25 oct 2020

Ir a contenido

LO QUE NO SABÍAS DE...

El director Álvaro Longoria nos explica la aventura de los Bardem en 'Santuario'

En el documental se cuenta cómo Javier y Carlos viajan hacia la Antártida en un barco de Greenpeace

Pudieron ver pingüinos y tuvieron que hacer frente al mal tiempo y a unos inesperados turistas

Eduardo de Vicente

Álvaro Longoria (izquierda) y Javier Bardem en el Artic Sunrise.

Álvaro Longoria (izquierda) y Javier Bardem en el Artic Sunrise. / MOSAICO FILMES

Javier Bardem es conocido por su brillante trayectoria artística pero también por su compromiso con la sociedad y está siempre dispuesto a ayudar a las causas en las que cree. Por eso no le costó aceptar la oferta que le hizo Greenpeace por medio de su hermano Carlos: acompañarles en un viaje a la Antártida con la intención de promover una recogida de firmas para convertir su océano en un santuario preservado.


   

Su estancia entre paisajes helados a bajísimas temperaturas siendo testigos excepcionales de las maravillas de la naturaleza fue retratado por un cómplice habitual de los hermanos, el cántabro Álvaro Longoria, con quien ya trabajaron en Hijos de las nubes, la última colonia. El resultado de esta aventura es Santuario, un documental que pretende concienciar sobre la protección de este espacio privilegiado y que debía estrenarse en cines pero que, debido a la actual situación, se exhibirá directamente en diversas plataformas (Amazon Prime Video, Filmin, Apple TV+, Google TV, Vodafone, Rakuten, Huawei y, próximamente en Movistar+).

El actor narra en primera persona sus experiencias, vive el día a día de la tripulación y se emociona conociendo a los pingüinos, viendo a las ballenas jorobadas o descubriendo las maravillas que esconde el fondo del mar. La gente de Greenpeace le cuenta datos que desconoce y acepta emprender una gira con ellos para convencer a los políticos europeos. Este documental pretende mostrar la belleza de este rincón virgen de la Tierra y advertir que es necesario y urgente tomar medidas para protegerlo. Pero también es la crónica de un apasionante viaje repleto de sorpresas. El propio Álvaro Longoría nos explica cómo lo vivieron.

El Arctic Sunrise, el barco que les condujo a la Antártida. / MOSAICO FILMES

-Unos trajes incómodos pero imprescindibles. “Cuando llegamos al Arctic Sunrise, el barco de Greenpeace en el que íbamos a pasar los siguientes 10 días, lo primero que nos llamó la atención fue que teníamos que ponernos unos trajes de supervivencia en el agua bastante complejos (en la película puede verse la dificultad de Javier para entrar en uno de ellos). El mensaje era claro: si os caéis al agua, lo más probable es que muráis de fallo cardíaco por el shock térmico, si sobrevivís tenéis 3 o 4 minutos para que os rescatemos o sufriréis muerte por hipotermia".  

-Pingüinos y turistas. “La primera excursión que hicimos fue para ver una colonia de pingüinos. Y fue muy curioso porque llegamos a una bahía en el mar de Wedell, a rodar una colonia de  pingüinos chin-strap. Nos preparamos con todos los equipos de supervivencia, muy vistosos, y desembarcamos en las lanchas de Greenpeace. A los pocos minutos llegó un barco de turistas y desembarcaron como 200 viejecitos que habían venido en un crucero de placer".

Javier Bardem cumplió su sueño de ver en directo a unos pingüinos. / MOSAICO FILMES

-Te pareces a un famoso. "Al poco de desembarcar empezaron a sacarnos fotos a nosotros, imagino que ya habían visto muchos pingüinos y no tantos activistas de Greenpeace y nos habíamos convertido en la curiosidad. Incluso hubo una señora muy simpática que habló con Javier para decirle si no le habían dicho nunca que se parecía a un actor famoso, él se hizo el loco y todo quedó en un simple tonteo”.

-El barco y el temporal. “Nuestro viaje a bordo, estaba planeado para durar 10 días, nosotros fuimos en avión a un aeropuerto de tierra en la isla del Rey Guillermo que solo funciona si hace buen tiempo. Pero el noveno día se desató un terrible temporal. El Arctic Sunrise es un rompehielos, eso significa que no tiene quilla. Es como un caparazón de nuez pues se sube al hielo y lo rompe desde arriba. Eso hace que se mueva mucho con mala mar. Por eso lo llaman “la lavadora”.

El equipo tuvo que hacer frente a un gran temporal. / MOSAICO FILMES

-Una situación límite. “Durante dos días enteros estuvimos sufriendo olas de 10 metros, tumbados en nuestros camarotes con un tremendo mareo y con visitas regulares al baño. Lo peor fue que cuando finalmente fondeamos cerca del aeropuerto nos comunicaron que no había vuelos por el mal tiempo y que si en 48 horas no mejoraba el tiempo había que zarpar de vuelta a Chile durante tres días por el temible paso de Drake y el cabo de Hornos en pleno temporal. A la propia tripulación se le cambiaba la cara pensando en una travesía con temporal de vuelta a Chile. Finalmente el tiempo mejoró y pudimos desembarcar”.

-Una desagradable sorpresa final. “Cuando ya estábamos a punto de bajarnos de la zodiac tuvimos la mala suerte de que una bolsa de plástico (se suponía que no había plásticos aquí) se enganchó en el motor de la lancha y quedamos a la deriva. Por suerte era cerca de la playa, pero tuvimos que tirarnos al agua para desembarcar. Estábamos cerca de la costa y llevábamos los famosos trajes de supervivencia. Al final nos dimos cuenta de que, efectivamente, ¡¡¡eran muy importantes!!!”

La zodiac se embarrancó poco antes de llegar a la costa. / MOSAICO FILMES