23 sep 2020

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ENTREVISTA

Jordi Herreruela (Cruïlla XXS): "Si todos nos paramos, tenemos un problema como sociedad"

Jordi Herreruela, director del Cruïlla XXS, hace balance de esta edición excepcional del festival, que cierra sus puertas tras haber atraído a 35.000 personas en cerca de 200 espectáculos

Jordi Bianciotto

Jordi Herreruela, director del Cruïlla de Barcelona, este martes en uno de los escenarios del festival, el Camp Nou. 

Jordi Herreruela, director del Cruïlla de Barcelona, este martes en uno de los escenarios del festival, el Camp Nou.  / FERRAN SENDRA

El Cruïlla cerró este martes su edición más impensable, que bajo la marca Cruïlla XXS ha dado respuesta a las restricciones impuestas por la covid-19 con cerca de 200 espectáculos que han atraído a 35.000 personasSu director, Jordi Herreruela, habla de “satisfacción”, pero también de “agotamiento total” al término de este festival que, el pasado 15 de mayo, fue el primero de España en anunciar una parrilla de conciertos en tiempo de desescalada.

Muchos conciertos y aforos pequeños: la media de asistencia no alcanza a las 200 personas por espectáculo, con un 53% de ocupación. ¿Han sido un obstáculo los mensajes de las administraciones como “quédense en casa si no es imprescindible”? 
Mensajes como ese, sí, o como el de criminalizar la cultura como foco de propagación del virus, porque lo primero que se cerró fueron las actividades culturales, cuando si algo hemos demostrado estas semanas es que los conciertos eran seguros. El departamento de Salut nos ha confirmado que no ha habido casos de covid-19 vinculados a ninguna actividad cultural. Pero hemos tenido que demostrarlo. Hemos agotado las entradas de 27 de los casi 200 espectáculos, y es importante haber vendido 35.000 entradas. ¡Ha costado muchs! En lo nuestro ha habido mucho de activismo cultural, porque, en estas condiciones, la rentabilidad es muy difícil.

¿Cómo de difícil?
Si el día que el Procicat hizo aquella resolución, el Ayuntamiento y el Cruïlla no nos cogemos de la mano y luchamos para que se planteen excepciones para las actividades culturales seguras, ahora estaría todo parado. Y detrás de Barcelona habría caído gran parte del país, porque nos llamaba mucha gente, de Catalunya y de Baleares, y de Madrid, pidiéndonos que aguantásemos. Hablamos de espectáculos al aire libre, con lo que eso comporta: espacios donde no había una infraestructura creada, con sobrecostes importantes por las medidas sanitarias, y todo ello para aforos de como máximo 800 personas. La ocupación final ha sido del 53%. No hay que ser economista para ver que esta no es una actividad empresarial.

Da la sensación de que el Cruïlla ha establecido un diálogo cómplice con el Ayuntamiento.
Su colaboración más importante ha sido la valentía: en el momento más delicado, cogernos de la mano y resistir, y demostrar al Procicat que nuestra actividad era segura. Y no solo para el Cruïlla o el Grec, ni tan solo para la cultura: era la primera vez que se ofrecía la opción de hacer excepciones al cese de una actividad si se demostraba seguridad. Eso marca un camino para cualquier otro sector. Luego, el Ayuntamiento nos ha ayudado a movernos para conseguir las licencias que permitieran hacer actividades al aire libre en cada uno de los escenarios, frente a una normativa pensada para evitar que se hagan cosas en los espacios públicos. Y finalmente, recibimos una subvención cada año, que en el 2019 fue de 40.000 euros y este año, de 50.000.

Jordi Herreruela, este martes en el Camp Nou / Ferran sendra

¿Qué presupuesto han manejado en este Cruïlla XXS?
Un millón y medio de euros. El año pasado fueron seis millones. Evidentemente, esa subvención no justifica hacer el festival. No es la más grande que dan desde el ICUB, y la retornamos en la contratación de servicios públicos, por ejemplo, en la Anella Olímpica. Sí, recibimos una subvención, pero acabamos pagando por los espacios que ocupamos, como entiendo que debe ser.

¿Qué han aportado otras instituciones?
Como cada año, hay un reintegrable de la Generalitat, que se mueve entre los 100.000 y los 150.000 euros. Un crédito con unas condiciones y después, dependiendo de cómo te haya ido, una parte se convierte en subvención y otra tienes que devolverla. Ahí aún estamos viendo como articularlo. Tanto la subvención del Ayuntamiento como la de la Generalitat se otorgan respecto al proyecto inicial, el Cruïlla normal. Ahora nos toca rehacer proyectos y ver si el cambio de presupuesto tiene algún tipo de penalización.

