20 feb 2020

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ESTRENO EN LAPERLA

Oriol Broggi penetra en el universo de Jean-Luc Lagarce

El brillante autor francés habla de incomunicación y familia en 'Només la fi del món' que interpretan Sergi Torrecilla, Muntsa Alcañíz, Clàudia Benito, Màrcia Cisteró y David Vert

Marta Cervera

De izquierda a derecha David Vert, Clàudia Benito, Màrcia Cisteró, Muntsa Alcañiz y Sergi Torrecilla en un momento de ’Només la fi del món.

De izquierda a derecha David Vert, Clàudia Benito, Màrcia Cisteró, Muntsa Alcañiz y Sergi Torrecilla en un momento de ’Només la fi del món. / BITO CELS

Jean-Luc Lagarce (1957-1995) es uno de los autores contemporáneos más interpretados en Francia pero cuando murió de sida a los 38 años casi nadie le conocía. Como el pintor Van Gogh y el autor John Kenedy Tool ('La conjura de los necios'), el éxito le tarde. Su obra 'Juste la fin du monde' escrita en 1990 y estrenada después de su muerte se convirtió en filme en el 2016 dirigido por Xavier Dolan, protagonizado por Gaspar Ulliel, Nathalie Baye, Marion Cotillard, Vincent Cassel y Léa Seydoux. 'Només la fi del món' ya se vio en Barcelona gracias a un montaje que Roberto Romei montó en el Tantarantana y ahora, a partir del miércoles, regresa con una nueva producción de LaPerla29 que Oriol Broggi dirige en Biblioteca de Catalunya.

David  Vert encarna a un autor que tras una larga ausencia se reúne de nuevo con su familia para comunicarles que le queda podo tiempo de vida. Pero hace tanto tiempo que dejó el hogar que ni siquiera conoce a la esposa de su hermano ni a los hijos de estos, cuando el mayor ya tiene 8 años. Su hermana y su madre completan esta familia donde él parece no encajar. Muntsa Alcañiz, Màrcia Cisteró, Clàudia Benito y Sergi Torrecilla completan el reparto de esta obra que, como ocurre con Chéjov, el drama va calando. El de Louis es la soledad que siente, la dificultad para conectar con los suyos y sincerarse con ellos.

Potente y poético

Esa confesión que nunca llega a verbalizar genera una tensión que Broggi intenta servir con la máxima sencillez. "Es un texto muy fuerte, potente y poético sobre la identidad que entra muy bien", afirma Broggi. Los actores llevan todo el peso: "Es puro teatro porque se puede hacer con muy pocos elementos. Es muy esencial y no he querido subrayar nada con efectos, luces o vestuario...".  El director prefiere servirla depojada de artificios para potenciar la interpretación y las emociones, para conectar de manera íntima y directa con unos personajes cuyos silencios a veces son más elocuentes que sus palabras. "No es una obra fácil de digerir pero es necesaria. Refleja la manera en que vivimos", añade el director que anda resfriado estos días.