Currentzis electriza con Mahler y Strauss

El director de orquesta griego debutó con un gran éxito en el Auditori en la temporada de Ibercamera

El director de orquesta griego Teodor Currentzis, con la orquesta Sinfónica SWR Stuttgart.  

El director de orquesta griego Teodor Currentzis, con la orquesta Sinfónica SWR Stuttgart.   / MAY ZIRCUS

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El debut en Barcelona del director griego Teodor Currentzis, el miércoles en el Auditori dentro del ciclo de Orquestas Internacionales de Ibercamera, se convirtió en todo un acontecimiento. Con el aforo al completo, el músico formado en Rusia consiguió hipnotizar al público gracias a dos auténticos bombones tanto para un director como para un conjunto orquestal, ambas concebidas en torno a 1888: el poema sinfónico ‘Muerte y transfiguración’ de Richard Strauss y la ‘Primera Sinfonía, Titán’ de Gustav Mahler. Para ello contó con una ‘herramienta’ prodigiosa como es la Sinfónica SWR Stuttgart, conjunto que nace en el 2016 de la fusión de las orquestas de las radios de Stuttgart, Baden-Baden y Friburgo y que Currentzis lidera.

Tensión dramática y sonido potente y hermoso

Llamó la atención la amplia sección de cuerda, que sobrepasaba los 65 intérpretes, a los que se unían otros 25 en las demás familias en Strauss y hasta 45 en Mahler. El músico –y actor, realizador, productor, gestor...– sabe lo que significa el concepto de espectáculo al optar por lecturas cargadas de tensión dramática, pero también de un sonido potente y hermoso. Él mismo atrae las miradas en el escenario, porque más que moverse empuñando la batuta, no para de bailar, de subrayar sus ideas con todo el cuerpo al dibujar las melodías y las entradas, tanto que por momentos el podio se le quedaba pequeño.

El éxito conseguido bebió de un sonido embriagador, con un Strauss punzante y teatral, todo brillo, equilibrado con eficacia en los planos sonoros en una acción de conjunto ejemplar. Currentzis, además, no ocultó su deseo de impresionar tirando de efectos que causaron un profundo impacto en la audiencia, como en ese monumental primer movimiento de la obra mahleriana, aunque siempre fiel a las indicaciones de dinámica de la partitura, pero acentuándolas en la búsqueda de contrastes imposibles.

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Brillo y elegancia

La orquesta y los solistas le siguieron con fidelidad, incluso en los difíciles cambios de ‘tempo’ del ‘Intensamente agitado, pero no demasiado’ apuntando a un fraseo sorprendente en el que los acentos de las diferentes líneas iban construyendo un edificio magnífico. No unió los dos movimientos finales, pero hubo juego y brillo, elegancia y, sobre todo, vuelo lírico. Un debut realmente prometedor.