29 mar 2020

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CRÓNICA

Patrick Watson, el regreso del artista hipersensible

El cantante y pianista canadiense desplegó en Apolo su culto a la emotividad en el recorrido íntegro a su nuevo disco, 'Wave'

Jordi Bianciotto

Patrick Wilson, en la sala Apolo

Patrick Wilson, en la sala Apolo / FERRAN SENDRA

El aura de Patrick Watson como creador distinto, en torno a un pop de arte y ensayo que maneja una emotividad a flor de piel, se conserva sorprendentemente intacta entre el público después de ocho álbumes y situándose ya lejos de los sabores de la temporada. También en Barcelona, donde el nutrido club de seguidores del canadiense cerró filas este jueves en Apolo, tras siete años sin visitarnos, en la puesta en escena de ese álbum lánguidamente torturado que responde por ‘Wave’.

Obra en la que exorciza los súbitos reveses de la vida (la muerte de su madre, el divorcio) con diez canciones hipersensibles que nos vienen a decir que no somos nada porque en cualquier momento podemos perder aquello que más queremos, y que recorrió una por una siguiendo el orden discográfico con algunas variaciones. Así, comenzamos con el melancólico bucle al piano de ‘Dreaming the dream’, andando a tientas entre el sueño y la realidad y buscando un alivio para el alma. Watson, al piano, acudiendo al falsete con su voz doblada por la corista, en un escenario con unos pocos puntos de luz.

Buscando la intensidad

Su recompuesta banda fue haciéndose notar en ‘The wave’, la canción, adentrándose poco a poco en la especialidad de la casa: la dinámica instrumental sigilosísima que va ganando cuerpo, a costa a veces de repetir la misma rueda de armonías, buscando un efecto emocionalmente abrumador. Watson es un intensito de narices, y este disco deslizó ese abuso del ‘crescendo’, aunque también delicadezas (‘Melody noir’, con sus aires de canción popular), bellas composiciones enrarecidas (‘Wild flower’) y sentidas escenas de ‘piano-man’ (‘Here comes the river’) en las que forzar el canto en la tradición de Jeff Buckley. Y con ese bis que fue de lo candoroso (‘Big bird in a small cage’ con modos folk) a lo turbulento (‘Turn into the noise’) nos recordó que sigue siendo un artista indómito, portador de una rara idea de belleza.

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