05 abr 2020

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POLÉMICA HISTÓRICA

Historiadores y filólogos desmontan la seudohistoria sobre Catalunya

Refutan en el libro colectivo 'Pseudohistòria contra Catalunya' las teorías del Institut Nova Història y de la historiografía "españolista"

Ernest Alós

La caja con los supuestos restos de Cristóbal Colón de la catedral de Sevilla, exhumados  para su identificación en el año 2003.

La caja con los supuestos restos de Cristóbal Colón de la catedral de Sevilla, exhumados  para su identificación en el año 2003. / EFE / EMILIO MORENATTI

El silencio displicente del mundo académico ante las actividades del Institut Nova Història ha tardado en romperse. Pero ya se ha acabado definitivamente, dejando en mal lugar a políticos, medios de comunicación y entidades locales que han aplaudido las teorías de la asociación fundada por el escritor Jordi Bilbeny y sus discípulos, que desde 2017 han difundido una visión alternativa de la historia de Catalunya según la cual la conquista de América fue una empresa catalana, “el siglo de oro español es el siglo de oro catalán traducido al castellano, con el nombre de los autores retocados y los lugares de edición cambiados”, en palabras de Bilbeny, y un sinnúmero de personajes de relevancia mundial serían en realidad catalanes. La refutación más estructurada hasta el momento llega este lunes a las librerías catalanas: el libro ‘Pseudohistòria contra Catalunya. De l’espanyolisme a la Nova Història’ (Eumo), coordinado por los profesores de la Universitat Jaume I Vicent Baydal Cristian Palomo y con aportaciones de los historiadores y filólogos Albert Velasco, Stefano M. Cingolani, Guillem Fornés, Xevi Camprubí, César Sánchez y Lluís Ferran Toledano.

“Hacemos un llamamiento a la ciudadanía. La bola se ha hecho demasiado grande; debemos tratar a esta seudohistoria como una seudociencia más, es lo mismo que una seudoterapia. Las garantías científicas se han de reclamar tanto en las ciencias físicas como en las sociales, y basar nuestra visión del mundo en una seudociencia no es baladí”, proclama Baydal.

“Me indigna cómo se está desprestigiando a la historiografía catalana, que es de primer nivel. Por eso la defendemos, y por eso el libro va tanto contra la seudohistoria del INH como contra la historia nacionalista de España”, añade. A lo que se enfrentan no es solo a una anecdótica atribución de catalanidad de Cristóbal Colón o Miguel de Cervantes sino, explican los autores en el prólogo, a un conjunto de “interpretaciones históricas que presentan la Catalunya medieval y moderna como una potencia política de primer orden mundial”, algo ocultado por “un poderosísimo aparato censor represor controlado desde Castilla, que habría perpetrado el mayor expolio cultural de la historia de Occidente, por no decir del mundo entero, para que el pueblo catalán acabase creyendo que no había tenido una historia gloriosa”.

El único método de Bilbeny y sus discípulos como Pep Mayolas o Luis Maria Mandado sería, según Baydal, el clásico ‘cherrypicking’. “Si vas al árbol y solo hay dos cerezas de color azul las coges y dices que las cerezas son azules. La base de la ciencia es coger todas las muestras. Y por supuesto no pintar cerezas de azul”, bromea.

Contra la academia

Tras terraplanismos, antivacunismos o teorías como nos la que nos ocupan siempre hay un mecanismo común. "La apelación constante a exitosas conspiraciones y tramas a gran escala que los poderes fácticos habrían organizado para evitar que la sociedad conozca la verdad”, además de otra “característica intrínseca a la seudoinvestigación” como es “el intento constante de desprestigiar a los investigadores científicos y el mundo académico”. Baydal hace autocrítica: ha habido “pereza por desenredar sus argumentaciones, porque desmontar tantas chorradas cansa” y no se ha querido debatir con ellos “porque no se puede, porque han mentido de manera consciente”. Pero “no pueden quedar sin respuesta”, concluye.

Hasta el momento, la réplica más contundente a la INH fue una entrevista a los historiadores Agustí Alcoberro, Vicent Baydal, Àngel Casals y José Enrique Ruiz Doménech en la revista ‘Sàpiens’ (‘Desmuntem la Nova Història', marzo del 2019). El pasado verano se sumaron las críticas lanzadas desde el PSC y ERC y la difusión de un avance del libro ‘Pseudohistòria contra Catalunya”, a lo que Bilbeny replicó que tiene ganada la batalla “a la historiografía catalana que lo único que hace es repetir el discurso de la inquisición que se ha escrito en los últimos siglos”. "El Institut Nova Història cuestiona el pensamiento único y demuestra que la historia no es exactamente como nos la han enseñado en la escuela o la universidad. Esto nos ha obligado a trabajar al margen de la academia. Hasta el punto de haber de organizar universidades de verano propias donde planteamos una revolución del conocimiento al margen de los títulos y las poltronas", añadía el comunicado del INH, titulado 'Desmuntar la vella història i enderrocar el dogma'.  

