05 ago 2020

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TRAS EL ÉXITO DE 'LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT'

Joël Dicker: "La gente olvida que debe seguir actuando con responsabilidad ante la pandemia"

El escritor suizo regresa con 'El enigma de la habitación 622', una lucha por el poder en la cúpula de un banco suizo vestida con un triángulo amoroso

Anna Abella

El escritor suizo Joël Dicker, durante una visita a Madrid en el 2018.  

El escritor suizo Joël Dicker, durante una visita a Madrid en el 2018.   / DAVID CASTRO

Con 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' y tras ganar el Goncourt des Lycéens se instaló en el Olimpo de los ‘best-sellers’ ganándose a 9 millones de lectores y siendo hoy traducido a 42 países. Muchos vieron en el protagonista de aquella novela de tintes negros, un escritor estadounidense, el álter ego de su autor, el suizo Joël Dicker (Ginebra, 1985). Ahora, sin tapujos, en ‘El enigma de la habitación 622’ (Alfaguara / La Campana), uno de los personajes es un escritor con su mismo nombre que busca días de retiro en un hotel de lujo, en los Alpes. Allí seguirá la historia de un triángulo amoroso y de las intrigas por el poder en la cúpula de un importante banco suizo que acabaron con una muerte en una de sus estancias. Además, rinde homenaje a su desaparecido editor, Bérnard de Fallois (1926-2018), quien le lanzó a la fama y le guió luego por novelas como ‘La desaparición de Stephanie Mailer' o ‘El libro de los Baltimore’. Responde por videoconferencia desde su casa, en Ginebra. 

Retrata el mundo de la banca en Suiza, un paraíso fiscal. Con servicios secretos que velan por proteger las fortunas opacas de sus clientes y que operan también en Madrid. ¿Alguna influencia de la lista Falciani de evasores fiscales o de casos como el del rey Juan Carlos? 
El sector bancario es muy importante en Suiza, es uno de los pilares de la economía. Es un país ligado a un sistema bancario que ha evolucionado. Antes hacía cosas intolerables que ya no pueden hacerse hoy en cuestión de fiscalidad. No se trata de ocultar dinero al fisco sino de que la gente vea que declarándolo se protege la estabilidad de la sociedad. 

Usa algún código del ‘thriller –alguna muerte, una investigación…- , pero se acerca más al drama y el enredo romántico. 
Cierto, yo respeto mucho la novela policiaca y esta novela podemos decir que responde a códigos y criterios concretos del género porque hay un asesinato y una investigación. Pero en realidad no creo que mis novelas sean negras. Aquí hay una historia, un trío amoroso… y trato de sentimientos, de amor carnal y filial, de amistad...

Un banquero muy, muy rico, Macaire. Y su mujer, Anastasia, y su amante y también banquero, Lev, de origen muy humilde. Está muy presente esa diferencia de clases y la obsesión por subir peldaños sociales. 
No es un estereotipo, son mundos que atraen porque en una sociedad nos atrae lo que brilla. La idea de riqueza y dinero permite llegar a eso. Lo vemos en la voluntad de la gente en mostrar ese brillo en las redes sociales pero suele ser una imagen falsa, pero eso forma parte de la sociedad. Quería poner de relieve esa obsesión por subir de estatus social cuando lo importante es respetarse a uno mismo. 

"Trump es responsable de muchas cosas, pero también lo son quienes lo eligieron"

¿El poder y el dinero son como una droga?
Los personajes son ejemplos de que cuando conseguimos una cosa ya queremos otra. En Macaire esa tentación es más importante, porque para él sus problemas son insuperables. Ambicionamos lo que tienen los demás, no estamos contentos con nuestra vida, somos incapaces de vivir con lo que tenemos. A la gente le gustaría ser otra cosa distinta a lo que es. Un problema de la sociedad en que vivimos es que estamos tan conectados por todas partes, grabándolo todo con los teléfonos, que somos incapaces de vivir el momento presente. 

Algún personaje se atreve casi a pactar don el diablo para lograr lo que ambiciona. ¿Usted lo haría?
Yo no haría un pacto con el diablo. Nunca me lo he planteado ni lo haría porque las consecuencias son enormes. Pero en la novela descubrimos que, a fin de cuentas, todos queremos ser todopoderosos, aunque signifique sacrificar algo tan importante como nuestro destino. 

