15 ago 2020

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RUTA DE FIESTAS MAYORES

Diego Cortés: "Con Paco de Lucía me temblaban las piernas"

El guitarrista combina sus propios bolos de flamenco, rumba y canción con los que ofrece como fiel escudero de Albert Pla

Jordi Bianciotto

El guitarrista Diego Cortés.

El guitarrista Diego Cortés. / EL PERIÓDICO

El guitarrista gitano barcelonés Diego Cortés, cómplice de Albert Pla desde hace dos décadas, mantiene este verano el cartel de abierto. Este domingo actuará en el restaurante La Donzella de la Costa, en la playa de Badalona, en sesión de sobremesa (16.30 horas), actuación a la que seguirán las del 7 de agosto en Can Masferrer (Riudarenes), el 21 en las fiestas de Tordera y el 27 en Pineda de Mar. Y con Pla estará en Montblanc el 28 de agosto.

-¿Qué clase de concierto se ha inventado para este verano?

-Voy con mi hijo, Dani Cortés, que me acompaña a la guitarra, y con un cantante, un gran tenor que se llama Sam, a secas. Tocamos un poco de todo, desde los ‘Caramelos’, de Los Amaya, hasta ‘Aquellas pequeñas cosas’, de Serrat, y bulerías mías, rumbas, algo de Albert (Pla)... Todo, arreglado a nuestra manera. En estos bolos de sobremesa de La Donzella la gente se anima en seguida. Es un buen público.

-Su carrera es kilométrica y con algunos episodios poco conocidos. ¿Cómo empezó en esto?

-Pues a los nueve años, y tengo 63. Con mi padre, Diego Cortés también, que tocaba la guitarra, y mi padre, Cristeta, La Gitanilla de Granada, que no era de Granada, pero bueno... Hicimos giras por Holanda, Bélgica, Alemania... Así comencé.

-¿Siguiendo la estela de Peret?

-Pues sí señor, por ahí, por ahí... A Peret le conoció a los 14 o 15 años. Él abrió un camino nuevo y lo hizo muy bien: rumbas que no hacían pensar mucho a la gente, que entraban como el agua. Pero yo la rumba la hacía más ‘funky’ y no adopté el ventilador hasta hace unos pocos años, con su sobrino, Miliu Calabuch. El ventilador es fácil, pero hay que tener esa cosa, ese aire, para tocarlo. Hay músicos que son virtuosos y que no saben hacer bien el ventilador.

-¿Cuál es su guitarrista número uno?

-Paco de Lucía. El máximo exponente de todo. Fui a verlo y me temblaban las piernas. ¡Solo de verlo, ni siquiera estaba tocando! Luego, con mi grupo, hice giras con él. También Pat Metheny, que me hizo pensar en más cosas que el flamenco.

-Con 17 años debutó en Nueva York, y no en un club, sino en el Madison Square Garden.

-Era muy jovencito... Eso fue porque me salió ir a tocar a un crucero por las Bahamas y Puerto Rico, y a un pasajero le gustó como tocaba y me hizo la propuesta. Yo solo con la orquesta, todo un concierto, tocando ‘El amor brujo’, de Falla, y otras piezas de guitarra clásica, con la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Lo que me costó aprender aquello, cuántas horas... Porque yo no sé música; no leo partituras. El miedo que tenía antes de salir no se lo deseo a nadie. Luego volví a Nueva York con Jaleo y con Albert (Pla).

-Pues luego tocó con Mike Oldfield en el ‘Musical Express’ de Ángel Casas, en 1980.

-Después de compartir cartel con él y con los Ramones en la Festa de Treball, en Montjuïc, ante 250.000 personas. Él me vio tocar entonces y pidió a Àngel Casas que yo estuviera. Tocamos un tema nuestro, ‘Pastosa’. Buen tío, muy músico. Diferente de Santana, con quien toqué en la Monumental, con Larry Coryell, y que me pareció un tío rarísimo, pasado de ego.

-En los 90 creó Jaleo y, después, Kejaleo, grupo en cuyo único álbum (‘Alaire’, 2013) hay una superformación, con Xavi Turull (Ojos de Brujo), el fallecido Roger Blàvia y una joven cantante llamada Rosalía.

-Hicimos un disco muy, muy, guapo. Era un grupo demasiado bueno. No es por echarme flores, pero creo que Kejaleo ha sido el mejor grupo de fusión flamenca de la historia. Rosalía allí hacía de todo: doblaba melodías mías de la guitarra y cantaba todos mis temas.

-Le vería algo especial.

-Pues, la verdad..., no. Lo que sí vi es que gustaba mucho. Lo hacía muy bien, y le dabas a improvisar y te hacía lo que quería. Pero lo que ha pasado con ella me ha sorprendido muchísimo.

-Su entente con Albert Pla se remonta al cd-‘single’ ‘Solitos’, de 1998. ¿Cómo se entiende su complicidad, viniendo de mundos muy distintos?

-Cuando me hablaron por primera vez de Albert yo no conocía su música; mi mundo era la vanguardia del jazz flamenco. Pero Brauli Paz, su mánager, me llevó a verlo. Al principio pensé: “este tío está como una regadera, no sabe cantar...” Pero a medida que avanzaba el concierto, me dije: “vale, pero es un artistazo que te mueres”. Ahí empezó todo.

-Usted le da solidez instrumental.

-Conmigo, él se olvida de la guitarra y de la música. Sabe que le seguiré tanto si la caga como si no. Lo nuestro es una ‘freakada’, un tío flamenco como yo, y él, con aquel careto... El respeto es mutuo: nunca nos hemos dicho una palabra más alta que la otra, y eso es dificilísimo.

-En todos estos años habrá hecho fiestas mayores en grandes cantidades.

-Siempre las he ido haciendo: siete, ocho, diez..., todos los años. Ahora, de mayor, hago más que antes, aunque lo mío sea más para teatros y espacios recogidos que para grandes multitudes. Pero he aprendido mucho de las fiestas mayores: ahí puedes darte cuenta de que un tema tuyo que creías buenísimo no sirve para nada. La gente va pasando por ahí, y como no la enganches, no te comes una rosca.

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