29 oct 2020

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CREATIVIDAD EN EL ENCIERRO

¿Es el coronavirus gasolina creativa para los escritores?

La reclusión forzosa obliga a pensar a los autores sobre cómo van a cambiar nuestras ficciones

Antonio Orejudo, Clara Usón, Jordi Nopca y Santiago Lorenzo meditan sobre si se puede escribir sobre el covic-19 en caliente

Elena Hevia

Antonio Orejudo, Clara Usón, Jordi Nopca y Santiago Lorenzo. 

Antonio Orejudo, Clara Usón, Jordi Nopca y Santiago Lorenzo.  / EL PERIÓDICO

Para escribir necesito el invierno, aseguraba Colm Tóybín,  haciéndose eco de esa demanda de soledad que el escritor tiene para con su escritura. Porque el invierno nos recluye y conecta con nuestros pensamientos, los aísla del ruido circundante. Algo así debió de pensar Jack Torrance cuando se trasladó con su familia al hotel Overlook. El problema es que en su interior no había novela alguna sino la pura locura, como cuenta ‘El resplandor’, dando cuenta de que la soledad puede ser un arma de doble filo. 

Lo ocurrido en estos días, esta reclusión forzosa y primaveral cortesía del covid-19,  ha trasladado a los escritores a ese mito fundacional de la escritura que es la cabaña aislada y robinsoniana donde parir la gran novela y dado que a través de las redes muchos parecen dispuestos a contar en primera persona sus experiencias del encierro, cabe preguntarse si este puede ser un acicate para la escritura, pura gasolina para que prenda el incendio de la literatura. ¿Qué se está escribiendo en estos días? ¿Saldrán obras maestras del coronavirus? ¿El ruido circundante está paralizando a los escritores? ¿O simplemente les está cargando las pilas para, pasado ese tiempo prudencial del que suele hablarse, todo este caos quede ordenado en historias de ficción? 

"Tengo que hacerme violencia para encontrar la parte chistosa de esta situación"

Antonio Orejudo 

Cualquier escritor por el que te intereses en estos días dirá que en muy poco ha cambiado su régimen de vida. Es más, para la mayoría, gente aguerrida acostumbrada a batallar con la soledad, casi resulta una bendición no tener más obligación que leer y escribir. “Solo echo de menos hacer unos largos en la piscina de vez en cuando, pero esta situación tiene la ventaja de que puedo no hacer deporte sin tener mala conciencia por ello”, cuenta desde Málaga Antonio Orejudo, que ha visto cómo su novela de culto ‘Ventajas de viajar en tren’ ha tenido un nuevo impulso gracias a su reciente adaptación cinematográfica y ahora está escribiendo un divertimento periodístico por entregas: “Nunca había hecho una escritura tan inmediata y en el fondo es como una obligación para mí porque, pese a que soy un escritor humorístico, tengo que hacerme violencia para encontrar la parte chistosa de esta situación”. 

"Me siento como si hubiéramos pasado a otra época de golpe, un mundo del que no tengo las claves"  

Clara Usón 

Algunos están aprovechando este tiempo expandido para echar el cierre a su último trabajo literario, es el caso de Guillem Sala, según cuenta su editora Eugènia Broggi. Otras como Clara Usón, se han visto obligadas a hacer un parón en la novela en curso porque le acucia la sensación de que lo que tiene escrito quizá no le importe a nadie en la sociedad que salga de esta crisis. Desdramatizando Usón confiesa, entre risas, haberse convertido en una obsesa de la limpieza y una gran amante de la lejía en estos días. Y es que encierro, pese a conocerlo bien, le pesa terriblemente: “Me cuesta horrores concentrarme. No puedo escribir porque me siento como si hubiéramos pasado a otra época de golpe, a un mundo del cual no tengo las claves todavía. La verdad es que envidio mucho a aquellos autores que pudieron escribir en el caos, abstrayéndose en sus propias historias, como Proust o Joyce en medio de la primera guerra mundial, pero a mí no me sale”. También está convencida de que a su debido momento de esta experiencia van a surgir muchas historias porque la función del escritor es intentar comprender la realidad “aunque luego esa interpretación también sea ilusoria”.  

"Estoy escribiendo una novela ligera y hacerlo para mí es como salir a la calle y tomarme un cóctel"

 Jordi Nopca

Ganador de la primera edición del Premio Proa con ‘La teva ombra’, a Jordi Nopca le pilló la orden de confinamiento poniéndole el punto final a la corrección de pruebas de la traducción en castellano que tenía prevista su salida en abril en Destino. Mucho antes  incluso de que el coronavirus pusiera el mundo patas arriba, Nopca se encontraba ya en otra historia, una novela divertida y nada torturada, muy alejada de la premiada ‘En la sombra’ (que es como se llamará en castellano) y que, dice, le ha salvado la vida en estos momentos de incertidumbre encerrado en casa con un bebé de 10 meses, un niño con la incierta suerte de tener cuatro bisabuelas todas ellas mayores de 90 años, lo que genera no poca preocupación en la familia. “Escribir esta novela ligera es cómo si pudiera salir a la calle y tomarme un cóctel”, define. 

"El peligro es que todo lo que se escriba ahora en caliente va a parecernos una estupidez cuando todo esto pase"

Santiago Lorenzo

Nadie sabe más de confinamiento que Santiago Lorenzo. Aunque para él, que se marchó a vivir algunos años a un pueblecito perdido - no tanto como el del protagonista de ‘Los asquerosos’, pero casi-,  hablar de aislamiento es como el viejo chiste del pez a quien un colega le pregunta si el agua está buena y él contesta que qué demonios es el agua. Así que no tiene grandes teorías, tampoco novela en cartera, aunque no haya dejado de escribir “Estoy seguro de que hay un montón de gente escribiendo maravillas estos días gracias a este parón, pero no seré yo quien lo haga. El peligro es que todo lo que se escriba ahora en caliente va a parecernos una estupidez cuando todo esto pase. Cualquiera que haya inventado un apocalipsis ahora está pensando en que mejor lo deja en un cajón porque se estaba quedando corto”.

Esa idea conecta con la reflexión de Orejudo respecto a cómo va a cambiar el coronavirus nuestras ficciones: “Esto es tan brutal que seguro que va a reajustar nuestras jerarquías de valores, de preferencias e incluso de gustos. El peligro, a juzgar por lo que estoy viendo en las redes, es esa posible avalancha de diarios del confinamiento. Así, junto a la picaresca, la novela política o la de terror, también tendremos la del coronavirus. Y yo no voy a caer en esa trampa”.