20 sep 2020

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ENTREVISTA

Sicus Carbonell: "Sabor de Gràcia es una 'masia' de la rumba"

El grupo barcelonés celebra su 25º aniversario con dos discos y un concierto en el Palau con invitados como Txarango, La Pegatina y Els Catarres

Jordi Bianciotto

Sabor de Gràcia, en su local de ensayo, con Sicus Carbonell en primer plano

Sabor de Gràcia, en su local de ensayo, con Sicus Carbonell en primer plano / MAITE CRUZ

Sabor de Gràcia no ha querido que su 25º aniversario pasara de largo sin festejarlo como es debido, y ha lanzado dos discos con el título de ’25A’: uno en catalán y otro en castellano, adquiribles en un ‘pack’ o por separado, cancioneros de estreno y distintos en su mayor parte. Este miércoles se ponen de tiros largos para estrenarlo en el Palau, dentro del Festival Mil·lenni, con Txarango, La Pegatina, Els Catarres, Macedònia y los raperos Moncho Chavea y Original Elías como invitados.

¿Son tiempos propicios para publicar dos discos a la vez?
No todos los años cumples 25. Eso, y que solemos alternar discos en catalán y en castellano, nos llevó a preguntarnos qué hacíamos esta vez, y como los discos mixtos no me gustan porque no dejas contento a nadie, nos decidimos por hacer dos discos. Aquí están las canciones que hemos compuesto en estos últimos años.

La primera que suena es ‘Volem cantar’, un canto a la diversidad, contra el racismo, el machismo, la homofobia...
En nuestro primer álbum, ‘Tots els colors’ (1997), ya cantamos contra el racismo, a raíz de la noticia de que en Austria unos neonazis habían matado a unas niñas gitanas, y han pasado 25 años y tenemos que volver a hacerlo, lo cual significa que no hemos avanzado. Y no es solo el racismo: queremos cantar por la libertad y por la igualdad de sexos y de colectivos. Hay desigualdad en muchos campos, y gente que predica la libertad y está en la cárcel, como nuestro amigo Jordi Cuixart. Avanzo que le dedicaremos esta canción en el Palau. Y el concierto en su conjunto se lo dedicaremos a Lluís Puig, que fue mánager nuestro, aunque más que mánager, era y es un amigo.

En estos discos participan muchos colegas del gremio, y muy diversos: de Els Catarres a Dj Panko (ex-Ojos de Brujo) pasando por el coro infantil del Orfeó Català. Y gitanos de aquí y allá, como Joanet de Perpinyà. ¿Hay una familia gitana que no entiende de fronteras?
Claro, Joanet y Joseph Soles ‘Patana’ son dos gitanos de Perpinyà; dos grandes rumberos gitanos. ‘Patana’ ha contribuido como autor en una de las canciones, ‘Indiferència’, ‘Indiferente’ en castellano. Me apetecía hacer ese acercamiento a la comunidad de Catalunya Nord. Hay amistad y mucha relación: hace poco tocamos en la boda de un nieto de Nicolás Reyes, el cantante de los Gipsy Kings. No nos hablamos como artistas, sino como gitanos. Hay un código que va más allá del mundo artístico.

Antes hablaba del racismo. ¿usted lo ha sufrido?
¡Y tanto! Solo hay que pensar que en 25 años Sabor de Gràcia no ha tenido un reconocimiento; no nos han dado ni un solo premio de ningún tipo en Catalunya. Hay grupos que hacen su primer disco y ya les premian. Tampoco quiero que me den uno ahora porque cumplimos 25 años y nos quejamos. No, no, estoy de celebración, pero esto es así. El año pasado le dieron la Medalla d’Honor de Barcelona a Moncho, y te preguntabas: “ahora, ¿por qué se la dais, si ya está muerto?”. Los reconocimientos hay que hacerlos en vida. La realidad es que cuando se programa rumba, se programa rumba blanca, y según dónde, si hablas de rumba parece que sea cosa de charnegos, cuando la rumba catalana es de todo el mundo.

En una de las nuevas canciones, ‘En casa de Sabor de Gràcia’, hay un rapeado e incluso una voz con ‘autotune’ muy de trap por parte de dos invitados procedentes de ese mundo, Moncho Chavea y Original Elías. ¿En qué punto conecta ese género con la rumba?
Ellos son gitanos de Madrid que llevan unos años petándolo porque son muy buenos. Yo tengo un hijo de 15 y otro de 18, y el pequeño me dijo un día que todo esto de la rumba y el ventilador estaba genial, pero que tenía que modernizarme un poco porque estaba un poco anticuado. ¡Me cayó el mundo encima! ¿Cómo, anticuado? Así que con ellos he descubierto un mundo, el del trap, que desconocía. Esas bases casan muy bien con el ventilador y las palmas, sin perder la esencia y dando un paso adelante.

Recordando los orígenes del grupo, en 1995, ¿qué objetivos se fijaron?
Pasárnoslo bien y tocar sin mayores pretensiones. Hemos vivido muchas épocas y cambios generacionales. Ahora tenemos uno: en el Palau, mi hijo de 18 años estará con nosotros. Por el grupo habrán pasado más de cien músicos, y Sabor de Gràcia ha sido como una ‘masia’ de la rumba. Hemos cogido gente de la calle y la hemos subido al escenario. Como Muchacho, que al principio tocaba el teclado y que Joan Garriga fichó como guitarrista de La Troba Kung-Fú después de que me pidiera a mí que me integrara en el grupo. Yo no podía y le propuse a Muchacho; los acompañé en unos bolos y ahí se quedó él. Lo mismo con Rambo, que ahora toca la batería con Joan y con mucha otra gente. O Yumitus Tutupá, que ahora es el pianista de Diego el Cigala. Son como hijos musicales de Sabor de Gràcia.

En aquel primer álbum, ‘Tots els colors’, cantaron ‘Me’n vaig a peu’, de Serrat, y homenajearon a Gato Pérez con ‘El gat d’Argentina’.
Y en ‘El mundo baila’, al Pescaílla, y más tarde hicimos un disco dedicado a Peret. A los grandes los hemos respetado y querido mucho. Soy un privilegiado, porque he podido tocar la guitarra con Peret, con Chacho, con Los Amaya... Con todos, menos con el Pescaílla y Gato Pérez. Pero en ‘Al mal tiempo buena rumba’ ya no hablo solo de rumba catalana, sino de rumba en general, la que ha aportado gente como Los Chichos, Los Chunguitos, Dolores Vargas, Estopa... La rumba flamenca es un palo del flamenco, con un ritmo parecido, pero es no igual, porque no hay el ventilador. Son los tanguillos del flamenco, acelerados.

Actúan en el Palau. ¿Será su primera vez en la sala modernista?
Es el primer concierto de Sabor de Gràcia en el Palau, pero hemos tocado allí alguna otra vez. En nuestros primeros tiempos, en 1997, tocamos cuatro canciones en un espectáculo titulado ‘Cançons per la tolerància’, con Lucrecia, Tomeu Penya, La Toleá y Cae Ma Deila. Pero ahora será un concierto nuestro íntegramente.

Le acompañarán los reyes del circuito de la verbena y las fiestas mayores, Txarango, La Pegatina y Els Catarres. ¿La competencia?
No, no, en eso de la competencia yo no creo. Al contrario, son compañeros de trabajo, de otra generación y de estilos muy diferentes. Lo que ellos hacen, nosotros no podríamos hacerlo, y lo que nosotros hacemos, ellos tampoco podrían.