20 feb 2020

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CRÍTICA DE TEATRO

El eterno retorno a Moscú

Una versión conceptual de 'Las tres hermanas' de la directora Susanne Kennedy pone el broche al ciclo de propuestas más radicales del Teatre Lliure

Manuel Pérez i Muñoz

’Drei schwestern’, de Susanne Kennedy, en el Teatre Lliure. 

’Drei schwestern’, de Susanne Kennedy, en el Teatre Lliure. 

El riesgo ha vuelto al Lliure. La nueva dirección de Juan Carlos Martel apuesta en parte de su programación por una sana apertura de las fronteras entre lenguajes escénicos. El ciclo de espectáculos 'Katharsis' ha elevado la ambición por unos días presentando obras que llevan la hibridación aún más lejos. Es el caso de 'Drei Schwestern', una versión muy libre de 'Las tres hermanas' de Chéjov de la pujante directora Susanne Kennedy, plato fuerte internacional servido en colaboración con el festival Sâlmon, otra cita en curso donde la creación más transgresora saca pecho.

A mitad de camino entre la instalación performativa y la representación teatral, la pieza de Kennedy defraudó a los que esperaban encontrar de nuevo el retrato naturalista del eterno anhelo de Moscú de Masha, Olga e Irina. Precisamente la versión juega a su manera con ese ritual de la reiteración, hurgando en la posibilidad de un tiempo cíclico que, como en el teatro de repertorio, se repite una y otra vez. La dramaturgia casi conceptual de Helena Eckert escoge fragmentos sueltos del texto como punto de anclaje, el esqueleto básico para que nos llegue, a fuerza de reincidir en los mismos conceptos y frases, toda la angustia chejoviana del original, ese desasosiego lacerante de la inacción y el paso del tiempo.

Dejando aparte el plano conceptual, es a nivel técnico y plástico donde el espectáculo revela sus capacidades de gran producción de la escena alemana. Una plataforma elevada central juega como escenario alrededor del cual se articulan proyecciones de 'mapping' en 3D, efectos estroboscópicos y toda una suerte de impactantes recursos visuales y sonoros que visten la propuesta en clave surrealista. Por momentos parece que la obra de Magritte haya cobrado vida digital, e incluso como en su pintura 'Los amantes', los intérpretes casi anulados aparecen con la cara tapada por telas o máscaras. Una sensación como de pesadilla constante que avanza como una apisonadora, que pulveriza a su paso razón y sentidos. 

Hiperfragmentación

Como no se explica ninguna historia pero la historia se da por conocida, se deben ir llenando los vacíos o abismos a través de los breves cuadros vivientes, los enigmáticos fragmentos textuales y las situaciones rehechas una y otra vez. El discurso hiperfragmentado va abriendo puertas que nunca cierra, como esas enigmáticas tres hermanas ya muy mayores que aparecen de vez en cuando, como atrapadas en un bucle de tiempo circular donde pasado, presente y futuro se confunden, eterno retorno. Teatro en el sentido amplio o bien simplemente arte en vivo. Escenarios inéditos, en todo caso, que esperemos que el nuevo Lliure nos siga presentando con apetecible regularidad. 
 

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