30 mar 2020

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LIBROS Y CORONAVIRUS

Fenómeno cultural de cuarentena: la gente hace acopio de libros

Libreros de Barcelona advierten un repunte de las ventas desde el jueves coincidiendo con el anuncio del cierre de las aulas

Mauricio Bernal

Isabel Sucunza, de la librería Calders.

Isabel Sucunza, de la librería Calders. / JORDI COTRINA

Cerrados los museos, los teatros de más de 1.000 personas, cancelados todos o casi todos los conciertos, reducido a un tercio el aforo de los cines, mermada o casi desaparecida la oferta cultural, el último reducto que queda en pie –en pie mientras el estado de alarma no decida lo contrario– son las librerías. En esta suerte de anacrónica hecatombe que se ha abatido sobre Europa, a las tiendas de libros las mantiene a salvo que no son lugares de aglomeración. Serán engullidas tarde o temprano por la parálisis, parece inevitable, pero hasta este viernes eran de lo poco que palpitaba aún –culturalmente hablando– en medio de la tempestad. Quizá inspire a alguien a escribir una novela en lo que todo se acaba: todo salvo la venta de papel impreso.

Daniela Demarziani, de la librería Lata Peinada. / FERRAN NADEU

Es más: está teniendo lugar un insólito fenómeno, más propio de Navidad, del comienzo del verano o de Sant Jordi, y es que la gente está comprando libros. Dicho así suena como si la gente nunca comprara libros. No se trata de eso. Se trata del modo de comprar: la gente, según los libreros, está comprando pensando en el encierro, el confinamiento, la posibilidad de tener que pasar las horas entre cuatro paredes. "Mira, los primeros días de la semana todo estaba muy parado, pero desde el jueves ha habido un movimiento que me ha sorprendido muchísimo –dice Daniela Demarziani, de la librería especializada en literatura latinoamericana Lata Peinada, en el Raval de Barcelona–. Yo creo que a lo mejor tiene que ver con todo esto. Hay como una idea de: 'Qué vamos a hacer si nos encierran'. Pues Netflix y lectura, digo yo".

Libros de tres en tres

Cerca de allí, en la Librería Calders, la librera Isabel Sucunza advirtió el mismo movimiento, y un aumento de los clientes que más que a echar un vistazo, entraban a comprar. "Todos sabemos que una librería es un lugar donde mucha gente entra a curiosear, a pasar el rato, pero estos días, en cambio, ha venido mucha gente muy decidida a comprar. Algo como en plan: 'Voy a aprovisionarme'. Están actuando como si fuera Navidad o verano". La diferencia, si tiene algún significado, es que a este impulso no lo guía la voluntad de leer uno de esos clásicos pospuestos durante años –un 'Crimen y castigo', un 'La montaña mágica'–; más bien, la gente está haciendo paquetes. "Se están llevando los libros de dos en dos o de tres en tres".

"Viene mucha gente decidida a comprar, en plan 'voy a aprovisionarme'", dice Isabel Sucunza, de la librería Calders

La tarde del jueves fue la primera después del anuncio del Govern de que los alumnos de toda Catalunya se quedarían en casa durante las siguientes dos semanas, y de que la decisión tenía efectos inmediatos. Sin llegar a desencadenar un ferviente anhelo colectivo de aprovechar el tiempo leyendo, al parecer sí envió a muchos a las librerías, a hacer acopio, lo cual también notaron en las tiendas de literatura infantil, o con una sección infantil robusta. Como La Caixa d’Eines. "Después de varios días notando una bajada, ahora acumulamos dos días con un pequeño repunte, desde que se ha sabido que los niños no tienen cole –dice Carme Prims, propietaria de la librería de la calle de Aragó–. Febrero es un mes tradicionalmente muy malo, y así, de la nada hemos empezado a vender alguna cosa porque han venido papás con niños”.

La tarde más estresante

Ese jueves, esa tarde, Alberto García contestaba así el teléfono en la librería Taifa, en la calle Verdi de Gràcia: "Mira, es la tarde más estresante en semanas. Vendo mucho. Me coges un día que no sé cómo explicarlo, pero es una pasada". Semejante declaración da que pensar: la imaginaria novela sobre aquello de que todo se acaba menos la venta de papel impreso quizá debería contar que la gente en su momento se lanzó en masa a comprar papel higiénico… y libros. "Es una idea muy romántica, ¿no crees? –dice Demarziani–. La gente piensa en Mercadona y en libros, es emocionante. Suena lindo, suena hermoso, muerta pero con un libro en la mano". La librera dice que también han recibido llamadas de gente que llama a preguntar si la librería tiene previsto cerrar, "señal de que están interesados, de que quieren acercarse", y recuerda que en el peor de los casos, el de un probable cierre total, siempre quedará internet. "Mantenemos actualizado el catálogo on-line y así la gente podrá hacer pedidos".

"La gente piensa en Mercadona y en libros, es emocionante", dice Daniela Demarziani, de Lata Peinada

En este nuevo mundo del coronavirus, el único supuesto en una librería roza la condición de terreno peligroso es en una presentación. Entonces sí que se reúne gente. Pues bien: la Calders tenía prevista este viernes la presentación de 'Boulder', el último libro de Eva Baltasar, pero han tomado medidas. "Normalmente las presentaciones son a las siete y media, pero esta vez la vamos a hacer escalonada, de cinco y media a nueve –cuenta Sucunza–, y en ningún momento dejaremos que haya más de 15 personas en la librería. Si es necesario pondremos a alguien en la puerta. La cuestión es adaptarse". En contacto constante con público, con desconocidos, los libreros llevan al límite la precaución de lavarse las manos y mantener distancias con el cliente, pero aparte de eso, siguen adelante. "Hasta que nos cierren".

Amenazador fantasma

Ese fantasma está ahí. Rondándolos a todos. ¿Qué ocurriría en ese escenario, el del cierre total? "Estamos muy asustados todos –dice Prims–. En ese escenario, las pequeñas no aguantaremos. El nuestro es un tipo de negocio en el que tú compras y pagas con lo que cobras, y cobras según la gente que entra". La librera explica que la fluidez de su negocio, y el de muchos negocios similares, depende de que vaya gente a la librería, y que 15 días sin facturación probablemente equivaldrían a colapsar. "A no ser que las instituciones hagan algo. Estamos preocupados. Venimos de muchas crisis y quizá hemos aprendido a aguantar, pero si ocurre algo así es muy probable que se lleve por delante a muchos. No hay que olvidar que la mayoría de los pequeños somos autónomos”. Son días raros. Muy raros.