18 feb 2020

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GOYA DE HONOR

Pepa Flores, una vida en libertad lejos de Marisol

La mítica actriz y cantante recuperó hace 35 años la sencillez y el anonimato que siempre añoró

Volcada en la familia, reparte el tiempo entre su casa frente al mar, el campo y la ayuda en la sombra a asociaciones benéficas

Julia Camacho

Pepa Flores, con Antonio Gades, en 1974.

Pepa Flores, con Antonio Gades, en 1974. / EFE

"Ahora solo soy una ciudadana de a pie, es lo que quiero y como mejor me siento". En un tiempo en que el éxito se mide en número de 'likes' y exposición mediática, a muchos sorprende el retiro voluntario emprendido hace 35 años por Pepa Flores. Mito artístico, y sexual, para varias generaciones y la niña prodigio por excelencia del mundo del espectáculo español, se instaló en su Málaga natal para vivir lejos de los focos, una vida que siempre echó en falta, como confesó a su biógrafo y amigo José Aguilar. Volcada en su familia, pendiente de la actualidad y las causas sociales, es harto dudoso que acuda acuda este sábado a la gala de los Goya que se celebra en la ciudad andaluza y que distingue con el Goya de Honor, precisamente, al personaje al que ella dio carpetazo hace décadas: Marisol.

"Es una mentalidad que tal vez pocos entiendan ahora, pero hay que pensar que ella lo tuvo todo, creció delante de las cámaras de todo el planeta, era una niña con su propia muñeca… -justifica Aguilar-, y cuando uno ha nacido con todo eso, no lo echa de menos". El biógrafo de Flores recuerda una anécdota de aquellos años, cuando en un viaje a Nueva York, y al ser preguntada por si le gustaba la ciudad, ella, ingenua, confesó que prefería Málaga, donde apenas paraba. Por eso, en cuanto pudo tomar las riendas de su vida, no lo dudó y buscó el que considera su mayor éxito, el anonimato de una vida cotidiana, el aburrimiento de ser una persona normal. Una decisión que, a sus casi 72 años (los cumple el 4 de febrero), lleva a rajatabla, y no flaquea siquiera con las jugosas ofertas, cheques en blanco incluidos, por reaparecer que le llegan.

No lo necesita. Con un patrimonio que le permite vivir holgadamente, su vida es la de cualquier jubilada. "Se lo ha merecido", confesó su hija Celia Flores hace unos años. Tras separarse de Antonio Gades, en 1985 se instaló en un coqueto ático frente al mar junto a sus tres hijas. Los paseos con los perros por la cercana playa de la Malagueta forman parte de su rutina desde entonces, al igual que las compras o los cafés con los amigos en establecimientos del barrio. Al principio apostada tras unas gafas de sol para pasar inadvertida, pero luego ya protegida por unos vecinos que, pasada la sorpresa inicial, la acogieron como una más de las suyos. Y se muestra agradecida, sin muchas alharacas, cuando alguien la reconoce y le recuerda su época de gloria.

La contradicción 

Fue precisamente en una pizzería cercana a su casa donde conoció a quien es su pareja desde hace 30 años, Massimo Stecchini, once años más joven. Él fue quien mejor supo comprender "su contradicción de querer ser anónima pero a quien siempre reconocen", subraya Aguilar. Stecchini fue también quien se enfrentó a las cámaras cuando, tras la emisión del programa de televisión 'Lazos de sangre', los periodistas quisieron indagar en los supuestos abusos sexuales sufridos en la infancia. "Ella habló hace 30 o 40 años, ¿ahora para qué?", bramó Stecchini. "Hay cosas que no tienen precio. Déjenla vivir en paz". Junto al italiano, disfruta cocinando, y está volcada en sus dos nietos, Curro y Alejandra, sin olvidar el cuidado de su madre nonagenaria. Hace unos años compró una pequeña finca en Moclinejo, un pueblo de apenas 1.000 habitantes en la Axarquía, donde respira la calma rodeada de almendros y olivos y cuida un pequeño huerto con gallinas.

Pepa Flores no ha perdido el espíritu comprometido que desarrolló durante su etapa con Antonio Gades, cuando se convirtió en musa militante de la izquierda. Su entorno cuenta que sigue muy atenta a la actualidad y la evolución del país, especialmente a todo aquello que tenga que ver con los problemas sociales. Y trata de ayudar cuanto puede a organizaciones sociales de Málaga, preferentemente desde la sombra para evitar desviar el foco de atención. No obstante, se la ha podido ver en algún evento de asociaciones a favor de enfermos de esclerosis, donde conquista a todos.

La música sigue muy presente en su vida. Está al tanto de los nuevos valores musicales, pero lo que le apasiona de verdad es el flamenco. El gusanillo, si acaso, "lo mata en casa, rodeada de los suyos", cuando se arranca a cantar o a tocar la guitarra, según contó Celia Flores. Y aunque "no es de dar consejos", sí se interesó por el disco con el que esta le homenajeó a finales del 2016 revisando parte de su discografía. Tan íntimo era el proyecto, que Pepa lo agradeció, sorpresivamente, subiendo a las tablas del Teatro Cervantes para cantar 'Tómbola' junto a su hija pequeña. Fue la última vez que rompió su invisibilidad buscada para reaparecer en público, y nada apunta a que ahora, con la gala de los Goya, vaya a repetir. Porque, como dijo en alguna ocasión: "Ahora hago lo que quiero hacer".