30 may 2020

Ir a contenido

CRÍTICAS A BOLSONARO

Kleber Mendonça Filho: "El Brasil actual es una distopía"

El director brasileño y Juliano Dornelles mezclan ciencia ficción y 'spaguetti western' en la película 'Bacurau'

Nando Salvà

Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, el año pasado tras ganar el premio del jurado en Cannes.

Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, el año pasado tras ganar el premio del jurado en Cannes. / PASCAL LE SEGRETAIN / GETTY IMAGES

Con dos películas, 'Sonidos de barrio' (2012) y 'Aquarius' (2016), Kleber Mendonça Filho se confirmó como uno de los grandes exponentes del cine brasileño. Su tercer largometraje, 'Bacurau', es el primero que dirige a medias con su habitual diseñador de producción, Juliano Dornelles.
En él, combinan elementos del 'spaghetti western', la ciencia ficción, el drama social, la sátira política y el Cinema Novo para retratar a una pequeña comunidad campesina del norte de Brasil que se convierte en presa de un grupo de cazadores extranjeros. La película se estrena el viernes 15 en España a través de Filmin.

–Al ver 'Bacurau' es inevitable pensar en el cine de John Carpenter. ¿Concibieron la película a modo de tributo?
–K.M.F.: Sí, como un tributo al cine de John Carpenter pero también al de George A. Romero y el de Brian De Palma, entre otros. El cine de género estadounidense de los 70 y los 80 me hizo amar las películas. Y 'Bacurau' también está muy influenciada por los wésterns italianos de los 60 y los 70. Es un tipo de ficción que el cine brasileño apenas ha tocado. 

–Además de un homenaje cinéfilo, ¿es también una película política?
–K.M.F.: Nunca quise convertirla en un panfleto, pero me resultaría imposible hacer una película del todo desapegada de su época. Todos los conflictos que 'Bacurau' retrata son problemas crónicos en la historia de Brasil: la corrupción política, los problemas de suministro de agua, el supremacismo blanco, las deficiencias en la Educación... 
–J.D.: Actualmente, Río de Janeiro es algo parecido al Lejano Oeste. Al frente de la ciudad está un gobernador de la ultraderecha que apoya el uso de la violencia extrema en las favelas, y esas áreas están permanentemente sobrevoladas por helicópteros con francotiradores de gatillo fácil. Y andar por la calle con una pistola cargada es prácticamente legal.  

–¿Cómo se les ocurrió la idea de incluir en la trama a un grupo de estadounidenses que matan a personas por deporte?
–J.D.: Es algo del todo verosímil. Se sabe que en la guerra de Afganistán hubo un pelotón de soldados estadounidenses que asesinaban civiles por diversión. Y lo mismo pasó en el Congo en los 60, y en la guerra de Bosnia, y mucho antes cuando Hernán Cortés llegó a México. Es un tipo de barbarie muy recurrente.     

–El guion de Bacurau fue escrito antes de la llegada de Jaír Bolsonaro al poder en su país pero, pese a ello, la película da la sensación de funcionar como metáfora de su gobierno...
–K.M.F.: Sí, incluso durante el rodaje estuvimos reescribiendo escenas para incorporar a la película lo que estaba sucediendo en el país. El Brasil actual es como una distopía. Hace solo 20 años, el ascenso del fascismo era algo inconcebible, demasiado terrible como para suceder. Y ahora resulta que mucha gente la considera una opción política interesante. De locos.
–J.D.: Actualmente tenemos un presidente que hace chistes sobre el tamaño del pene de los chinos, y que insulta públicamente a los indígenas, los negros y los pobres. Resulta tan dramático que habría sido un desperdicio no meter ese tipo de cosas en la película.

–¿Cuánto está dañando Bolsonaro a la industria cinematográfica brasileña?
–M.F.: Está destruyendo el cine brasileño porque siente miedo y desprecio por los artistas. Durante su primer día en el poder eliminó el Ministerio de Cultura, y lo hizo con deleite. Durante sus 15 años de gobierno de izquierdas a principios de este siglo, Brasil logró libertad de expresión, prestigio en el mundo y respeto por la cultura. Actualmente, en cambio, avanza hacia la destrucción.
–J.D.: Yo quiero ser optimista. Superaremos esto. Pero llevará tiempo. Después de todo, destruir es mucho más fácil y rápido que construir.