23 feb 2020

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ENTREVISTA

Mariana Enriquez: "Leía sobre las torturas militares y a la vez a Poe"

La escritora argentina cosecha un notable éxito lector con su novela 'Nuestra parte de noche', que ganó el Premio Herralde

Elena Hevia

La escritora argentina Mariana Enriquez, con un colgante con el rostro de Mick Jagger, este martes en Barcelona. 

La escritora argentina Mariana Enriquez, con un colgante con el rostro de Mick Jagger, este martes en Barcelona.  / JORGE GIL

Leer 'Nuestra parte de noche' (Anagrama), la novela con la que la argentina Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) logró el último Premio Herralde, es adentrarse en un terreno extraño en el que los modelos de la clásica novela de terror sobrenatural anglosajona se dan la mano con las tradiciones mapuches entreveradas con esa otro episodio espeluznante que fue la dictadura argentina. La mezcla, deslumbrante, atrapará a todo tipo de lectores no a golpe de momentos efectistas (aunque algunas de sus escenas sean insoportables) sino con hondura literaria. La narración echa a andar con un padre y un hijo, Juan y Gaspar, miembros de una secta secreta que busca la inmortalidad en la Oscuridad, así con mayúsculas, el lugar donde viven los monstruos. Enriquez además tiene otra novedad, 'Ese verano a oscuras' (Páginas de espuma).  

Cuando se dio a conocer el galardón, su editora, Silvia Sesé, habló de novela total para referirse a 'Nuestra parte….' No hay muchas mujeres que se hayan propuesto ese envite, habitualmente mucho más masculino . ¿Ha sido una cuestión de ambición?

Ha sido más bien de descontrol (ríe). Estaba cansada personalmente de escribir relatos breves y novelas cortas. Sencillamente no quería ponerme límites, quería abrirme a todo lo que me interesa sin importarme que la narración enloqueciera.

La novela tiene una tensión interna que puede dejar al lector agotado. ¿Sintió también esa tensión a la hora de escribirla?

El efecto torrencial es bastante premeditado. Quise ir asfixiando al lector a medida que avanza el relato y eso, claro está, fue bastante estudiado por mi parte.

Imagino que concibió la historia del padre y el hijo, que viajan hacia el norte de Argentina en una atmósfera como de fin del mundo, como la viga maestra del libro. Ahí se percibe claramente otra novela tremenda, 'La carretera' de Cormac McCarthy.

Me impresionó mucho. Es una novela muy económica respecto a sus recursos -por lo que se aleja mucho de mi trabajo- pero a la vez es tan densa y asfixiante como mi obra. Me interesaba forzar a un padre a pensar para qué voy a dejar a mi hijo en este mundo terrible, planteándose si es más piadoso acabar con el pequeño o seguir adelante.

"Yo no tengo hijos, nunca quise tenerlos, pero creo que es una decisión que merece pensarse" 

¿Si hubiera armado el relato con una madre y un hijo, habría funcionado igual? 

No y es sorprendente porque en realidad estoy hablando de una reflexión íntima respecto al hecho de tener un hijo. Yo no los tengo, nunca quise tenerlos, pero creo que es una decisión que merece pensarse.

¿Ha querido convocar ese miedo en el libro?

Y explorar cuánto hay de narcisismo en ello. Tengo 46 años y estoy el límite para tomar una decisión definitiva, aunque sería un poco delirante enfrentarme al lío de los pañales a mi edad. Lo más sorprendente para mí es que mientras escribía la novela no era consciente de lo muy recurrente que es ese tema en ella.

También es su novela más sexual. Muy física y a la vez muy ambigua. Que David Bowie aparezca en su interior no es baladí.

Quería que mis personajes fueron andróginos y fluidos. Hablar del deseo y de que este se manifestara sin necesidad de ponerle una etiqueta. Además, en cierta forma he recuperado mi experiencia de los años 80 en el momento de mi iniciación sexual, cuando era una adolescente rocker que leía fancines contraculturales. Bueno, todavía sigo leyéndolos.

