14 ago 2020

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LA RECUPERACIÓN DE LA VIDA CULTURAL TRAS EL CONFINAMIENTO

A solas con la Gioconda: así es la nueva vida de los grandes museos

Los directores de los principales centros animan a los visitantes y sostienen que es un excelente momento para ver arte

Eva Cantón / Juan Fernández / Mauricio Bernal

Un visitante se hace un selfi ante la Gioconda en el Louvre, inusualmente despoblado, la semana pasada.

Un visitante se hace un selfi ante la Gioconda en el Louvre, inusualmente despoblado, la semana pasada. / AFP

Lo han suscrito los directores de museos de toda Europa a medida que han vuelto al trabajo: es un excelente momento para ver arte. Por varias razones: porque los edificios que lo albergan son lugares asépticos y seguros en los que no hay que tocar nada, solo ver; porque mientras dure la pandemia no habrá masas de turistas convirtiendo la experiencia museística en algo pariente de ir a un parque de diversiones; y porque, ojalá por pocos meses, será posible el diálogo íntimo con la obra de arte que es o debería ser el objetivo de estas visitas. La foto que planea sobre estas líneas lo dice todo, esa Gioconda liberada del asedio de la multitud. Ya no sabe a quién mirar.

París: el mejor verano para ver el Louvre

Aunque sea con mascarilla, este será el mejor verano para ver el Louvre y estar un rato a solas con la Gioconda. Hay gente, pero nada que ver con las mareas humanas habituales en la era pre-covid. Ver la misteriosa sonrisa de la Mona Lisa es ahora posible tras apenas diez minutos de cola y los visitantes se pueden permitir el lujo de entretenerse paseando por las enormes galerías abovedadas del antiguo palacio real y admirar sin prisas la Victoria de Samotracia o la Venus de Milo.

Tras meses de confinamiento, el museo reabrió al público el pasado 6 de julio el 70% de las salas bajo estrictas medidas sanitarias. Hay que comprar la entrada con franja horaria por internet, respetar las reglas de distancia física y someterse a un itinerario obligatorio con entradas y salidas diferenciadas en caso de gran afluencia, aunque de momento no es el caso.

Entre el 75% y el 80% de los visitantes del Louvre son extranjeros y una gran mayoría llegan de Estados Unidos, China, Corea o Brasil pero este año no vendrán así que la apuesta de la institución es hacer mostrar sus 30.000 obras a franceses y europeos. Hasta el 20 de septiembre habrá visitas guiadas de unos 20 minutos, ‘minidescubrimientos’ en inglés o francés, gratis, sin reserva pero con plazas limitadas en torno a ocho ejes temáticos: desde el Egipto antiguo hasta el arte del Islam pasando por los grandes maestros italianos o la pintura histórica francesa del siglo XIX.

Sin colas en los accesos al Louvre, el pasado 6 de julio. / AFP

 “Es el momento de descubrir tanto las obras maestras como las obras menos conocidas como los toros de Jorsabad procedentes de Irak, o los tesoros medievales de la Basílica de San Denis”, recomendaba en France Info el director del museo, Jean-Luc Martinez, quien calcula entre 5.000 y 10.000 visitantes diarios cuando antes oscilaban entre 30 y 50.000.

Por razones de higiene el guardarropa está cerrado y no se admite la entrada con maletas, ni cascos de moto o bicicleta. Sí se prestan carritos para niños y sillas de ruedas, que se desinfectan después de cada uso. La librería está abierta, igual que algunos cafés y tiendas de suvenires, mientras que las audioguías estarán disponibles a partir de este miércoles.

“Antes aquí no cabía un alfiler. Ahora se parece más a un museo y menos a Disneyland”, resumía Margaux, auxiliar del Louvre. Para la pequeña Olivia de 8 años fue una gran experiencia ver la Gioconda todo lo cerca que permite la seguridad que rodea al cuadro desde antes de la pandemia. “Es muy linda”, decía con un punto de timidez junto a su hermana Luna de 11 años, que habían viajado con sus padres en coche desde Holanda. - EVA CANTÓN

Barcelona: placer entre cifras modestas

Desde el 1 de junio que volvió a abrir sus puertas CaixaForum y durante las tres semanas siguientes los grandes museos de Barcelona regresaron a la actividad, de plácemes todos no solo por el hecho en sí sino por el reencuentro con la parroquia museística, que los primeros días, emocionada, incluso hizo fila para entrar. Era una estampa bonita. Es un momento difícil para las pinacotecas, que anticipan pérdidas millonarias a final de año (el MNAC las cifra en 2,2 millones), pero al mismo tiempo es un momento especial para trasegar entre sus paredes. Los visitantes de los primeros días, amantes del arte, se miraban como los seguidores de un equipo de fútbol que se encuentran en un país lejano. Como cómplices.

Desde su reapertura el 10 de junio, el MNAC ha recibido en promedio 500 visitantes diarios, entre 1.000 y 1.200 los días de fin de semana. Son cifras modestas si se comparan con las del 2019, y vienen a representar algo así como el 10% del movimiento que registraba hace un año el museo de Montjuïc. En CaixaForum sitúan este porcentaje en el 29%, y en la Fundació Joan Miró –que de momento sólo abre de viernes a domingo–, en el 26%. Siempre lejos de lo habitual, detrás de estas cifras hay realidades que no por rimar con el momento resultan menos subrayables, como que la mayoría de los visitantes son locales. En CaixaForum no es noticia, pero en otros museos sí. En cualquier caso, si los centros de Barcelona esperan un julio mejor que junio y un agosto mejor que julio es porque cifran gran parte de sus esperanzas en la llegada de extranjeros. Hay museos como el Picasso o el del Barça, objeto de favoritismo turístico, que lo agradecerán. Entretanto, el local puede disfrutarlos sin aglomeraciones.

