22 sep 2020

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CRÍTICA DE MÚSICA

'Pastoral for the Planet' o cómo utilizar la Sexta de Beethoven para hablar del futuro

Carlus Padrissa utiliza la sinfonía como base de un montaje inmersivo estrenado por la Insula Orchestra, una soprano y cuatro bailarines y actores en La Seine Musicale de París

El público interactuó con el espectáculo gracias a una aplicación de móvil y pudo elegir entre un final optimista y otro apocalíptico

Marta Cervera

Una imagen de ’Pastoral for the planet’, homenaje a Beethoven dirigido por Carlus Padrissa, de La Fura dels Baus

Una imagen de ’Pastoral for the planet’, homenaje a Beethoven dirigido por Carlus Padrissa, de La Fura dels Baus / JULIEN BENHAMOU

Con un final extra de regalo a modo de bis. Así acabó el miércoles 'Pastoral for the planet' en La Seine Musicale de París, el último espectáculo de Carlus Padrissa, inspirado en la 'Sexta sinfonía. Pastoral', de Beethoven. La modernidad de la propuesta, a juego con la del edificio inaugurado hace tres años, sorprendió gratamente al público. Antes de entrar, los espectadores habían descargado una aplicación de móvil que, además de permitir interactuar y recibir información suplementaria durante la representación, también les permitió elegir entre dos finales: uno optimista acerca de un futuro fructífero para el planeta y otro pesimista, léase apocalíptico.

La cincuentena de músicos bien compenetrados de la Insula Orchestra dirigida por la maestra Laurence Equilbey -Padrissa ya había colaborado con ellos en 'La creación' de Haydn- interpretaron una variada banda sonora para ilustrar un relato donde la historia de Prometeo se mezcla con el maltrado del ser humano a la Tierra. En consonancia con la música, los dibujos y diseños del artista Mihael Milunovic proyectados, así como los vídeos y 'mapping' de José Vaaliña, contribuían a cambiar la atmósfera y el espacio. Por un lado, un mundo idílico y en armonía con la naturaleza como el que reflejó Beethoven en la 'Pastoral'. Por otro, un planeta amenazado por las guerras, la contaminación y la sociedad consumista. Todo ello en una escenografía presidida por una enorme estructura que tanto podía ser un árbol totémico como un ser antropomorfo de cuyo interior salieron al inicio del espectáculo los cuatro actores y bailarines quienes, junto a la soprano Sophie Karthäuser, interpretaron a diferentes personajes en una historia que empezó con el mito de Prometeo y acabó con una mirada hacia un futuro no tan lejano.

Despertar conciencias

La preocupación por el cambio climático y la destrucción del planeta ha quedado patente en varias de las creaciones de Padrissa. 'Pastoral for the planet' también va en esa línea. Esta vez intenta despertar conciencias. La poderosa 'Sexta sinfonía' del genio de Bonn se integra en una "ópera esférica", en definición de Padrissa, una 'performance' donde la exaltación de la naturaleza se conjuga con obras de Anton Reicha, Julius Rietz, Fanny Hensel-Mendelssohn y Carl Maria von Weber para elaborar un poema sinfónico ecologista en el que también destacan piezas de música tradicional: una jota aragonesa, una nana africana y una polifonía interpretada por campesinas ucranianas cuya imagen grabada y proyectada sobre la orquesta ocupaba todo el escenario. Un acierto. Junto a la fuerza de esas melodías ancladas a la tierra, sonaron también arias tan bellas como 'Hero und Leander', de Hensel-Mendelssohn, y la melancólica cavatina de 'Oberon', de Weber, que se interpretó en la parte final con una imagen difícil de olvidar. Pero mejor no desvelar demasiado porque 'Pastoral for the planet' tiene muchos números para venir al Festival de Torroella. 

La simbiosis entre la música sinfónica y las imágenes impactó al público, que aplaudió en más de una ocasión durante el estreno de este espectáculo que guarda conexión con la versión de 'Norma', estrenada por Padrissa en Atenas. En ella, el director mostraba una civilización a la deriva en un mar contaminado, invadido por plásticos. 'Pastoral for the planet' incide en esa línea y advierte: el tiempo se agota y toca decidir en qué mundo queremos vivir.