14 ago 2020

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ENTREVISTA

Joanna Hogg: "Cuando no hago cine, vivir me cuesta bastante"

La directora británica estrena 'The Souvenir', su extraordinario cuarto largometraje

Nando Salvà

Joanna Hogg, el pasado otoño. 

Joanna Hogg, el pasado otoño.  / JULIE EDWARDS LFI AVALON

En su extraordinario cuarto largometraje 'The Souvenir' -es una pena que los tres anteriores, especialmente 'Archipiélago' (2010) y 'Exhibición' (2013), pasaran tan desapercibidos-, la directora británica Joanna Hogg revisita su propio pasado como joven veinteañera que trata de descubrir -o de inventar- su propia identidad personal y artística mientras experimenta una tumultuosa relación con un adicto a la heroína. La película, cuya segunda parte tiene previsto lanzar el año que viene, acaba de estrenarse en plataformas digitales.

-Usted ha dicho que empezó a pensar en 'The Souvenir' en 1988, justo después de graduarse en la escuela de cine. ¿Por qué ha tardado tanto tiempo en hacerla?
-Sentí que no tenía las habilidades necesarias para ello. Y quería hacer dos películas, la primera para contar la historia de la relación y la segunda para explicar el desarrollo de mi voz artística a la sombra de mis experiencias vitales. Decidí archivar el proyecto, y cada tantos años intentaba volver a él y descubrir cómo contar la historia tanto desde mi punto de vista como desde el de mi ex. Sin embargo, hace unos años comprendí que no necesitaba preocuparme por el punto de vista de él; que podía crear mi propia impresión del tiempo, y que no importaba si era fiel a la realidad o no.

-No debió de ser fácil recordar una etapa tan compleja de su vida...
-No lo fue; pasé por momentos bastante oscuros mientras pensaba en la película. No es que mi pasado me siga perturbando, pero me supuso un gran reto volver a pensar en la persona que fui, o en la que creía haber sido. No sé, lo que descubrí no fue muy halagador. En todo caso, lo más revelador para mí de este proceso ha sido comprobar que, en muchos otros aspectos, apenas he cambiado en todos estos años.

-¿En algún momento sintió nostalgia?
-Supongo que la nostalgia puede fácilmente derivar en el sentimentalismo, y eso es algo que no me interesa. Por otra parte, sí, confieso sentir mucha nostalgia por esos años de juventud. Cuando miro hacia atrás y leo mis diarios de esa época, y pienso en lo que pensaba y lo que sentía, me invade el deseo de volver a experimentarlo. No digo que quiera volver a tener 20 años... pero, en algunos aspectos, siento que sería bueno.

-¿Diría que hacer 'The Souvenir' ha sido para usted una forma de terapia?
-No creo que lo sea. En mi vida he hecho mucha terapia real y ahora desconfío de ella, y siento que no le hacía ningún bien a esa parte de mí misma que considero mi motor creativo. Si descubrir más cosas acerca de mí misma significa arriesgarme a destruir algo que es tan importante para mí, no lo quiero. Mi creatividad es algo esencial para mí. Cuando no hago cine, vivir me cuesta bastante, así que necesito ese impulso artístico.

-Uno de los aspectos más interesantes de la película es su modo de capturar cómo las ambiciones y pasiones de una persona pueden desvanecerse cuando se enamora de la persona equivocada...
-A veces no tienes otra opción. Te dejas llevar porque no puedes verte fuera de la relación, hasta que hay un momento en el que piensas, “tal vez eso no está bien" o "quizá tengo que acabar con ello". No estoy segura de cuánto dolor sentí, quizás solo lo haya olvidado. De hecho, no sé si lo llamaría dolor. Con el tiempo me he dado cuenta de cuánto sufrí, pero mientras viví la relación permanecí adormecido.

-¿De qué manera encaja la experiencia de la protagonista de 'The Souvenir' en el debate social abierto por movimientos como el MeToo?
-Escribí 'The Souvenir' hace seis años y, a decir verdad, no creo que pueda haberla escrito en la actualidad. En su momento, me pareció interesante plantear asuntos como las dificultades para que una mujer cineasta afronta en una industria dominada por hombres, o sobre lo inapropiado que resulta juzgar con mentalidad del siglo XXI comportamientos del siglo XX. Si  hubiera sabido cómo iba a evolucionar el discurso cultural en los últimos años, quizá no habría sentido la necesidad de hacer la película.