30 mar 2020

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ESTRENO EN DISNEY+

Crítica de 'La dama y el vagabundo': estos no son nuestros perros

La versión en imagen real del clásico de 1955 convierte a Reina y Golfo en criaturas digitales un tanto inquietantes

Juan Manuel Freire

Una imagen de ’La dama y el vagabundo’.

Una imagen de ’La dama y el vagabundo’.

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La dama y el vagabundo ★★

Dirección: Charlie Bean

Reparto: Justin Theroux, Tessa Thompson, Sam Elliott, Janelle Monáe (voces en la versión original) 

País: Estados Unidos

Duración: 103 minutos

Año: 2019

Género: Aventuras

Estreno: 24 de marzo del 2020 (exclusivo en Disney+)

Cuando llegaron los primeros avances de 'La dama y el vagabundo', versión 2019, algunos creyeron que en Disney estaban de broma y que no, no podía ser, no se habían atrevido a rehacer el clásico de 1955 con perros digitales. Pero esa película imposible es una realidad: una mezcla de cánidos animados por infografía y acción real con actores humanos, bastante perdidos, que podría resultar de culto si no fuera en realidad bastante aburrida.

Pocas veces en la historia del cine se ha unido tanta gente buena para algo tan innecesario. En los créditos encontramos como director a Charlie Bean, colaborador de Genndy Tartakovsky en el departamento de arte de 'Samurai Jack'; Andrew Bujalski, director de referencia del cine indie del siglo XXI, coescribe el guion con Kari Granlund, y el reparto de voces incluye a Tessa Thompson como Reina, Justin Theroux como Golfo, Sam Elliott como Triste o Janelle Monáe como Peggy.   

En el principio, mientras nuestra heroína todavía es una perrita real, todo parece ligeramente encantador. Pero todo se tuerce cuando Reina pasa a ser, virtuosa pero claramente, un conjunto de unos y ceros al que se puede leer el hocico. Pisamos los caminos del 'uncanny valley', o 'valle inquietante', ese concepto según el cual los objetos humanoides que parecen humanos, pero no al cien por cien, generan rechazo por muy hermosos que sean. El mismo concepto sirve para cockers spaniels que parecen reales, pero no al cien por cien.

Pasada la promesa inicial, cuesta encontrar algo adorable en este alargado (casi dos horas en lugar de hora y cuarto) romance callejero, en el que cada imagen calcada del original solo invita a coger el mando, acabar con este trance y recuperar el beso del espagueti en su gloria artesanal.

F. Murray Abraham merece papeles mejores que ese casi-cameo como Tony, el dueño de la 'trattoria' donde Golfo suele ir a pillar sobras. Y queremos ver a Janelle Monáe (autora del mejor disco internacional del 2018 según este diario) exhibiendo claramente todo su carisma y expresividad, no cantando 'He's a tramp' de Peggy Lee desde el cuerpo de una perrita pequinesa hecha de píxeles.

Pero más vale aceptar lo inevitable y prepararse para seguir haciendo senderismo por el valle inquietante: nuevas versiones en imagen casi real de 'La sirenita', 'Blancanieves y los siete enanitos', 'Pinocho' e incluso 'Lilo & Stitch' están en temeraria preparación. 

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