28 may 2020

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A LOS 96 AÑOS

Muere Michel Piccoli, gran presencia del cine europeo de autor

Fallecido a los 94 años, el actor destacó en filmes de Luis Buñuel, Marco Ferreri y Luis García Berlanga, y fue uno de los grandes rostros de la edad de oro del cine europeo

Quim Casas

Michel Piccoli, en Cannes, en el 2011.

Michel Piccoli, en Cannes, en el 2011. / REUTERS / JEAN-PAUL PELISSIER

Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Marco Ferreri, Claude Sautet y Manoel de Oliveira. Con estos directores capitales del cine de autor europeo de las seis últimas décadas trabajó regularmente Michel Piccoli, y todos dijeron de él que era un actor inteligente, receptivo, capaz de entender y expresar en pantalla la peculiar ironía de los tres primeros, de ajustarse a tragicomedias contenidas con el cuarto o de asociarse con los proyectos más dispares del quinto.

Piccoli falleció a consecuencia de un accidente cerebral el pasado 12 de mayo, a los 94 años, aunque su familia no lo ha anunciado públicamente hasta hoy. Su historia es la del cine francés (y europeo en general) del último medio siglo: una filmografía cuidada, ambiciosa, progresista y plural en la que pudo demostrar la ductilidad de sus registros, siendo especialmente bueno para el drama mesurado y para la comedia que pasaba por el esperpento y el surrealismo. La inteligencia de su mirada resultaba siempre inquietante.

Buñuel, decisivo

Aunque debutó en 1945 y participó en papeles secundarios en títulos ilustres como 'French cancán' de Jean Renoir, el encuentro con Buñuel sería decisivo para su futura trayectoria. El director de Calanda se había instalado definitivamente en Francia en 1963 y contó con Piccoli en casi todas sus películas en lengua francesa: 'Diario de una camarera', 'Belle de jour', 'La vía láctea' –donde encarnó al marqués de Sade–, 'El discreto encanto de la burguesía' y 'El fantasma de la libertad'. Ya antes, en 1956, Piccoli había intervenido en 'La muerte en este jardín', coproducción franco-mexicana del autor.

Cómplice de Buñuel, se hizo también un hueco importante en la obra de Ferreri, no solo en el filme más polémico de este, 'La gran comilona' (1973), especial duelo entre Eros y Tánatos, entre el placer sexual y el gastronómico, sino también en películas tan negras y sarcásticas como 'Dillinger ha muerto', 'La audiencia' y 'No tocar a la mujer blanca'; en esta última, un delirio sobre la batalla de Little Big Horn rodada en el solar parisino de Les Halles, Piccoli encarnó a Búfalo Bill.

Luego, Berlanga

El encuentro con Berlanga fue en esta misma época, cuando el director tuvo que irse a Francia para rodar 'Tamaño natural', también de 1973, su censurada película sobre la relación entre un individuo solitario y una muñeca hinchable. No era un papel fácil de interpretar, pero el acierto en la elección de Piccoli fue total, además de demostrar la libertad absoluta de miras con la que el actor francés asumía su siempre arriesgada carrera. Berlanga se despidió del cine en 1999 con 'París-Tombuctú', filme especial porque supuso su reencuentro con Piccoli.

Fue galán cuando quiso, aunque no respondía al canon tradicional. Y personaje oscuro y siniestro cuando se lo propuso. Era divertido casi siempre, de un sarcasmo sutil. Todo ello le permitió trabajar con Jean-Luc Godard –como el guionista cinematográfico de 'El desprecio', uno de sus mejores papeles– y con Alfred Hitchcock en 'Topaz', película de espionaje internacional. En el cine musical de Jacques Demy ('Las señoritas de Rochefort') y en las primeras obras de Costa-Gavras (el thriller 'Los raíles del crimen' y el filme sobre la resistencia 'Sobra un hombre'). Con Agnes Varda ('Las criaturas') y Alain Resnais ('La guerra he terminado'). En los dramas eróticos de Roger Vadim ('El engaño', junto a Jane Fonda), en el policíaco de Jean-Pierre Melville ('El confidente') y en las fantasías pulp de Mario Bava ('Diabolik').

Alianza productiva

Con Claude Sautet estableció una productiva alianza: Piccoli y Romy Schneider formaron pareja en dos películas emblemáticas de los primeros 70, 'Las cosas de la vida', meditación sobre las relaciones amorosas al llegar a una edad crítica, y 'Max y los chatarreros', un drama policíaco.

La verdad es que cuesta encontrar un actor de aquella edad de oro del cine europeo con una filmografía más coherente y lúcida que la de Piccoli: hasta el hijo de Buñuel, Juan Luis, recurrió a él cuando debutó como director con 'Leonor'. Claude Chabrol, Bertrand Tavernier, Marco Bellocchio ('Salto en el vació', que le reportó el premio al mejor actor en Cannes), Louis Malle ('Milou en mayo', otro de sus grandes momentos), Liliana Cavani, Francis Girod, Ettore Scola, Claude Lelouch, Jacques Doillon, Raúl Ruiz Jacques Rivette ('La bella mentirosa', una de sus interpretaciones más completas)… Todos quisieron trabajar al menos una vez con él. Con el irreductible Godard repitió en 'Pasión'. Y no solo le apetecía actuar a las órdenes de los más veteranos. También era fácil verlo en el reparto de filmes innovadores de directores nóveles como Léos Carax, con quien colaboró en su segundo largometraje, 'Mala sangre'.

Complicidad especial

Con el longevo Manoel de Oliviera estableció una complicidad muy especial ('Party', 'Vuelvo a casa'). Tanto que cuando el director portugués quiso realizar en el 2006 una continuación de 'Belle de jour' de Buñuel, le llamó para que volviera a interpretar al ambiguo personaje que desarrolló en aquel filme. Piccoli lo hizo encantado, con otoñal causticidad. El resultado fue 'Belle toujours', con Bulle Ogier en el papel que hizo Catherine Deneuve, el de aquella joven burguesa atraída por la prostitución de lujo.

Activo hasta el final, Piccoli ofreció aún buenas muestras de su talento en esta última década con películas como 'Habemus Papam', la sátira de Nani Moretti sobre la elección de un nuevo pontífice. Más de 200 títulos alaban una filmografía inabordable, sugerente, socarrona, irreductible como el poblado galo de Astérix, redondeada con tres tentativas tardías como director.