15 ago 2020

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IDEAS

La poeta canadiense Anne Carson

EFE

Anne Carson: belleza y dolor

Javier García Rodríguez

En el excepcional 'La belleza del marido', Anne Carson construye una respuesta a las exigencias de la vida: "La vida implica riesgos. El amor es uno. Riesgos terribles"

En el excepcional libro de Anne Carson 'La belleza del marido', la persona se repliega mientras el yo femenino pierde incluso el nombre hasta quedar convertido en “ella” o en “la esposa”. Y al tiempo, la voz y la música, la ironía y el dolor, el matiz y el detalle, lo espiritual y lo cotidiano, se adueñan de la letra de esos 29 tangos de que consta este ensayo narrativo en el que el lenguaje duda y se debate entre la insinuación intelectual y el desbordamiento pasional.

El engaño de los cuerpos, el abandono inesperado, la querencia irrefrenable, la inaudita Belleza que enajena los sentidos y se transforma en Verdad (detrás de todo, Keats), la como respuesta y espacio (aunque el marido sostiene que el matrimonio es un “lugar vacilante”), el intento de recuperación de lo perdido a través de la palabra (aunque se afirme que “la palabra es una herida”) y el Amor, agridulce Eros (que, por cierto es el título de un ensayo académico publicado por Carson, especialista en cultura clásica), que se confunde, se mezcla y se diluye en la subyugadora belleza: “La Belleza. No es ningún secreto. No me avergüenza decir que lo amé por su belleza”.

No se limita al relato de un matrimonio que se desintegra por las infidelidades del marido. Es la descomposición de una categoría espiritual, de un concepto filosófico. Es una reflexión misma sobre el ser-que-ama-y-resiste más allá de toda lógica, sobre la voz que se crea para hablar de ella misma en dos tiempos (la voz se refiere a sí misma como “ella” cuando es en pasado, o pasa a ser un “yo” cuando habla en presente), sobre la pasión que hay en la objetividad y sobre la necesidad de objetividad al abordar los asuntos pasionales, sobre la exigencia de la mirada irónica por encima de la realidad más degradada, sobre una historia episódica con cartas adolescentes y clases de latín, una adolescencia de húmedos besos, una juventud esplendorosa, un noviazgo no aceptado por la familia (“Abolir la seducción es la meta de una madre”), una prometida abandonada el día de la boda, un hombre que juega siempre al límite y que se juega las últimas monedas de su amor. Este largo poema es la respuesta que una voz desbordada, sobrepasada por el exceso de existencia, maniatada en su necesidad de expresarse, impelida a decir (“Decir belleza es verdad y basta”) como única escapatoria al callejón sin salida del deseo; y de esta sobreabundancia de(l) ser, surge el poema, la nueva palabra creada: “La ficción da forma a lo que se derrama en nosotros”.

Entre la reflexión filosófica, las cotidianas palabras de los seres cercanos, la potencia irracional del lenguaje, el recurso a los grandes relatos y el abandonarse a un lenguaje valiente (y, a veces, temerario, donde no importa el miedo al fracaso), Anne Carson construye una respuesta a las exigencias de la vida (“La vida implica riesgos. El amor es uno. Riesgos terribles”). Limitados al imperfecto orden de la poesía, los dones del mundo a veces se resisten: “El dolor permaneció./La belleza no permanece”.