Turistas, ante los balones de oro de Messi, en el museo del Barça. / joan cortadellas

“Los museos son los espacios más seguros, agradables y confortables que te puedas encontrar en una ciudad”, dice una portavoz del MNAC, consonante con la proclama que entonan a coro todas las pinacotecas. Un refugio, y bien visto, uno de los pocos lugares donde la distancia de seguridad se vive como algo natural. En todos los museos hay conciencia de que la situación es incierta, y rezan a su particular Rembrandt para que no nos vuelvan a confinar. - MAURICIO BERNAL

Madrid: la soledad de Velázquez, Picasso y Manet

Si se quiere disfrutar con tranquilidad y sin aglomeraciones de la grandiosidad de ‘Las Meninas’ de Velázquez, el ‘Guernica’ de Picasso o ‘La amazona de frente’ de Manet, este verano es el momento ideal para hacerlo. Los museos madrileños que albergan estas obras maestras junto a sus apabullantes colecciones de clásicos de la pintura –el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, respectivamente- están abiertos al público desde el 6 de junio, pero la venta de entradas ha experimentado estas semanas caídas históricas y sus instalaciones, adaptadas a la nueva normalidad, aguardan semivacías la llegada de visitantes.

La extraña sensación de domingo de agosto que inunda Madrid desde el final del confinamiento, con calles desiertas de turistas y tiendas y bares a medio gas, se extiende por el ‘triángulo del arte’ que delimitan sus tres grandes museos, sin apenas gente en los alrededores ni colas en las taquillas. La falta de visitantes extranjeros y la aprensión del público local ante las medidas de seguridad –los tapabocas, las tomas de temperatura, los geles y la distancia interpersonal son de obligado cumplimiento- auguran un verano fantasmal en los templos del arte madrileños.

El 'Guernica', en el Reina Sofía ante escasa expectación. / DAVID CASTRO

De hecho, los tres centros reabrieron sus puertas con limitaciones de aforo, pero la tímida respuesta del público no ha hecho necesario colgar el cartel de “no hay entradas” en ningún momento. El Prado anunció que permitiría un máximo de 1.800 visitantes diarios, que más tarde amplió a 2.500, pero en la práctica no se han acercado a sus salas más de 1.650 personas cada día.

En junio del 2019, por la principal pinacoteca madrileña pasaron 295.285 amantes del arte, pero este año, con cinco días hábiles menos, solo han vendido 41.358 entradas (un 15% de lo habitual), a pesar de la reducción de precio del 50% y del reclamo que supuso ‘Reencuentro’, el montaje que preparó el museo para dar la bienvenida al público reuniendo en una sala sus mayores tesoros.

El Reina Sofía arroja cifras parecidas: limitó a 900 el número máximo de asistentes diarios, pero apenas ha recibido a 500. Las 113.779 entradas vendidas en junio del año pasado se han traducido en 13.133 en 2020 (apenas un 11%).

A diferencia de estos dos museos, que han reducido el número de salas visitables tras el confinamiento, el Thyssen reabrió al público todas sus instalaciones, incluida las exposiciones temporales ‘Rembrandt y el retrato en Ámsterdam’ y la de Joan Jonas. Sus números son algo mejores –25.079 entradas vendidas en junio de este año frente a las 63.387 del anterior-, pero tampoco han llegado a completar ningún día el límite de aforo. No parece haber urgencia por disfrutar del arte en la nueva normalidad. - JUAN FERNÁNDEZ

Londres: la National Gallery da el primer paso

La National Gallery reabrió sus puertas el miércoles pasado y se convirtió en el primer gran museo londinense que sale de más de tres meses de confinamiento. Para visitarla es necesario reservar con antelación, llevar mascarilla y seguir el recorrido que marcan las flechas. La gran pinacoteca espera recibir una cuarta parte de su número habitual de visitantes, es decir, entre 3.000 y 4.000 al día, según explicó antes de la reapertura su director, Gabriele Finaldi.

Situado en Trafalgar Square, en el corazón de Londres, el museo organiza la visita de sus salas en tres recorridos separados para evitar que los visitantes se crucen, y proporciona gel desinfectante así como una aplicación gratuita que reemplaza a las audioguías. "Teníamos dos objetivos: hacer que los visitantes se sientan seguros y tranquilos, pero también hacer que sea una experiencia agradable", explica Paul Gray, presidente del museo. El tiempo de apertura se ha reducido de ocho a cinco horas al día, 10 los viernes, pero si hay mucha demanda el horario se puede ampliar, según Gray. "Es un problema que agradeceríamos", bromeó.

Algunos de los primeros asistentes a la reapertura de la National Gallery, el pasado día 8. / AFP


Creada a principios del siglo XIX y dedicada exclusivamente a la pintura, la National Gallery posee unos 2.300 cuadros que representan las principales tendencias de la pintura europea de los siglos XIII al XIX. Como ocurre con los otros grandes museos de Londres, como la Tate Modern y el British Museum, está financiada en parte por el Estado y también por patrocinios, donaciones y el pago para visitar exposiciones temporales. La entrada general es gratuita.

Por su parte, la Tate Modern, el museo más visitado de la capital con su colección de arte contemporáneo instalada en los inmensos locales una antigua central eléctrica a orillas del Támesis, reabrirá sus puertas el próximo día 27, al igual que su hermana la Tate Britain, que alberga obras clásicas. El British Museum, faro de la cultura imperial británica con los famosos frisos del Partenón, que Grecia ha estado tratando desesperadamente de recuperar durante décadas, y su colección de momias egipcias, no ha anunciado aún fecha de reapertura.