vecinos; ¿quién, ante el batacazo, se atrevía a abrir un negocio? "Ah, bueno, es usted latinoamericana…", le decían. Un origen que al parecer justificaba la locura. Así que, al principio, quiso consagrar su local a los escritores de América Latina, una elección en la que fue pionera, puesto que, hace una década, en las librerías españolas no había mucho más horizonte que los autores del 'boom'. O bien Jorge Luis Borges compartía balda con las autoayudas de Jorge Bucay y Paulo Coelho. El lío padre.

Quiso consagrar su local a los escritores de América Latina, una elección en la que, hace año en España, fue pionera

En atención a su nombre, el LibreRío de la Plata (Sant Jaume, 8, Sabadell), que alude a un torrente de agua fresco y montaraz, se rige ahora por un criterio de selección algo más laxo: en el fondo de armario se queda lo que a la librera le gusta. Tal cual; el tiempo lector es limitado. Eso sí, con especial atención a los paisanos continentales, al álbum ilustrado y a la producción de las pequeñas editoriales, "las que se atreven al riesgo", entre las que cita a Sajalín, Páginas de Espuma, Periscopi y Club Editor, con excelentes traducciones al catalán.

A una de estas casas independientes, Impedimenta, que dirige Enrique Redel, corresponde la sugerencia de hoy, 'El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes', que Cecilia Picún recomienda especialmente a los más jóvenes, aunque se trate de una obra dura, cruel, de una belleza retorcida. "Es un libro para regalar a un adolescente que tú quieres que se convierta en lector", apostilla. Aconseja abordarlo sin atender a lo que pone en la contracubierta, zambulléndose directamente en la prosa de la moldava Tatiana Tibuleac. Después de todo, el arranque resulta irresistible: "Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años". Chapuzón de cabeza.