08 ago 2020

Ir a contenido

LA NUEVA SITUACIÓN

¿Qué harán los festivales de cine con el coronavirus?

Málaga, San Sebastián y Sitges preparan sus respectivas ediciones con un sinfín de incógnitas

Beatriz Martínez

Ambiente de público en el Festival de Sitges

Ambiente de público en el Festival de Sitges / CARLOS MONTAÑÉS

Para poner en marcha un festival de cine hace falta mucho tiempo de preparación, barajar todas las hipótesis, tener capacidad de reacción y muchos ases bajo la manga. Este año los certámenes de cine más importantes de nuestro país, el de Málaga, San Sebastián y Sitges se enfrentan a sus respectivas ediciones con más incógnitas que nunca.

El primer damnificado por la crisis del coronavirus fue el Festival de Málaga. Su 23 edición se suspendió tres días antes de su inauguración. Sin embargo, Juan Antornio Vigar, su director, asegura que "la palabra cancelación nunca formó parte de nuestro vocabulario". A partir de ese fatídico momento han luchado y trabajado de forma constante para que pudiera volver a salir adelante cuando pasara el peligro de la pandemia. Si todo sale bien, se celebrará el próximo 21 de agosto. Su lema, ‘un festival amable y seguro’, en el que se mantendrá el cine y se suprimirán las alfombras rojas.

Será el primer banco de pruebas antes de la gran cita de San Sebastián. José Luis Rebordinos, su director, piensa que, “si todo sigue así, se parecerá bastante a un festival en condiciones normales”. Cada semana el panorama cambia, pero desde el principio desecharon la opción de una edición online. “Nos espera un periodo muy extraño y la industria va a aprender muchísimo. Se han generado debates muy ricos, por ejemplo, sobre el papel de las plataformas, pero creo que la industria audiovisual tiene mucha fuerza y cada uno de nosotros contribuiremos de la manera que podamos para seguir adelante”, comenta.

Para Ángel Sala, director del Festival de Sitges, estos meses "han sido una auténtica montaña rusa". Han trabajado con varios supuestos y finalmente optarán por un formato híbrido dando prioridad a la parte presencial. El protocolo será para todos similar por el momento: aforo de un 50%, reducción del número de películas y de sesiones y todo un arsenal de medidas de higiene y seguridad.

Todos ellos tendrán que hacer malabarismos con sus presupuestos para que la cuenta de resultados no sea negativa. Con la reducción del número de espectadores, no lo tienen fácil. Puede que caigan patrocinadores, que no puedan venir los invitados internacionales, pero lo importante es seguir haciendo puzles con todas las variables habidas y por haber para que los festivales continúen ejerciendo su papel de visibilizar las películas y servir de punto de encuentro para la industria.