23 feb 2020

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EL ESCRITOR CANARIO, EN EL FESTIVAL BCNEGRA

¿Quién mató a la 'influencer'?

José Luis Correa indaga sobre la soledad y el aislamiento en las redes sociales en 'Las dos Amelias', undécima entrega de su serie del detective Ricardo Blanco

Anna Abella

José Luis Correa, este lunes en BCNegra. 

José Luis Correa, este lunes en BCNegra.  / JORGE GIL

Para intentar entender el fenómeno de las y los ‘influencers’ José Luis Correa (Las Palmas, 1962) decidió ‘cargarse’ a una. No literalmente, sino literariamente, claro -“Que me perdonen las ‘infuencers’...”-. Y puso a cargo de la investigación a su reflexivo detective canario Ricardo Blanco en la que es la undécima entrega de la serie, ‘Las dos Amelias’ (Alba editorial), que presenta esta BCNegra. “Pero sigo sin entenderlo del todo, me parece inextricable cómo hemos llegado a tal aislamiento, a un mundo virtual tan deshumanizado, a tanta soledad, porque ese es el tema de la novela, la soledad de gente que tiene miles de seguidores pero en realidad está muy sola. Estamos permanentemente conectados con el móvil pero estamos solos”, advierte quien no tiene Twitter, aunque sí una web en la que no entra nunca y “un Facebook muy soso”: “Soy malísimo para las redes”. 

"Estamos vulgarizando y banalizando la cultura"

El cadáver de una ‘influencer’ llamada Amelia lo encuentra en la cama de un hotel una joven ‘kelly’, también llamada Amelia, cuando entra a limpiar la habitación. A esta, madre soltera, la linchan en las redes y la acusan de ser la asesina. El germen surgió hace dos años en la Feria del libro de Las Palmas. “Al llegar vi una cola de gente que daba una vuelta y media al parque de San Telmo. Pensé que no podía ser que esperaran a un escritor. ¿Qué era aquello? Y de repente llegó una ‘influencer’ y la gente enloqueció y gritó, y ella se hizo selfis con ellos. Compré el libro por curiosidad y era tan tópico… Después leí libros de otros y ves que son insustanciales, tienen un nivel muy plano narrativa y poéticamente hablando, y también emocionalmente, porque son jóvenes que hablan del sufrimiento y el dolor sin haber sufrido”. Habla Correa sobre ese intrusismo más desde la preocupación como padre de un adolescente y como profesor universitario que desde vanidad alguna como escritor. “El problema es que estamos vulgarizando y banalizando la cultura”, lamenta. 

"Escribo sobre el bien y el mal, de las emociones humanas. Me pregunto qué hace que cualquiera de nosotros seamos capaces de cometer un crimen en un momento determinado" 

“Los libreros y editores te dicen que deben mantener vivo su negocio y que si un ‘influencer’ tiene un millón de seguidores significa que puede vender medio millón de libros porque sus seguidores los compran para colgar su foto en las redes enseñándolo. Hay mucha mitomanía. Y el editor hace números y te dice que con el beneficio que saca publicándolos a ellos puede publicarte a ti, que vendes lo que vendes. Antes te decían que eran los libros de autoayuda los que les salvaban y ahora son los autores de autoayuda los que se quejan del intrusismo de los ‘influencers’”.

Para Correa, “lo de menos es el muerto y la investigación”. Escribe sobre aquello que le preocupa. “Escribo sobre el bien y el mal, de las emociones humanas. De la capacidad del ser humano para hacer la mayor atrocidad y el mayor acto de generosidad. Y los móviles para matar son siempre los mismos: la ambición, la venganza, el poder, el miedo, el dinero, el sexo…”. Y en cada novela se pregunta “qué hace que en un momento determinado cualquiera de nosotros sea capaz de cometer un crimen qué impele a matar a la madre, al hijo…”.

El odio de los 'trolls'

La maldad y el odio también campan a sus aires en las redes. “Los ‘trolls’ se aprovechan de la inmunidad y la impunidad que les da el anonimato, el no tener rostro ni nombre. Así pueden insultarte y hacerte daño. Es cobarde y miserable –denuncia- Y a los ‘influencers’: cuanto más exposición, más riesgo de daño, más gente puede odiarte, despreciarte, envidiarte. De ahí, como salen en la novela, casos de suicidios, y también de niñas y adolescentes a las que les hacen la vida imposible”.

En ese mundo virtual, continúa el escritor, “hay una batalla campal por los ‘me gustas’ y por tener muchos seguidores, cuando a la inmensa mayoría de esos ‘amigos’ de Facebook ni los conocen. Es un mundo de selfis, de poses, que nada tiene que ver con la vida real. Todos nos levantamos con legañas pero estos influentes parece que se levanten glamurosos”. 

"La gente necesita ídolos, referentes. El problema es que en vez de Ghandi siguen a un niñito que cuelga vídeos de cómo se peina"

“A nuestros pibes les cuesta sobrellevar cualquier pequeñito percance. Se desmoronan ante un problema amoroso o emocional porque Google no les da respuestas a eso”, asegura. E insiste en su preocupación por los jóvenes. “La gente necesita ídolos, referentes. El problema es quiénes son y si siguen a gente sin sustancia. Si el mío pudo ser Ghandi o los Beatles o los Rolling Stones, el de ellos puede ser un niñito de 15 años que hace vídeos sobre cómo se peina. Antes alguien podía ser un referente por haber hecho un disco, un libro, un cuadro, algo heroico. Ahora basta grabarse contando un chiste, haciendo cualquier chorrada o una gamberrada para volverse viral”.

Admite que sus reflexiones pueden parecer “catastrofistas” y augura que puede que en el futuro toda esta “esquizofrenia” pase factura médica a los jóvenes. “Quizá la gente al final se harte de este mundo y decidamos desconectar y reencontrarnos con amigos, vecinos... y tener relaciones de verdad, no virtuales”.