10 jul 2020

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UN DEBATE COMPLEJO

Banksy: un pirata víctima de los piratas

Una exposición no autorizada de la obra del artista británico en Barcelona vuelve a poner de actualidad el debate sobre los derechos de autor en el arte urbano

Mauricio Bernal

Evocación de una de las habitaciones del Walled Off Hotel de Banksy en Belén de la exposición ’The world ok Banksy’, en el Espai Trafalgar.

Evocación de una de las habitaciones del Walled Off Hotel de Banksy en Belén de la exposición ’The world ok Banksy’, en el Espai Trafalgar. / CORTESÍA ESPAI TRAFALGAR

Bien a la entrada, bien destacado, bien visible: "Los derechos de autor son para perdedores". La frase, atribuida al artista urbano más enigmático y conocido a la vez, el global e icónico Banksy, asalta al visitante en el prólogo de la exposición que le dedica el nuevo Espai Trafalgar de Barcelona, en la calle del mismo nombre. Lo cual, por supuesto, no es casual. Las más de 100 obras expuestas son suyas en el sentido de que salieron de su cabeza, pero nada más: lo que luce en las paredes son fidedignas copias pintadas por otros sin el permiso expreso del británico, aunque se supone que con el tácito, derivado de la sentencia contundente. "Banksy es un pirata. Qué va a decir: ¿parad la piratería?", pregunta con sorna el responsable de la muestra, el belga de origen albanés residente en París y promotor teatral Hazis Vardar. Tiene toda clase de fascinantes aristas el tema de Banksy y los derechos de autor, y la exposición recién abierta en el Espai Trafalgar no es la primera que las saca a relucir.

"Banksy es un pirata. ¿Qué va a decir? ¿Parad la piratería?", pregunta con sorna el responsable de la muestra, Hazis Vardar

"No sabemos dónde llamarlo, ni siquiera lo conocemos –dice Vardar–. Pero lo cierto –admite– es que el único que tiene derecho moral sobre todo esto es él. Si un día se levanta y dice: 'Esto se acabó', se acaba, no podemos hacer nada". De momento, Banksy no se ha levantado con el ánimo de acabar con todo esto, como dice Vardar, lo que no quiere decir que no lo haya hecho alguna vez. Hace un año, sus abogados ganaron una demanda contra los organizadores de la muestra 'The art of Banksy, a visual protest' en Milán, no por la exposición de sus obras sino por el uso de sus imágenes en los productos de 'merchandising' –algo que también hace la muestra del Espai Trafalgar–. Dado que Banksy es anónimo, la demanda fue interpuesta en nombre de la Pest Control Office (PCO), la firma que el artista de Yate puso en marcha hace unos años para librar certificados de autenticidad de su obra. Ha sido la primera, y de momento la única vez, que la PCO litiga por los derechos de autor de Banksy en los tribunales.

Reproducción de 'Kissin Coppers', de Banksy, en el Espai Trafalgar. / CORTESÍA ESPAI TRAFALGAR

Afanes comerciales

Es tan antiguo como el propio arte urbano el debate sobre si lo amparan o deberían ampararlo los derechos de autor. En el gremio se tiene por verdad que el arte de la calle pertenece a la calle, es decir, que una vez se deja allí "se pierde el control", como dice el artista, curador de arte urbano y autor, entre otros volúmenes, de 'Artivism' –sobre arte político–, Arcadi Poch. "Mi opinión es que los que trabajamos en la calle debemos asumir que cuando el arte está en la calle pertenece a la calle. La exposición pública está sometida no solo a los posibles robos sino a las inclemencias de la cotidianidad urbana: el incivismo, el clima, todo entra en el mismo saco. Eso es así. Pero otra cosa es el respeto". Poch, como la mayoría de artistas de la calle, lamenta lo que se ha vuelto habitual: la explotación comercial del arte urbano por parte de terceros que pasaban por ahí. También hay piratería en la calle.

"La calle es territorio libre, así que lo único que podemos hacer es mearnos en la puerta del que se aprovecha", dice el Pez Polla

"Hay mucha gente que se aprovecha del trabajo del artista de la calle sin muchos escrúpulos", dice el artista urbano Xupet Negre. "Por ejemplo, editoriales que envían a un fotógrafo por Barcelona a hacer fotos de grafitis, y luego imprimen un libro y hacen negocio. A veces sin hablar con los artistas, y sin molestarse en poner el nombre del autor de cada grafiti". "Es un poco lo que pasa con esta exposición de Banksy", dice Poch. El internacional Jorge Rodríguez-Gerada, cubano de nacimiento, criado en EEUU, vecino de Barcelona y autor de murales de gran formato en varias ciudades del mundo, dice que "solo porque una obra esté en el espacio público no significa que se pueda hacer cualquier cosa con ella". "No vale todo. Que no esté escrito en una ley no quiere decir nada. La copia pura y dura de tu trabajo sin más, por puro afán comercial, eso me parece intolerable, pero si viene alguien que desde el aprecio a tu obra se pone en contacto contigo y te explica el proyecto que tiene, pues se puede hablar, claro". El problema no es el qué, es el cómo, viene a decir.

Reproducción del 'Flower thrower'. / CORTESÍA ESPAI TRAFALGAR

La respuesta de H&M

'The world of Banksy', la exposición "inmersiva" en el Espai Trafalgar, no es la única de la obra de Banksy que ha sacado tajada tanto del vacío legal como de la posición pública del artista sobre los derechos de autor: lo han hecho otras como 'Banksy laughs now', 'The art of Banksy' y 'Banksy, genius or vandal?', esta última presentada en el 2018 en Ifema de Madrid. En la capital española, justamente, se exhibirá este sábado 'The man who stole Banksy', el documental que cuenta la historia de cómo y por qué fue arrancado y subastado por internet el pedazo de muro donde Banksy pintó uno de sus dibujos durante su famoso, y fructífero, viaje a Palestina. Será en el Urvanity Art, el festival de nuevo arte contemporáneo paralelo a ARCO donde expondrán varios artistas vinculados al arte urbano.

"Que una obra esté en el espacio público no significa que se pueda hacer cualquier cosa con ella", dice Jorge Rodríguez-Gerada

La piratería del arte urbano suele ser noticia, por ejemplo cuando en el 2018 el grafitero estadounidense Jason Revok demandó a H&M por usar su obra sin permiso en una campaña publicitaria, o cuando el italiano Blu, para protestar contra el uso comercial de su arte, borró todos y cada uno de los murales que había pintado en su natal Bolonia. En el caso de Revok, la respuesta inicial de H&M resume el problema, esa falta de respeto de la que habla Rodríguez-Gerada: dijeron que los derechos de autor no podían aplicarse a una obra creada "ilegalmente". "Si tú no explotas comercialmente tu obra, no debería hacerlo nadie", dice el artista urbano afincando en Barcelona Pez Polla. "Pero la calle es territorio libre, así que lo único que podemos hacer es mearnos en la puerta del que lo hace". 

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