12 jul 2020

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REACTIVACIÓN DE LAS ACTUACIONES EN DIRECTO DURANTE LA DESESCALADA

La música sube la persiana en Jamboree

La sala barcelonesa acoge el primer concierto de la era covid-19 en la capital catalana

El cantante holandés Clarence Bekker actúa ante un aforo limitado a 30 asistentes

Jordi Bianciotto

Momento del concierto de Clarence Bekker, este jueves en la sala Jamboree de Barcelona, con medidas de seguridad por el coronavirus.

Momento del concierto de Clarence Bekker, este jueves en la sala Jamboree de Barcelona, con medidas de seguridad por el coronavirus. / FERRAN SENDRA

En sus 60 años de existencia (que alegremente se disponían a festejar en este 2020), en Jamboree creían que ya lo habían visto todo, pero nunca se habrían imaginado acoger un evento como este, concierto de mascarilla y gel desinfectante, de público dispersado, conversación casi impracticable (ni un solo ‘shhh’ pidiendo bajar la voz: no hizo falta) y barra de bar cerrada a cal y canto. La música será en parte un acto social, pero este jueves consiguió abrirse paso sorteando nuestro aislamiento, buscando el camino para volver a sonar pese a todo en estos días de pandemia.

Todo fue cosa del empeño de Joan Mas, que enroló a sus tres hijos para subir la persiana de la sala de la plaza Reial y ponerla en marcha, aunque fuera bajo mínimos, y hacer posibles los primeros conciertos en la ciudad desde el 12 de marzo: los dos que la Clarence Bekker Band ofreció este jueves y otros dos que dará el viernes, a los que seguirán los de la rapera Kween Cortés (sábado), avanzadillas de la programación semanal que Mas i Mas ha puesto a caminar. Solo con mecanismos de emergencia como este, aquí con asistencia familiar, puede una sala afrontar los gastos de la reapertura y que le salgan los números dada la limitación de los aforos a 30 pesonas en esta fase 1. El personal de Jamboree, Tarantos y Moog, 88 trabajadores en total, está de erte, “y la mayoría aún no ha cobrado”, desliza Mas a este diario antes del concierto, en la puerta de la sala. “Pero están todos emocionados al ver que nos movemos”.

Gel y mascarilla

Al entrar, el protocolo: dosis de gel y entrega de una simpática mascarilla con el sello de Jamboree Dance Club. Y dentro, un paisaje distinto al conocido, con el patio de butacas transformado en una especie de ‘chill out’ con sillones, sillas y taburetes colocados manteniendo las distancias. Asientos, algunos, dispuestos por parejas para quienes vinieran juntos de casa. Veintitantos asistentes, algunos periodistas, fotógrafos y cámaras (estos últimos, relevándose por turnos para no coincidir) y la banda de cuatro músicos enmascarados (teclados, guitarra, bajo y batería) rompiendo el silencio con los trazos soul-rock de ‘In my mind’. Un tema fornido, que transmitió texturas reconfortantes, trazos de liberación de muchas tensiones acumuladas. Al frente, un entusiasta Bekker, el único que por razones profesionales podía prescindir de mascarilla.

Músicas tan energéticas y físicas como el soul, el rock y el reggae pueden hacer notar sus poderes aun con tantos elementos en contra, como demostró este músico curtido, que sabe lo que es tocar en la calle (Portal del Àngel) y que se ha pasado estos meses cantando los domingos desde el balcón de su casa en el Born. Holandés nacido en Surinam, Clarence Bekker tuvo una primera vida en los 90 como voz del Eurobeat con el nombre de C. B. Milton, y formó parte del multicultural grupo barcelonés 08001. 

‘Hallelujah’ para los caídos

No era cuestión de contener las emociones. “¡Después de tantas semanas en casa, ya no podíamos más!”, exclamó. No hablaba solo por él. “¡Estamos muy contentos!”. Las mascarillas no permitían lucir la expresión facial, pero los aplausos supieron a francas sonrisas. Bekker publicó en marzo un disco, ‘Changes’, así que en Jamboree se dedicó a presentar sus canciones mezclándolas con algunas versiones de hitos del soul: honores para Wilson Pickett (‘Land of 1.000 dances’) y Otis Redding (‘Try a little tenderness’).

Una nota emotiva apuntando a los que ya no han podido ver esta (tímida, desesperada) reapertura de los escenarios. “Una canción dedicada a todos los que han muerto”: ‘Hallelujah’, de Leonard Cohen, reconfortante y a todo pulmón, luciendo poderío vocal y tiñendo la noche con su poesía curativa. Y hasta una última estampa culminando el concierto, ya con aires de abierta distensión: los asistentes, bailando, rigurosamente constreñidos al radio de acción marcado por su silla, al son de 'Maniac', la canción de 'Flashdance'. Bienvenidos al espectáculo en la era del covid-19.