24 sep 2020

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ENTREVISTA

Hernán Díaz: "En EEUU parece imposible contar una historia sin revólveres"

El escritor argentino escribe en inglés 'A lo lejos', una novela que le valió ser finalista al Pulitzer

Elena Hevia

El escritor Hernán Díaz, en su reciente visita a Barcelona. 

El escritor Hernán Díaz, en su reciente visita a Barcelona.  / ROBERT RAMOS

Es argentino, pasó su infancia en Suecia y lleva décadas instalado en Nueva York donde tiene una hija y una hipoteca, dos cosas que suelen enraizarte a la tierra con firmeza. Hernán Díaz (Buenos Aires, 1973) escribe en inglés y en cierta manera encarna un nuevo tipo de escritor que no conoce fronteras ni cánones nacionales. ‘A lo lejos’ (Impedimenta / Periscopi), finalista del Premio Pulitzer y del PEN / Faulkner en la categoría de ficción, es su primera incursión en la novela gracias a un tema que genéticamente no puede ser más inequívocamente americano, el wéstern, un género que muy de tanto en tanto saca la cabeza tanto en el cine como en la literatura. En la obra, el protagonista, el joven sueco Hakan Söderström desembarca en San Francisco y atraviesa los Estados Unidos para buscar a su hermano, perdido en Nueva York.

¿Hacer ir a su héroe en la dirección contraria a la de conquista del Oeste tiene un carácter programático?

Es un buen modo de darle la vuelta a las convenciones, una metáfora para ir a la contra. No quería que Hakan fuera parte del 'destino manifiesto' que es como llamaban a esa expansión. Es un concepto espantoso que implica genocidio, destrucción del paisaje unido a grandes problemas ideológicos y políticos.

Lo del destino manifiesto es una idea casi trumpiana, la intención de hacer más grande América.

Pero también nazi, el lebensraum alemán, con esta idea de la nación necesita ese territorio. Cuando encontré la imagen de mi protagonista haciendo el camino al revés, ese fue un gran día para mí.

¿Le molesta jugar con los estereotipos?

No, me gusta trabajar con ellos porque el lector lo recibe como un sistema de expectativas muy poderoso. Luego, cuando está más confiado lo que hago es hacerle una llave de judo a las convenciones y el resultado es bastante interesante. Quería subvertir no solo la narración sino también los estereotipos ideológicos e históricos.

¿De niño le gustaban los wésterns?

Sí, pero no más que a cualquier otro niño. Me influyeron más los cómics europeos como Lucky Luke o 'Tintín en América', de autores que no conocían Estados Unidos de primera mano. Esa mirada del extranjero me interesa mucho. Muchos directores de cine europeos como Sergio Leone o Fritz Lang trasmitieron su personal  mirada y luego está el caso de Karl May, un alemán que nunca pisó el Oeste y estaba especializado en el género. Sus novelas son bastante espantosas.

"Lo unico real en el wéstern es el genocidio de los habitantes nativos, el machismo rampante, el individuo justiciero y el fetiche de las armas"

Parece importante más el lado oscuro del Oeste que su mítica reluciente.

Es que en cierta forma es una visión estetizada y romántica de lo peor del pasado estadounidense. Cuando lo único real es el genocidio de los habitantes nativos, el machismo rampante en el que las mujeres o son prostitutas o propiedad privada, la naturaleza entendida como fuente de extracción de capital, el individuo justiciero por encima de las instituciones y el fetiche de las armas.

Visto así…

Sí, todos estos rasgos aparecen de un modo favorable y excitante y no es casualidad que sean afines a la derecha más retrógrada. Así que intervenir en estos clichés era también una forma de hacer un comentario sobre la historia norteamericana porque soy norteamericano por adopción y me importa poder intervenir en la historia de mi país.

Su protagonista es un hombre perdido en medio de un gigantesco paisaje. ¿Ha querido mostrar con él la debilidad del inmigrante?

Es un hombre perdido. Un analfabeto que no habla inglés, no ha tenido ningún tipo de educación y no sabe que la Tierra es redonda. Hasta ese punto está perdido, perdido en sí mismo. Está mucho más divorciado de la realidad que los actuales inmigrantes.

¿Esa sensación de extrañamiento tiene que ver con los distintos traslados en su biografía?

Siempre me he sentido un poco fuera de registro en todas partes y aunque mi antihéroe tenga objetivamente poco que ver conmigo, su historia sí es profundamente personal y cifradamente autobiográfica, aunque sea de un modo oblícuo.

¿No pertenecer a ninguna parte es bueno para un escritor?

Los cánones nacionales solo funcionan para los académicos más rancios. Yo doy clases en la Universidad de Columbia y creo que la literatura debe ser caótica y apátrida de un modo maravilloso con vasos comunicantes inesperados.

Si hay un wéstern importante en la literatura norteamericana ese es 'Meridiano de sangre'. ¿Le ha influido?

Leí la novela de Cormac McCarthy hace muchos años y me afectó terriblemente su violencia. Por eso no he querido volver a ella.

Las páginas de 'A lo lejos' también están cargadas de crueldad.

Es verdad. Casí dejé de escribirla cuando me vi obligado a abordar esos momentos que son necesarios para una historia de destrucción. Creo que es imposible entrar en diálogo con el género sin confrontar el hecho de la violencia. Mi esposa me convenció de que debía seguir, así que abordé esas escenas muy rápido y asqueado conmigo mismo. En Estados Unidos hoy parece imposible contar una historia sin revólveres.

Escribió este libro en la era Obama pero publicó con Trump ya en el poder. ¿Significativo, no?

Me impresiona esa significación. Mirar responsablemente el presente implica reconocer en qué modo hemos llegado hasta aquí y qué procesos históricos fosilizados siguen perseverando en el presente. Por eso he escrito 'A lo lejos'.