¿Pero por qué ha tenido tal difusión el trabajo de Bilbeny? La fiebre independentista no basta como explicación: no han faltado precisamente puntos de vista desde este sesgo en los últimos años que pueden ser objeto de controversia pero sin ir mucho más allá de los límites de lo verosímil. En el libro, César Sánchez sostiene que, más que la difusión en internet, típica de todas las 'seudo' disciplinas, TV3 ha sido el gran impulsor del INH con la emisión de documentales que exponían sus hipótesis.

Baydal añade que dentro del nacionalismo catalán un sector sin conocimientos históricos ha visto en el relato de Bilbeny “una respuesta al canon español que se enseñó en la escuela hasta la transición, que negaba la pluralidad de los pueblos de España”. Debería haber una alternativa, proponen como conclusión: un compromiso por la divulgación científica de la historia por parte de académicos y medios de comunicación y con apoyo público.

Cristóbal Colón.

Confusión de colones

Stefano M. Cingolani, Guillem Fornés y Cristian Palomo dedican una pieza de 100 páginas a rebatir el mito inicial del bilbenyismo. No la catalanidad de Colón (el debate sobre la cual, aunque en la aceptada académicamente teoría del origen genovés pueda haber incongruencias, queda irremisiblemente torpedeado por la "falta de escrúpulos" de INH, apuntan) sino la imposibilidad de que tras el descubridor de América se oculte un determinado ciudadano de Barcelona, el caballero Joan Colom i Bertran. Intentando resumir la pieza de autos: no fue marinero, consta como fallecido antes de 1477, no se sostiene que estuviese en realidad en “muerte civil” por ser un resistente contra Juan II (ya que ni esta fórmula encaja con el rastro documental que dejó y debería haber sido aministiado para llegar a hablar ante las Cortes en representación del rey cuando debería haber estado civilmente muerto), ni hay documentos posteriores a 1477 que lo muestren vivo y coleando como sostiene Bilbeny (solo citan a sus sucesores identificándolos como hijos suyos), ni se casó con una infanta portuguesa (que de hecho murió soltera en un convento)...  "En la figura del Colom de Bilbeny se mezclan "datos de hasta cinco ''coloms' distintos, incluyendo dos piratas franceses", sostiene Baydal. Los autores se hacen además una pregunta: si la censura española logró castellanizar toda la empresa catalana de descubrir América y decenas de obras literarias, ya puestos, ¿por qué no hizo de Colón un castellano, en lugar de genovés?

Miguel de Cervantes.

El siglo de oro 'traducido'

El INH no solo entra en conflicto con la historiografía. En su marco teórico cuestiona toda la romanística internacional al plantear que el catalán tiene un origen directo en una lengua "ibero-vasca" que, influida por el latín, daría luz a un romance catalán que estaría en el origen de todas las lenguas románicas. Por otra parte, para justificar que la literatura del siglo de oro en castellano no es más que la traducción de las obras del censurado siglo de oro catalán ("mediante prejuicios xenófobos identifican Castilla, incluidas las élites gobernantes, como paradigma del analfabetismo frente a las instruidas élites de la Corona de Aragón", plantea Guillem Fornés) y que en concreto Cervantes era valenciano, se utilizan como prueba 'catalanadas' del 'Quijote' que pasaron desapercibidas al traductor y que, documenta una a una Guillem Fornés, no son más que formas castellanas hoy en desuso.  "Dineros" (también en Quevedo), "las espaldas" (en Luis Cabrero de Córdoba), "soy venido" (Fernando de Mena), "rumiar" (Hernando de Talavera)... Expresiones tan comunes en el castellano antiguo y moderno que para que fuesen pruebas de un original catalán, los traductores-censores deberían haber traducido toda la literatura castellana, durante varios siglos... y cometiendo siempre los mismos errores. 

Marco Polo.

Una conspiración universal

A lo largo de los años, las celebridades universales en quienes los miembros del INH descubren un oculto origen catalán se han multiplicado, hasta el punto que la falsificación archivística necesaria debería haber afectado todo el mundo conocido. ¿Una complicación innecesaria? "El porqué es una cuestión de 'modus vivendi' -argumenta Baydal-; necesitas novedades para generar nuevas noticias, crear rutas y viajes... No podían limitarse a Colón año tras año y eso les ha llevado a hacer más grande la bola. Pero ya se ha hecho demasiado grande". Por ejemplo: Marco Polo sería en realidad el mercader Jaume Alaric. Pruebas: Jaume I envió a este a Persia y el profesor John Larner descartó que el autor de la obra atribuida a Marco Polo fuese un mercader veneciano... cuando el citado profesor de Oxford lo que hizo fue reafirmar  que los autores fueron el veneciano y Rustichello da Pisa. La lista empieza a ser ya abrumadora: El Cid, los hermanos Pinzón, el gran capitán, Hernan Cortés, Garcilaso de la Vega, Pizarro, Magallanes, Diego Velázquez, Juan de la Encina, San Ignacio de Loyola, Leonardo da Vinci, santa Teresa de Jesús, Ludovico Ariosto, el Greco, el Bosco... Para ser sinceros, de algunos de ellos solo se apunta la 'sospecha' o las atribuciones son obra de colaboradores del INH sin pasar a formar parte de su 'canon'. O salen de la imaginación de autores que han salido ya de la órbita del INH por su radicalidad. Sostener que Cervantes y Shakespeare son la misma persona (catalana, por supuesto) ya es excesivo.