Se temía que los patrocinios de los festivales desaparecieran por completo. No ha sido así.
Los patrocinadores nos han apoyado por compromiso con el festival y por no dejarnos tirados, pero está claro que ninguna empresa vive ahora en momento dulce como para invertir en marketing. Nos han apoyado, y lo agradezco muchísimo. Hemos logrado sacar un 10% del presupuesto. Sumándolo a las instituciones, tenemos un 20%. Otros años era el 12 o el 13%, porque el presupuesto del festival era mucho más grande.

Así, el grueso de sus números tiene que haberlo cubierto la venta de entradas.
Pero no ha sido así.

"Ha sido deficitario, y ha generado un agujero importante que podemos cubrir. Ha sido un ejercicio de compromiso con el sector"

¿Ha sido deficitario, el Cruïlla XXS?
Sí, ha sido deficitario, y ha generado un agujero importante que podemos cubrir, porque hemos pedido financiaciones e ‘icos’. Ahora tenemos que ser realistas. Este ha sido un ejercicio de compromiso con el sector, pero no es el mejor momento, ni para el público, que ha tenido miedo, ni para los patrocinadores, ni para las administraciones. El otro día, un promotor me decía: “yo he parado hasta marzo del año que viene”. Pues si todos hacemos lo mismo, si todos nos paramos, tenemos un problema como sociedad.

¿Hay que buscar soluciones para el día a día y no esperar a que las cosas se resuelvan de golpe a corto o medio plazo?
El Cruïlla XXS apareció en un momento en el que todo eran noticias negativas de festivales que se cancelaban. Queríamos poner nuestro granito de arena para transformar ese estado de ánimo envuelto en negatividad. Nos toca adaptarnos; ver qué cosas se pueden hacer y cómo hacerlas viables económicamente, porque no podremos seguir haciéndolas como en este Cruïlla XXS. Pero no podemos pararnos; parar a los artistas, los proveedores, toda la gente que se mueve detrás de nuestra actividad. Porque, si lo hacemos, hay un efecto en cadena que es mortal para la sociedad y para la cultura.

Un momento crítico fue aquel viernes 17 de julio en que el Govern anunció las nuevas restricciones en la Barcelona metropolitana, abiertas a unas excepciones que tardaron días en concretarse.
Estuvimos tres, cuatro días, en un estado de incertidumbre, del que salimos porque el Ayuntamiento y nosotros fuimos a una. Esa suma de proyecto público y privado, y los muchos apoyos en las redes, y las declaraciones de Mitjà, Clotet o Trilla a favor de la actividad cultural, todo eso acabó decantando la balanza. Además de mucho rigor, porque presentamos unos planes minuciosos de protocolos de seguridad. Mucha gente viene a los conciertos y nos dice: “esta es la actividad más segura que he hecho en todo el día”. La Generalitat, el departamento de Cultura, ha estado siempre de nuestro lado, pero da la sensación de que el Procicat tiene una gran independencia y los políticos no tienen capacidad de incidir.

¿No está bien que sea así?
Pero creo que comunicativamente se ha hecho muy mal, aunque entiendo que era la primera vez desde el 13 de marzo que se planteaban excepciones como aquellas. El Procicat abrió una puerta que no estaba preparado para gestionar: hacer excepciones y examinarlas una a una.

Si el marco sanitario de los próximos meses sigue siendo el actual, ¿qué nos espera?
Trabajar para hacer las cosas viables. Hay una parte de nuestra actividad que no ha sido deficitaria: los conciertos con ‘sold out’ de los artistas más populares. Pero, ¿debemos organizar solo estos conciertos? ¿Y los demás artistas? ¿Es función del promotor privado responsabilizarse de todo eso, o solo de lo rentable? Y si hemos de tener una vocación de servicio público, ¿qué ayudas hay? Sean las que sean, no pueden seguir los mismos parámetros de antes del covid-19. Tenemos que ver cuál es el papel de los patrocinadores. Nos toca ver cómo todo eso se recoloca, aunque creo que no nos pasará nada que no le pase a otro sector: el hotelero, la restauración, el comercial.

