30 oct 2020

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PERIFÉRICOS Y CONSUMIBLES

Poetas con hemorroides

FERRAN SENDRA

Poetas con hemorroides

Javier García Rodríguez

En ocasiones, además de ver muertos gracias a mi sexto sentido, o por eso mismo, cuando leo poemas de algunos de mis contemporáneos (aquí el género gramatical no es excluyente), me viene a la mente una viñeta del gran Forges. En ella, uno de sus personajes masculinos -al menos en apariencia- que camina apesadumbrado y cabizbajo por lo que parecen ser las afueras de una ciudad apenas delineada, lleva flotando sobre su cabeza un bocadillo como nubarrón que amenaza tormenta. En el bocadillo se lee: "Nuestro concepto del mundo cambiaría si conociéramos el número de poetas con hemorroides". Forges no estaba ciego y, en su desquiciado 'nonsense' cotidiano, tenía una fina intuición para las cosas de la vida, aunque no es descartable que dispusiera de conocimientos que a mí se me escapan o de más tiempo que el que me deja a mí la preparación de, digamos, unos lomos de salmón al papillote. Quizá Forges conociera de primera mano las investigaciones sobre el asunto del erudito Ruscus Llorens®.

Se trata de reconocer en el poeta a un ser de este mundo tan poco glamuroso, con sus miserias cotidianas y sus diminutas alegrías

Imagino que se trata, supongo, de poner las cosas en su sitio, de verlas en su justa medida, de concederles su valor hic et nunc, de reconocer en el poeta a un ser de este mundo tan poco glamuroso, con sus miserias cotidianas y sus diminutas alegrías, excelso y sublime sin quererlo, ruin e infinito a poco que se descuide. Ni un despreciable, desecho de hombres, varón de dolores, colmado de injurias (allá por Isaías 53), ni el pagado de sí mismo y envidioso gran poeta americano del relato de DFW 'La muerte no es el final' que hace gala de un sobrepeso moderado en su bañador negro Speedo mientras lee la revista 'Newsweek' en la hamaca de su piscina, ni el poeta de Strand que vaga por ahí deseando estar vivo otra vez, ni ingeniero del verso ni obrero, ni hiperlírico porque el mundo lo ha hecho así, ni con sus sobras completas a destiempo, ni un tagarote de Covarrubias ("hay algunos poetas tagarotes/apenas imagino cómo vuelan", dijo Lope), ni santa ni pecadora sin remedio, ni pegada al suelo con el esparadrapo de lo anodino, ni dejada de la mano de cualquier dios. Con la pomada de la humildad siempre a punto. Y libres.

Pero eso solo lo imagino. Como me dijo Alejandro Basteiro: "No te líes y acabes con unos poetas al papillote entre las manos, que el papel albal es de lírica problemática".

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