¿Servirá la pandemia para cambiar las prioridades de la gente? 
Espero que el coronavirus actúe como un elemento que haga que la gente haga click, que sea como un ‘shock’, y que esa toma de conciencia y esas cosas que nos hemos prometido durante los meses de confinamiento se mantenga a largo plazo. Pero soy en parte pesimista y temo que la gente tiende a olvidar que debe seguir actuando con responsabilidad. No sé qué  pasará ante nuevos brotes. Pero creo que al votar la gente tiene que elegir a políticos que adopten decisiones buenas. Trump es responsable de muchas cosas, pero también lo son quienes lo han elegido. La gente vota a sus presidentes y representantes expresando su descontento o mal humor cuando lo que debe hacer es elegir a quienes mañana tomarán decisiones fundamentales en momentos de crisis, sea la del coronavirus u otra. En los países democráticos aún tenemos la suerte de poder elegirlos.

El personaje de Anastasia cede desde niña a los planes de su madre de buscarle un marido rico, ¿no es inverosímil hoy en constante reivindicación de la mujer? 
En la novela es la petición de una madre de otra época que quiere algo que impida que su hija sufra la experiencia que ella ha tenido, quiere de alguna forma reparar su vida con la de la hija. Afortunadamente, la sociedad actual ha evolucionado y en 50 años se ha visto un cambio importante. Pero sigue habiendo un machismo omnipresente, que de alguna manera denuncio en el libro. Las desigualdades salariales entre hombre y mujeres, los problemas de las embarazadas para trabajar al volver de la baja de maternidad… La sociedad no ha luchado suficientemente contra todo eso y aún vivimos en un mundo muy patriarcal. Lo hemos visto durante el confinamiento con tantos casos de maridos que matan o maltratan a sus esposas o parejas. 

"Todos queremos ser todopoderosos, aunque signifique sacrificar algo tan importante como nuestro destino"

El libro es también un homenaje a su editor de Editions de Fallois, quien llamó uno a uno a los libreros para pedirles que leyeran su primer libro. ¿Qué lecciones aprendió de él? 
Su  curiosidad, sus consejos, su curiosidad, el preguntar y escuchar a las personas antes de formarse una opinión, el leer, el querer evitar las noticias falsas, toda una enseñanza atemporal. Él fue el primero que creyó en mí en un momento en que otras editoriales me rechazaron y me aceptó y me reivindicó ante la gente. Hizo que saliera el escritor que había en mí. Mientras escribía este libro pensaba en él, en si habría creído que era una buena novela para publicarla. No sé si la hubiera publicado. Él me decía que no lo haría si no hacía bien mi trabajo. Teníamos una relación como de entrenador y deportista, de dos personalidades muy diferentes que se necesitan y alimentan una a la otra. 

Aquí usted se mete dentro de la novela escribiendo la novela que el lector está leyendo. 
No es autoficción, donde la mezcla entre realidad y ficción no es tan clara y en general se disfraza la realidad con ficción. Aquí hay parte de novela que corresponde a la realidad, que es el relato verdadero con mi editor, pero el resto es ficción. Y desestabilizo un poco al lector al poner mi nombre al personaje de Joël, soy yo, pero no soy yo. En ‘Harry Quebert’ el narrador no era yo ni llevaba mi nombre pero el lector, en su imaginación, decidía que ese Marcus Goldman era yo.

"Somos incapaces de vivir con lo que tenemos y de vivir el presente"

Ha pasado el confinamiento en su casa, en Suiza. 
​Aquí fue voluntario, no estábamos obligados a quedarnos en casa, pero la gente no salió mucho. Las tiendas cerraron y muchas empresas están en dificultades porque no saben qué va a pasar. 

¿En qué ha invertido el tiempo en confinamiento?
Durante el confinamiento he estado demasiado inquieto y agobiado por lo que ocurría como para entregarme al placer de la lectura. He visto mucho las noticias. Pero espero que la gente sí haya leído mucho. De hecho los libreros me han comentado que al volver a abrir han recuperado mucho las ventas y eso es buena señal. 

¿Escribiría sobre lo que está pasando?
Aún es demasiado pronto, debo digerir lo que está pasando y ver qué pasará con la pandemia. Necesitamos perspectiva. Estamos absolutamente volcados en las redes, todo el mundo opina y tiene una voz, pero en vez de dar una voz constructiva difundimos nuestras opiniones por todo el planeta sin responsabilizarnos de cómo tratamos la información, hay que verificar las fuentes.

¿Cómo ve el futuro de la cultura tras esta crisis? 
Dependerá de nuestra capacidad de asumir la responsabilidad de qué podemos hacer para ayudar a la cultura: leer, hacer que la gente lea, ir a espectáculos, al cine… Hay que ayudar con nuestro grano de arena en lo que el sector cultural nos ofrece.