29 nov 2020

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LUTO EN LA FILOSOFÍA VISUAL

Muere Milton Glaser, el hombre que dio su icónico corazón a Nueva York

El diseñador e ilustrador, que creó el logo 'I love NY', tenía 91 años

Su fenomenal legado deja una enorme huella gráfica, cultural y ética

Idoya Noain

El diseñador gráfico Milton Glaser, en su estudio de la ciudad de Nueva York.

El diseñador gráfico Milton Glaser, en su estudio de la ciudad de Nueva York. / GETTY IMAGES / NEVILLE ELDER CORBIS

Un ictus y un fallo renal acabaron con la vida de Milton Glaser el viernes, el día en que el diseñador e ilustrador neoyorquino, filósofo visual, cumplía 91 años. Su corazón, al menos el que en 1977 regaló a Nueva York creando el 'I ♥ NY' que es uno de los más icónicos logos de la historia, nunca dejará de palpitar.

Ese símbolo nació cuando garabateó en un sobre mientras iba en la parte trasera de un taxi el boceto con las tres letras y el símbolo y acabó yendo mucho más allá de la idea inicial de colaborar gratuitamente en una campaña para atraer el turismo al estado y a una ciudad en horas de depresión económica y social. Es, no obstante, solo una parte, la más popular, del vasto y fenomenal legado de un hombre de intensa huella gráfica, cultural y ética; un artista que presentó obra en exposiciones personales en el MoMA o el Pompidou y fue el primer diseñador gráfico reconocido con la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos (en 2009).

De Glaser es, por ejemplo, un póster de 1966 de Bob Dylan que la CBS le encargó para acompañar el lanzamiento al año siguiente del 'Greatest Hits' del bardo de Duluth tras su grave accidente de moto. Y como sucedería después con el logo de Nueva York (que reimaginó tras los atentados del 11-S), ese póster cobraría vida propia. Inspirado en un perfil de Marcel Duchamp, con el pelo de Dylan hundiendo sus raíces en ideas del arte islámico de siglos atrás pero desatado como una explosión psicodélica de olas de colores, y acompañado con la tipografía Baby Teeth que Glaser creó años antes con las musas despertadas por un cartel pintado a mano en México, se prodigaría con seis millones de copias repartidas por el planeta. 


En ese póster latía la filosofía de Push Pin Studios, que cofundó en 1954 con antiguos compañeros de la escuela de Cooper Union y donde, como explicó en una ocasión un hombre que acabaría firmando más de 400 pósters, les animaba “la propia idea de que se podía usar cualquier cosa en la historia visual de la humanidad como influencia”. Pero su herencia es más amplía. Vive también en la revista 'New York',  que cofundó en 1968; en la School of Visual Arts donde dio clases durante décadas; gracias a su propio estudio de diseño, que fundó en 1974, o en el mundo de la identidad corporativa y el diseño editorial, al que contribuyó desde WMBG, una empresa nacida en 1983 con la que imaginó y reimaginó 50 publicaciones de todo el mundo, incluyendo Barcelona, donde colaboró en el rediseño de 'La Vanguardia'.

Recreación del icónico logo de Glaser en Albany / AP / hans penning

"Una vida extraordinaria"

Glaser, que nació en el Bronx de padres inmigrantes judíos llegados de Hungría, descubrió pronto su llamada. Cuando era pequeño y uno de sus primos mayores le preguntó si quería ver un pájaro, y lo dibujó en una bolsa de papel, supo a qué dedicaría su vida. “De repente casi me desmayé al darme cuenta de que podías crear vida con un lápiz y en ese momento decidí que era como iba a pasar mi vida”, rememoraba en el 2014 en una entrevista con la revista 'Inc'.

Llegaron entonces las clases de dibujo con artistas de realismo social, la educación secundaria en un instituto con el foco en las artes, dos rechazos de Pratt y la aceptación en Cooper. Tras los primeros trabajos llegaría también una beca Fullbright que le llevaría a la Academia de Bellas Artes de Bolonia y al aprendizaje con Giorgio Morandi, que marcaría para siempre su trabajo y su elevado baremo ético. Del maestro italiano aprendió, por ejemplo, que “enseñas lo que eres, no lo que dices”. Y su poso se siente en otras ideas de Glaser, quien decía que “la inspiración es el acto de trabajar”, hablaba de la acuciante necesidad de un comportamiento ético, “la idea de no hacer daño”, y creía que “el papel del arte es iluminar lo real, dar a la gente suficiente comprensión de la idea de que su visión del mundo puede no ser ajustada o real para que reevalúen lo que la realidad es o la vean de forma diferente experimentalmente”.

En la entrevista del 2014 Glaser también explicó que no tenía interés en los negocios (“todo lo que quiero hacer es hacer cosas”). Reconoció que no todo su trabajo fue bueno, pero al hacerlo añadía la reflexión: “¿qué queda salvo fracasar, sobrevivir y continuar?”. Y afirmó algo más: “He tenido una vida extraordinaria”.