01 jun 2020

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ADIÓS A UN GIGANTE DE LA CANCIÓN DE AUTOR

Muere Luis Eduardo Aute, trovador infinito

El autor de clásicos como 'Al alba' o ' Las cuatro y diez' muere a los 76 años, casi cuatro después del infarto en el 2016 que lo alejó de los escenarios

Jordi Bianciotto

Luis Eduardo Aute, en una imagen del 2016. 

Luis Eduardo Aute, en una imagen del 2016.  / ALBERT BERTRAN

Aute tuvo el don de hacer de la canción un objeto trascendente dotándolo de sencillez y sensualidad, llegando al oyente a través del intelecto y de la belleza estética. Canciones hermosas e insondables, las suyas, basculando alrededor de los grandes temas (amor, sexo, muerte), con profundidad filosófica y a la vez manejables; un patrimonio popular universal que está aquí para quedarse, más allá del mismo fallecimiento del artista, este sábado en la Clínica Ruber, de Madrid, a los 76 años.

Se nos ha ido uno de los grandes de la canción de autor en castellano, un creador que, en sus primeras estaciones, apuntaba hacia la pintura y el cine. Aute, Luis Eduardo, se había educado en un contexto católico pasado por el tamiz moderno de los norteamericanos en La Salle de Manila, capital en la que nació (el 13 de septiembre de 1943) y pasó parte de su infancia. Su padre, Gumersindo, catalán de raíces andaluzas, era responsable de la compra de aceite de coco en Tabacos de Filipinas (empresa dirigida por Luis Gil de Biedma, padre del poeta), y su madre, Amparo, había nacido en la colonia en el seno de una familia de la burguesía española. A principios de los 50, todos ellos se trasladaron a la metrópoli, recalando primero en Barcelona (Aute siempre conservará tiernos recuerdos de la casa de los abuelos paternos en la calle Massens, de Gràcia) y de modo definitivo en Madrid.

De Massiel a Mari Trini

Sus canciones juveniles encontraron un camino primero en la voz de Massiel, y las buenas vibraciones en torno a ‘Rosas en el mar’ y ‘Aleluya nº 1’ (1967) animaron a Aute en su apuesta por la carrera discográfica, formalizada en el álbum ‘Diálogos de Rodrigo y Gimena’ (1968), con ecos medievales e influencias tanto de Dylan como de la ‘chanson’ (la sátira de ‘Los burgueses’). Su estilo ganó definición en ’24 Canciones breves’, pero, aunque también Mari Trini la adoptara como autor, él se sintió entonces desmotivado y procedió a retirarse del oficio.

Un Aute rearmado volvió a empezar cinco años más tarde con ‘Rito’, el disco de ‘Las cuatro y diez’ y ‘De alguna manera’. Espartanos arpegios de guitarra en la estela ‘coheniana’, arreglos de cuerda embellecedores y su voz cercana y confesional. Inicio de la trilogía ‘Canciones de amor y muerte’, desarrollada con los álbumes ‘Espuma’ (1974) y ‘Sarcófago’ (1976, a partir del poemario ‘La matemática del espejo’), en una época en que nuevas voces, particularmente femeninas, se acercaban a su atril: Rosa León (suya fue la primera toma de ‘Al alba’, pieza asociada para siempre a la denuncia de la pena capital, aunque Aute no la compusiera con esa intención) y Ana María Drack. Contrastando con la densidad poética de todo aquel material, un álbum desmitificador, el burlesco ‘Forgesound’, entente de Aute y el poeta Jesús Muñarriz en honor al arte de la viñeta de Forges (oigan ‘¡Ay, Suiza, patria querida!’, suerte de chirigota sobre la evasión de capitales).