Si no se permiten aforos mayores, ¿esto puede seguir adelante?
No lo sé. Quizá nos tocará subir un poco el precio de las entradas. Es demasiado pronto como para sacar estas conclusiones. A ver si soy capaz de explicarlo bien. Catalunya tiene una gran cantidad de oferta cultural financiada con dinero público, a través de sus ayuntamientos e instituciones, donde no se busca la rentabilidad económica. Y grandes corporaciones, como la Fundació La Caixa, que hacen mucha actividad cultural y que tampoco busca la rentabilidad. Luego están las ‘majors’, como Live Nation o AEG Live, que intentan ocupar una cuota de mercado monopolística y cuyos resultados dependen más de su cotización en bolsa y del crecimiento en facturación que de la rentabilidad en sus acciones. Bien, en medio de todo eso hay unos pocos promotores privados, vinculados al territorio, que no pueden no buscar la rentabilidad, porque tendrían que cerrar. Y aún así, ¡a veces se pone el foco de la crítica en esos pocos promotores privados porque intentan hacer negocio, o porque tienen patrocinadores! Cuando el promotor independiente es una especie en extinción. Con las compras de los grandes grupos internacionales y la entrada de los fondos de inversión, hemos perdido competitividad, y resulta complicado mantenerte como promotor independiente. Pero ahora lo será todavía más, y quizá haya un proceso de concentración.

¿Es viable un Cruïlla de Tardor, en el invernadero que levantan en el Poble Espanyol, pero con las limitaciones de este Cruïlla XXS?
Quiero esperar a septiembre para decidirlo. Pero no soy muy optimista respecto a la evolución de la covid-19 en otoño, y me gustaría ser prudente e ir tomando decisiones en el corto plazo. Creo que proyectar mucho más allá de un mes y medio o dos meses, de momento, será complicado. Pero hemos encontrado nuevos espacios: el Camp Nou ha sido un descubrimiento al que veo posibilidades. Y el jardín del Museu Marítim: la cantidad de público y el impacto de la programación ‘comedy’ ha sido una muy grata sorpresa. Hay campos que podemos seguir desarrollando. Pero no me imagino un Cruïlla de Tardor como lo hacíamos, con miles de personas saltando y bailando.

¿Veremos conciertos al aire libre este invierno?
Creo que sí. Para ser rigurosos, es conveniente la distancia, el gel para las manos, las mascarillas y el aire libre. Si eliminamos uno de esos factores... Veo que parte de la temporada de teatro se plantea en aforos al 100%, y no me parece prudente. Me sabe mal. También por las salas, que son la cuna de los artistas. Pero ahora no me las imagino llenas de gente bailando unas al lado de las otras. La cuestión es qué hacemos, si nos paramos todos, o nos ponemos en marcha y buscamos la fórmula. Pero no la encontraremos desde la posición de no hacer actividades. Solo la encontraremos estando en marcha. Todo el tiempo que pasamos resistiéndonos a cambiar nuestro modelo representa energía perdida que deberíamos invertir en reinventarnos.

¿Es un error parar ahora esperando que en algún momento del 2021 volveremos a la normalidad de siempre?
Si estás parado mucho tiempo, luego igual ya no arrancas. Es casi una responsabilidad colectiva. Un compromiso con la cultura, la ciudad, el país... En nuestro sector hay muchos profesionales autónomos, ‘freelance’, que solo cobran si trabajan. Debemos buscar espacios al aire libre, reinventarnos, para que esto no sea un desastre económico. Pero lo que no podemos hacer es competir con una oferta pública de entradas a precios muy económicos. Aquí hay que pedir un poco de responsabilidad a las administraciones. Que no regalen las entradas.

Se refiere a las fiestas mayores.
Y a cualquier programación en equipamientos públicos, que no son gratuitas pero que a veces poco les falta. Yo estoy muy contento con lo que ha hecho el Grec este verano, pero ha sacado entradas de 5 y 15 euros.

¿Ve los festivales públicos y los privados trabajando juntos?
Sería lo más sensato. Está muy bien lo del Grec: salva a una parte de la cultura. Pero se carga a otra. Nos toca a todos trabajar para que la cultura sea accesible. La colaboración público-privada seguramente es de las pocas alternativas que hay para mantener el sector privado vivo.

¿Cómo imagina el Cruïlla del verano del 2021?
Se está diciendo que, incluso en el caso de que salga una vacuna o tratamiento, los festivales se tienen que reinventar. Que tienen que pensar más en el público local, y limitar los aforos, y que haya multiactividad, para no concentrar a todo el mundo en el mismo escenario. Y todo eso coincide bastante con lo que hemos estado haciendo en el Cruïlla. Nuestro modelo hasta ahora ya se parecía bastante a las soluciones que se están poniendo sobre la mesa, y que se acerca a lo que podría ser una solución.