25 oct 2020

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Un testamento cinematográfico

Juan Marsé, el blanco parpadeo del cine

Marsé fue adaptado en nueve ocasiones, escribió varios guiones y dejó huella de su cinefilia en novelas y cuentos.

Quim Casas

Fernando Trueba y Juan Marsé preparando una escena de ’El embrujo de Shangai’

Fernando Trueba y Juan Marsé preparando una escena de ’El embrujo de Shangai’ / JULIO CARBÓ

Juan Marsé pertenecía a una generación que creció en las salas de cine barcelonesas en tiempos de posguerra. Nunca la visión de películas de aventuras, del Oeste, bélicas o peplums de Hollywood ha tenido tanto sentido como evasión de la realidad. De eso sabían mucho Marsé y Terenci Moix, y lo volcaron de una manera u otra en su literatura. Y si bien Moix ejerció la crítica de cine en las páginas de 'Film Ideal', y después en 'Fotogramas', Marsé imprimió esa deuda con el cine en sus obras.

 En la magnífica edición de los 'Cuentos completos' del autor, editada por Enrique Turpín en el 2003, pueden encontrarse esos ecos cinematográficos permanentes. El más famoso de sus cuentos 'cinéfilos' es el titulado 'El fantasma del cine Roxy', toda una declaración de principios al enfrentar a un veterano escritor con un director novel que solo ha visto filmes en el vídeo: "Viendo video, según tu deplorable expresión, has aprendido el oficio sin necesidad de sumergirte en aquellos cines de barriada de programa doble. Te felicito, eres un señorito de celuloide, un degustador de zooms y travellings enlatados. ¡Pero si supieras lo que te has perdido en los gallineros!", le espeta el escritor al cineasta.

  Marse debía sentirse incómodo con los derroteros que han ido tomando la distribución y exhibición cinematográfica en los últimos tiempos, aunque para él las películas seguían siendo buenas o malas, más allá de dónde y cómo se viesen. Pero para alguien que escribió lo siguiente, la sala de cine era un auténtico tesoro: "La luz plateada del proyector como un blanco parpadeo de alas de mariposa atravesando las tinieblas del local entre suaves copos de nieve que flotan sobre la gran platea blanca, inmaculada y fantasmal". Un espectador de cine era para él alguien que absorbe espectros y quimeras, luces y sombras de otra vida más intensa y hermosa. En eso, quizá, se parecía a François Truffaut.

  Uno de sus amigos cineastas fue quien más veces le adaptó a la gran pantalla. Vicente Aranda dirigió cuatro películas basadas en novelas de Marsé: 'La muchacha de las bragas de oro' (1979), 'Si te dicen que caí' (1989), 'El amante bilingüe' (1993) y 'Canciones de amor en Lolita's Club' (2007). La primera y la segunda, interpretadas ambas por Victoria Abril, sostienen bien la crudeza de lo expuesto por Marsé en sus respectivas novelas, especialmente en el segundo caso.

  El escritor nunca quedó enteramente satisfecho de los filmes que se realizaron a partir de sus novelas, pero todos consiguieron evocar bastante bien la Barcelona en duermevela de Marsé, la división de clases, el submundo de la prostitución y la violencia, los bajos fondos y los barrios de la alta burguesía. Todas las películas son interesantes por alguna razón u otra, como 'Últimas tardes con Teresa' (1984), dirigida por Gonzalo Herralde con guion de Ramón de España y el propio Marsé, perfecta en su modulación de las relaciones entre la chica burguesa (Maribel Martín) y el "Pijoaparte" (Ángel Alcázar). O 'La oscura historia de la prima Montse' (1977), filme de Jordi Cadena protagonizado por Ana Belén y Ovidi Montllor que, paradójicamente o no, contribuyó mucho a normalizar el cine en lengua catalana en plena transición política española.

Francesc Betriu adaptó 'Un día volveré' al formato televisivo en 1993. Y la directora italiana Wilma Labate trasladó la acción de 'Ronda de Guinardó' a un barrio napolitano en el filme 'Domenica' (2001). Antes de que comenzaran a adaptarle, Marsé se prodigó como guionista: 'Donde tú estés' (1964) de Germán Lorente, 'Mi profesora particular' (1973) de Jaime Camino, 'Libertad provisional' (1976) de Roberto Bodegas y 'El largo invierno' (1992) de Camino. También participó en 'Vida privada' (1987), la obra de Josep Maria de Sagarra adaptada a la televisión por Betriu.

Mención aparte merece 'El embrujo de Shanghai', novela que respira cine desde su mismo título, idéntico al del filme de Josef von Sternberg interpretado por Gene Tierney. Marsé estaba muy contento con la traslación que había realizado Víctor Erice tras un arduo destilado de la novela en siete versiones de guion. Pero Erice no se entendió con el productor André Vicente Gómez y este terminó encargando la realización del filme a Fernando Trueba, una opción diametralmente distinta a la de Erice. A Marsé le gustaba que los pasajes evocados de ese aventurero de Shanghai que lucha contra ex nazis y pistoleros fueran sugeridos, tal como había imaginado el director de 'El espíritu de la colmena', pero Trueba prefirió evocarlos en blanco y negro.