Salto a los escenarios

Aunque Aute quiso mantenerse apartado de los escenarios y limitarse a grabar discos, poco a poco fue atreviéndose a pisar las tablas, y el punto de inflexión lo marcó el álbum ‘Albanta’ (1978), obra de tacto más cercano al rock (Armando de Castro, de Coz, futuro Barón Rojo, a las guitarras), con ‘Anda suelto Satanás’ y su versión de ‘Al alba’. En esa época estableció vínculos con Luis Mendo, cuya futura banda, Suburbano, le arroparía a lo largo de los años 80.

La crisis que en esa década sufrieron los cantautores no le afectó a él, que se afirmó como artista popular a lomos de álbumes como el doble en directo ‘Entre amigos’ (1983), en el que contó con colegas como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Serrat (de quién adaptó ‘Paraules d’amor’ en su lengua original), y ‘Cuerpo a cuerpo’ (1984), el disco de hitos como ‘Cine, cine’, ‘Una de dos’ o ‘Sin tu latido’. Las canciones de Aute alimentaron por completo el que sería último disco de Marisol, ya Pepa Flores, ‘Clima’ (1983), que él mismo se encargó de producir.

Revisando el legado

Se abrió paso un Aute algo menos severo, más cercano a un gusto pop, que mantuvo muy viva la conexión con el público en obras como ‘Slowly’ (1992) o ‘Alevosía’ (1995), rodeándose de nuevos cómplices, como el productor Suso Saiz, que trajo nuevas texturas y ambientaciones intimistas. Enfilando su madurez, revisó su obra desde otro encuadre, con cierto minimalismo y trazos de jazz, en la trilogía ‘Auterretratos’ (2003-09). Todas esas obras se presentaron en giras que recalaron en Barcelona, generalmente en el Palau, escenario de sus conciertos generosos, que fácilmente podían trepar hasta las dos horas y media o tres horas. Recitales como los integrados en Barnasants, festival que en el 2008 organizó un homenaje a Aute en el teatro Karl Marx, de La Habana, con figuras como Silvio Rodríguez, Carlos Varela o Amaury Pérez. Al año siguiente, Joan Isaac se alió con él en el disco ‘Auteclàssics’, revisión de sus hitos adaptados al catalán.

En ‘Intemperie’ (2010), Aute evocó sus días en Gràcia en una pieza en catalán, ‘Somnis de la plaça Rovira’, y en ‘El niño que miraba al mar’ (2012), como si procediera a cerrar un círculo, se remontó a sus recuerdos más remotos, a la foto que su padre le sacó en el malecón de Manila. Tiempos de recapitulación: el álbum de tributo ‘Giralunas’ (con voces frescas como Rozalén, Soleá Morente o Depedro) y la gira de 50º aniversario de carrera, que le trajo por última vez a Barcelona, al Palau, el 18 de febrero del 2016, abriendo el festival Guitar BCN. Recorrió 34 canciones de todas sus épocas a lo largo de tres horas y media, algunas de ellas compartidas con Estopa, Miguel Poveda y Els Amics de les Arts, invitados de la noche. Ese año, el periodista musical Luis García Gil dispensó un detallado análisis de su carrera en el libro ‘Lienzo de canciones’ (Ed. Milenio).

La ayuda de los amigos

El 'tour' de aniversario tuvo que quedar en suspenso cuando, el 8 de agosto, Aute sufrió el infarto que le condujo a un estado de coma soportado durante casi dos meses. Aunque luego fue experimentando una paulatina mejoría que le permitió restablecer vínculos con todas sus personas cercanas, no pudo volver a los escenarios. Amigos y colegas de profesión le dispensaron numerosos gestos de homenaje, entre ellos los conciertos que tuvieron lugar en el Wizink Center, de Madrid (con voces como Serrat, Sabina, Ana Belén, Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, Ismael Serrano o Rozalén) y el barcelonés Auditori del Fòrum, que reunió a Paco Ibáñez, Estopa, Maria del Mar Bonet, Pi de la Serra, Marina Rossell, Sisa, Joan Isaac... Todos hicieron suyas las canciones de Aute y dieron a entender que, pase lo que pase, siempre habrá quien siga cantándolas.