SENTENCIA

Harvey Weinstein, condenado a 23 años por violador

Del anuncio de la decisión han sido testigos en vivo todas las mujeres que han testificado durante el proceso

Harvey Weinstein, en el juzgado de Nueva York

Harvey Weinstein, en el juzgado de Nueva York / REUTERS / EDUARDO MUÑOZ

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Idoya Noain

La justicia en el caso de Harvey Weinstein tiene desde este miércoles un número: 23. Esos son los años de cárcel a los que ha sido sentenciado el que fuera titán de Hollywood 16 días después de que un jurado popular lo condenara por los delitos de agresión sexual en primer grado y violación en tercer grado. Y la decisión del juez James Burke de imponer una dura sentencia, mucho más cerca del máximo de 29 años que del mínimo de cinco que fija la ley en el estado de Nueva York en este caso, lanza una señal clara ante la que el único “confundido”, por usar las palabras que ha pronunciado el sentenciado en voz baja en la sala antes de conocer su destino y salir esposado en silla de ruedas, es el propio Weinstein, ya registrado por las autoridades como un agresor sexual.

Tras una condena que ya representó un punto de inflexión esta es una ejemplar sentencia de tintes históricos que, como ha dicho el fiscal de distrito de Nueva York Cy Vance, “pone sobre aviso a los depredadores sexuales y a parejas abusivas en todos los segmentos de la sociedad”. Y es la primera de una era en Estados Unidos, la del #MeToo. que justamente se puso en marcha cuando en octubre de 2017 'The New York Times' y 'The New Yorker' levantaron la tapa que durante décadas había permitido a Weinstein llevar una vida de agresiones y abusos sexuales y de poder.

La existencia de esa cloaca y de su particular monstruo era vox populi en la industria. Y no pasó nada hasta que primero unas cuantas mujeres, luego cerca de 100, hablaron en público. Decenas fueron a los tribunales civiles, donde se ha gestado un turbio pacto que no supondrá el punto final. Otras buscaron justicia por lo penal. Y la han conseguido, enviando a prisión a un hombre que la semana que viene cumplirá 68 años y cuyos problemas de salud tienen el potencial de convertir 'de facto' la sentencia en una cadena perpetua.

Imagen de fuerza

Era impactante y poderosa la imagen, la mañana de este miércoles, de la primera bancada tras la fiscalía: ahí estaban Mimi Haley y Jessica Mann, la asistente de producción a la que Weinstein sometió a un cunnilingus forzado en 2006 y la aspirante a actriz a la que violó en 2013, actos por los que ha sido condenado. Junto a ellas y al fiscal Vance se sentaban también las otras cuatro mujeres que testificaron en su contra durante el proceso: Annabella Sciorra, cuyo relato de una violación hace casi tres décadas no convenció al jurado y evitó a Weinstein una condena por agresión sexual depredadora, y Tarale Wulff, Dawn Dunning y Lauren Young. Esta última es una de las partes clave en la otra causa penal que Weinstein tiene pendiente por dos agresiones sexuales a dos mujeres en dos días consecutivos en Los Ángeles, donde la fiscalía ha iniciado este miércoles el proceso para solicitar la extradición de Weinstein.

Al escuchar la sentencia las mujeres se han abrazado y llorado, pero antes Haley y Mann han tenido oportunidad de dirigirse al juez Burke. La primera ha recordado las “cicatrices profundas, mentales y emocionales, quizá para siempre, quizá irreparables”, que le dejó Weinstein y ha contado como, pese a haber llegado a sentir “pena” por él durante el proceso, esta se transformó en “ira” al ver “su falta de remordimiento”, que “está totalmente desconectado de la gravedad de los crímenes”.

Mann, que sufrió la violación dentro de una relación sexual consentida con Weinstein, ha repasado también los efectos del trauma. “La violación no es un momento de penetración, es para siempre”, ha dicho la mujer, que ha denunciado que Weinstein veía a sus víctimas como “desechables” y ha acabado proclamando: “ya no tengo vergüenza. He encontrado mi voz”.

Weinstein, inconexo

Sus declaraciones han sido mucho más firmes y claras que la de Weinstein, al que era difícil escuchar en la sala, donde ha hablado cerca de 15 minutos. Los ha aprovechado para mostrar “remordimiento” a las mujeres pero también para insistir en que “tenía la impresión” de que mantenían una relación amistosa y asegurar que pasó “momentos maravillosos con ellas”. También para, como suelen hacer los agresores, retratarse como víctima.

Incluyendo como referencia la “caza de brujas” de comunistas en Estados Unidos Weinstein ha asegurado que “miles de hombres y mujeres están perdiendo las garantías legales” en el país ante acusaciones de carácter sexual. Ha hablado de “crisis” y ha dicho que está “totalmente confundido” por lo que le ha pasado, añadiendo: “Los hombres están confundidos sobre todo este tema”, “no es la atmósfera apropiada”, “me preocupa este país”.

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Como han hecho antes que él sus abogados Weinstein ha destacado ante el juez sus donaciones benéficas, incluyendo millones de dólares en Nueva York para ayudar tras los atentados del 11-S o el huracán Sandy. Ha hablado del miedo de perder toda relación con sus hijos. Y mientras que Donna Rotunno, una de sus letradas, recordaba su estatus mencionando sus “más de 80 Oscar”, el propio Weinstein trataba de asegurar que nunca fue un titán en Hollywood. “No tenía grandes poderes en esta industria”, ha llegado a decir.

Ni sus palabras ni la crítica habitual de su defensa incidiendo en su teoría de que la fama de Weinstein y el momento social “han impedido un juicio justo” han conmovido a Burke. El juez le ha señalado que "es la primera sentencia, pero no la primera ofensa". Y luego la ha dictado: 23 años de cárcel, ya palabra de ley.