11 ago 2020

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CITA PRESENCIAL Y EN 'STREAMING'

La sangre y el periodista de sucesos

Luis Rendueles es finalista en la Semana Negra de Gijón con el 'true crime' 'Los ratones de Dios', sobre el mediático robo del Códice Calixtino en Santiago de Compostela en el 2011

Laura Estirado

Edición facsímil del Códice Calixtino.

Edición facsímil del Códice Calixtino. / ARCHIVO / EFE / LAVANDEIRA JR

Esta historia está basada en hechos reales. Podría ser el comienzo de un 'thriller' en el cine sino fuera porque se trata de un 'true crime' de papel del que muchos aún se acuerdan. Sucedió el día de San Fermín del 2011, cuando de la caja fuerte del archivo de la catedral de Santiago de Compostela desapareció el Códice Calixtino, un manuscrito del siglo XII de valor "incalculable", para ser exactos, siete millones de euros. La sustracción de aquella joya bibliográfica del templo de la plaza del Obradoiro, meca de peregrinos, armó enorme revuelo mediático durante el año y un día que tardó la policía en dar con el libro dentro de un saco de pienso escondido en un garaje propiedad del electricista de la seo; le habían despedido y esa fue su particular venganza del deán. 

Después de cinco meses sin haber salido de Madrid por el confinamiento, el reportero de EL PERIÓDICO Luis Rendueles (Gijón, 1967) regresa a su tierra, para ver a los suyos y presentar en la 33ª Semana Negra de Gijón, que estos días celebra edición presencial y virtual, su obra de no-ficción 'Los ratones de Dios' (Alrevés), en la que reconstruye el caso que siguió cuando escribía en 'Interviú' y años después, en los que ha recopilado suculentos documentos policiales, judiciales, las cartas del chispas Manuel Fernández Castiñeiras, así como las entrevistas a los policías de la Brigada de Patrimonio Histórico que llevaron el caso -la voz cantante del relato la tiene la inspectora Ana, por cierto, el único nombre inventado del libro- y al juez José Antonio Vázquez Taín -el del crimen de la niña Asunta y azote de narcotraficantes-, y a la postre, el que acabó sentenciando a 10 años de cárcel al ladrón (pena que el Supremo luego rebajó en un año).

Ejercicio heroico de supervivencia

"Hace unos meses Manolo tuvo un accidente cerebrovascular y ahora cumple la condena en su casa", señala Rendueles, emocionado por ser finalista en la categoría del premio Rodolfo Walsh, que se falla este viernes en la Semana Negra de Gijón. Hace más de dos décadas que no falta a la cita literaria. "Recuerdo el primer año, fui flipado porque venía Vázquez Montalbán. Un autor así, tan de cerca", recuerda. Ahora le toca a él estar al otro lado. Aunque sea esta una edición un tanto especial por el covid. "Las presentaciones en el Centro de Cultura Antiguo Instituto son presenciales, con poca gente, mascarilla, distancia... También hay 'streaming'. Me parece un ejercicio de supervivencia casi heroico", asegura el autor a punto de desgranar ante su parroquia qué le atrajo del caso.

A saber: "Un lugar del crimen incomparable, la catedral de Santiago. Ahí viven 15 canónigos, todo hombres, sacerdotes, el más joven tenía 66 años. El jefe, el deán, con un poder inmenso, línea directa con Moncloa. Luego están los gregarios, otras 10 personas. Además del electricista, la señora de la limpieza, el guardés -el que le da cuerda cada noche al reloj-, el que hace bailar al botafumeiro, las monjitas que planchan la ropa a los curas...". "Todo muy medieval", describe de un plumazo Rendueles. Un escenario también con "momentos hilarantes, muy de Berlanga o Cuerda", como el episodio de la monja que sospechaba del organista porque era homosexual y tenía amigos "muy raros". Y todo porque decía que el hombre tocaba más fuerte para que no se la escuchara la voz cuando cantaba en el coro.

Manuel Fernández Castiñeiras, autor confeso del robo, en febrero del 2013. / EFE / ÓSCAR CORRAL

Hasta entonces, la policía nunca había entrado en el templo para dirimir un asunto así. Empezaron buscando el Códice Calixtino pero descubrieron que también faltaban millones de euros del cepillo de los peregrinos. Manolo, el electricista, se había llevado dos millones, pero la policía también descubrió que otro gregario tenía más de 300.000 euros en una cuenta corriente. Cuando la inspectora le preguntó al deán, este le admitió: "Hija mía, donde hay queso siempre hay ratones". Y no solo eso, en la catedral "había luchas de poder, acusaciones, y sospechas de todos con todos, como una partida del Cluedo, pero sin muerto. Elegí este tema porque no había muertes, y a veces la sangre te cansa, incluso a los que hacemos sucesos", confiesa.