La Inquisición de Monty Pyton.

Siempre llega la Inquisición

Un gag recurrente de Monty Python era la aparición de un grupo de prelados al grito de "¡nadie se esperaba a la Inquisición española!" En las obras del INH una inqusición tan irreal como la de los cómicos inglesa también aparece siempre, como el comodín que lo justifica todo. Pero en este caso, siempre se puede esperar que llegue. En uno de los capítulos, Xevi Camprubí explica el funcionamiento de la censura y el control de imprenta y demuestra "que la censura en Catalunya no fue omnipotente" y "nunca fue suficiente para prohibir la circulación de obras prohibidas". Mucho menos de modificar el contenido de toda la  información archivística. "Esto lo  puede decir una persona que no haya entrado en un archivo en su vida. La documentación es múltiple y se coordina una con la otra", recuerda Baydal, para calificar de inverosímil la “hipotética todopoderosa censura anticalana.”

Retroalimentando al otro nacionalismo 

Miembros del INH han calificado a sus críticos de “hacer una cruzada contra el pueblo catalán organizado y documentado” y los han acusado de situarse “en el bando de los enemigos de la libertad”. Los autores de ‘Pseudohistòria contra Catalunya’ han decidido no ponérselo fácil. “No es solo una respuesta a los planteamientos del INH sino también a los del nacionalismo español más caduco”, explica Vicent Baydal, uno de los dos coordinadores de la obra.

Entre las producciones seudohistóricas en el ámbito hispánico que compiten dignamente con el INH están algunas que no entran en el ámbito de este libro: las teorías de Ignacio Olagüe retomadas por Emilio González Ferrín que sostienen que no hubo invasión islámica en España sino una evolución autóctona, las recientes obra de Elvira Roca Barea sobre la leyenda negra española o el revisionismo histórico de la guerra civil de César Vidal y Pío Moa.

Los autores se centran, en cambio, en el canon de la historiografía nacionalista española que, escribe Cristian Palomo, “siempre coincide en presentar el pasado histórico de la península ibérica como una progresión coherente enfocada a demostrar la unidad, la antigüedad y la castellanidad de la nación y el estado de los españoles” y en la actualidad se mantiene cuando “todo acto histórico que se interpreta como fomentador de la unidad española es visto como positivo y catalogado de moderno y progresista, mientras que los actos disgregadores tienen una valoración negativa y se consideran arcaizantes”.  Con autores que la cuestionan como Núñez Seixas, por ejemplo. Aunque Baydal cree que es precisamente en Catalunya donde se ha sido más “autocrítico” con las mitologías de la historiografía nacionalista tradicional.

Los autores le dan al INH donde más le debería doler: sus publicaciones atacan precisamente toda la historiografía catalana que ha cuestionado ese canon castellanocentrista. “Los seudohistoriadores españolistas se aprovechan de la labor del INH para poder burlarse de la historia de Catalunya y de la causa independentista y para ganar público españolista indignado. Una retroalimentación que no favorece ni el conocimiento de la historia ni la sociedad catalana en su conjunto”, insiste Palomo.

En estos casos, en general, matiza no obstante Baydal, “hay una cierta diferencia; en el INH hay invenciones directamente, en las teorías españolistas se fuerza al máximo la historia desde un voluntarismo nacionalista, que es lo que subyace en las dos opciones”.

Con todo, el volumen responde también a varias polémicas que también consideran seudohistóricas: obras que sostienen que Catalunya era un mero condado ‘del’ reino de Aragón, en posición subalterna, o la eterna discusión sobre cómo denominar a la Corona de Aragón. Cristian Palomo discute la teoría del “matrimonio en casa” del historiador aragonés Antonio Ubieto para concluir que el reino de Aragón fue cedido sin más cortapisas al conde de Barcelona. Sí considera “anacronismo flagrante” hablar de “confederación catalananoaragonesa” o “nación catalana” pero también confundir el reino de Aragón con el conjunto que fue llamado “reinos y tierra del rey de Aragón”; “reinos y principado de la Corona de Aragón”, “estados de la Corona de Aragón” o tardíamente Corona de Aragón, la fórmula más acuñada para hablar de una monarquía compuesta a la que no ve mayor problema en caracterizarla como “catalanoaragonesa”. Por su parte, el que fue conservador del Museu de Lleida Albert Velasco denuncia la “culpabilización falseada” de “los catalanes” por el incendio del monasterio de Sigena: todo el argumentario utilizado en el pleito por las obras de arte que oculta que en las destrucciones participaron tanto locales como milicianos anarquistas venidos de Barcelona y hurta el papel de rescate del patrimonio que tuvieron las intervenciones de la Generalitat, el obispo de Lleida y los museos catalanes convirtiéndolas en saqueo.