"Durante el auge del sida, un momento relacionadao directamente con la muerte, se vivía la sexualidad de una forma muy intensa" 

Fue el auge del sida. No parece el mejor momento para empezar a tener relaciones sexuales.

La sexualidad, relacionada entonces directamente con la muerte, se vivía de una forma muy intensa. Veías morir a los amigos. Y además en Argentina todavía era más peligroso porque no existía el aborto legal. Quería rescatar aquella experiencia porque en la literatura que yo leía entonces no la encontraba. Y sigo sin hacerlo.

¿Se ha sentido minusvalorada por dedicarse a la literatura de género?

No. Curiosamente mis textos de terror, que no son mayoritarios en mi producción, son los que mejor han funcionado comercial y críticamente. Normalmente se asocia el realismo a un género popular pero realmente el género es lo dominante. Suele decirse que la gente no lee. Pero ahí están los lectores capaces de zamparse siete tomos de 'Juego de Tronos', que es una obra muy hábil aunque con bastantes problemas literarios.

Olga Tokarczuk, la premio Nobel, escribió una novela policiaca y otro nobel, Kazuo Ishiguro, un 'fantasy', lo que viene a ser el último escalón en la consideración literaria.

Es verdad. En el caso de Ishiguro demostró que no era un turista de un género que conocía bien. En mi caso, a mí no me cuesta reivindicar a autores de cómic como Neil Gaiman o Alan Moore.

No sé si se planteaba la fantasía como una metáfora de la dictadura argentina, en la que el peso de los muertos ha sido avasallador.

Pensaba más bien que podría ser una representación de algo que precede, excede y está en la dictadura, que al fin y al cabo solo es una manifestación del poder y la impunidad. En todo genocidio siempre hay una crueldad sistemática y con un punto estético. A veces adoptan formas grotescas, como es el hecho de que la Escuela de Mecánica de la Armada, donde se concentraban los prisioneros cuyos cadáveres acababan en el río, tuviera dos edificios con tejados a dos aguas, que los torturadores llamaban 'capucha' y 'capuchita', dos nombres como de historieta cómica. Debería haber un límite de respeto humano, especialmente dirigido a las personas a las que vas a matar. Lo que se desata ahí convierte a los hombres en monstruos con una crueldad que procede de un lugar casi cósmico. Eso muy Lovecraft y queda acuñado en la frase de la antropóloga Zora Neale Hurston: "Los dioses se comportan como la gente que los crea". Así un dios será cruel si lo son sus fieles.

Que en el norte de Argentina exista el culto a San La Muerte, parecida a la Santa Muerte mexicana no es algo muy conocido.

Se produce en una zona de frontera con Brasil, donde todavía quedan poblaciones indígenas, que fueron masacradas en el sur. La tradición literaria argentina ha ignorado esas tradiciones. San La Muerte es un culto pequeño que apenas está asociado a la violencia de los narcos mexicanos. Pero en fin, Argentina es un país de baja intensidad religiosa.

¿Pese a contar con un Papa?

Si, pero no es un Papa muy ferviente. Es más bien político. Creo que allí es difícil que aparezca un líder que se apoye en la Iglesia como Bolsonaro.  

"Todos tenemos distintos grados de vinculación frente al horror, ya sea como ejecutores, víctimas o testigos"

¿Se ha planteado alguna vez por qué le atrae la oscuridad?

Tengo que mencionarlo de nuevo, lo siento, pero es haber crecido durante la dictadura, pese a que mis padres no eran militantes. Yo leía sobre las torturas militares y a la vez leía a Edgar Allan Poe. Todavía siguen desenterrando cadáveres bajo la autopista que en tiempos fue campo de concentración a dos minutos de mi casa. Hubo gente que cerró los ojos, pero yo no puedo.

El verso de Emily Dickinson que le sirve de título parece apuntar a esa participación.

Es verdad, todos tenemos distintos grados de vinculación frente al horror, ya sea como ejecutores, víctimas o testigos.